Escucha esta nota aquí

Marisol Sánchez conoce el significado de cada figura de las masitas típicas por el día de los difuntos. Ella es comerciante, ofrece tantawawas y dulces en la feria del mercado minorista La Ramada. Sin embargo, este fin de semana dejará por unas horas la venta para poner en práctica, por primera vez, las tradiciones rindiendo homenaje a su madre Victoria Medrano, quien falleció en diciembre del año pasado.

“Colocaré una gran mesa, con velas, flores y la comida que le gustaba a mi mamá, pero no la podré llevar al cementerio para distribuirlas entre los rezadores”, dice consciente de que este año las tradiciones por los difuntos también estarán afectadas por la pandemia de coronavirus.

Esta enfermedad, que aún no se logra superar en el país ni en el mundo, obligará a que los dolientes practiquen sus principales tradiciones en sus viviendas pues, por prevención, no se podrá llevar comidas a los cementerios, con lo que tampoco estarán permitidos los rezadores.

Además de las prohibiciones de cada año, como no ingresar bebidas alcohólicas ni conjuntos musicales, en esta ocasión también los funcionarios municipales controlan que las personas asistan con barbijo y cumplan con el distanciamiento social. En los ingresos de los cementerios igual hay personal de salud para la medición de la temperatura.

Tradiciones

Mariana Vara año a año cumplía con la tradición de esta época siguiendo la costumbre de su madre, Martha Cejas, para recordar a sus abuelitos.

Este año le tocará enfrentar esta época de forma diferente, pues recordará a quien le inculcó las tradiciones.

“Cada año, era mi madre Martha la que organizaba toda la conmemoración a su mamá Alejandra. Este año, por primera vez, con mis hermanas y mis tías, estaremos a cargo”, lamenta.

Mariana forma parte de una familia numerosa, tiene siete hermanos, quienes desde mediados de la semana pasada se organizaron para tener todo listo.

Decidieron acompañar las masitas con al menos tres comidas que saben de memoria que le gustaba a su familiar: picante, plato paceño y pescado.

La hermana de la fallecida también se llama Martha, ella agrega que igual tienen planificado hacer sus propias masitas para cumplir con todo lo que le gustaba a su familiar, aunque compartirán esta vez solo entre la familia.

El domingo todos acudieron al cementerio del Plan Tres Mil a dejar flores y luego asistieron a la iglesia.

Por otra parte, Yanet Vallejos junto a su hermana también alistaron la mesa para su padre, Diego Vallejos.

Es el primer año de la partida de su papá, así que señalan que pondrán la mesa completa.

“Hay que esperar este año, que es el primero, con todo lo que le gustaba a la persona, el siguiente año es poco menos, pero igual. El primer año debe ser más completo”, remarca Yanet mientras selecciona las masitas que coloca para recordar a su familiar que falleció hace solo meses, en mayo.

Esta costumbre es más arraigada en los primeros años el fallecimiento del familiar.

Por ejemplo, Sonia Ordóñez explica que los primeros años para recordar a sus hermanos colocaba una gran mesa, pero este año solo encenderá velas.

“Mis muertitos se fueron hace 20 años, otros ya hace 28 años. Los recuerdo todos los días, pero ya no práctico las mismas costumbres como al inicio”, reconoce.

Esta costumbre de colocar la mesa con tantawawas, que tienen la figura humana, se practica más en la parte del occidente del país. Sin embargo, también hay cientos de personas que la ponen en práctica en Santa Cruz.

Como todos los años, llegan los vendedores de masitas. Esta vez la feria tradicional se realiza en el mercado minorista La Ramada, donde los vendedores se quedan hasta hoy.

Hasta ahí llegó este viernes Olga Arispe, una cochabambina que hace años vive en Santa Cruz. Aunque por esta época viajará a su tierra natal para visitar el cementerio donde están los restos de sus padres: Leonardo Arispe y Serafina Ortega.

Olga decidió adelantar los compas de masitas en Santa Cruz. Aunque no sabe las normativas que le esperan en el vecino departamento, no dejará de lado las tradiciones que le inculcaron para esta época.

“La tradición es poner la mesa con todo lo que le gustaba a la persona que recordamos. Todos los años armamos en casa y luego lo hacemos rezar en el cementerio. No sé cómo será este año, pero tenemos planificado hacer lo mismo”, explica.

Otras costumbres

Cargando una corona de color negro y lila, Jesús Banegas, este viernes se alistaba para recordar a su madre, Feliz Ribera, y a su padre, Teófilo Banegas.

“Este año nada es normal ni en el país ni en el mundo. Se va hacer las tradiciones de esta época, pero todo ha cambiado por motivo de la pandemia. Hay que adaptarse”, reflexiona mientras agrega que solo tiene planificado ir a dejar las coronas y encender unas velas por sus seres queridos.

Pese al temor al contagio del Covid-19 irá a visitarlos al cementerio, pero se quedará poco tiempo.

Grupos de riesgo

En la capital cruceña no hay restricciones para que los niños y los de la tercera edad ingresen a los camposantos, pero todos deben cumplir con las medidas de bioseguridad.

El director municipal de cementerios, Ronald Romero, enfatizó que siempre y cuando ocupen barbijo, alcohol en gel y practiquen el distanciamiento social, pueden ingresar personas de todas las edades.

Aunque remarcó que para evitar riesgos se aconseja que los menores de edad y las personas mayores de 60 no asistan a estos espacios.

En otros departamentos del país, como en La Paz, está prohibido el ingreso de menores de 12 años a los camposantos para evitar exponerlos al contagio del coronavirus.

En otras zonas, como la urbe de Tarija incluso las autoridades decidieron prohibir el ingreso de todas las personas a los cementerios para disminuir el riesgo de un rebrote de la pandemia.

Controles

Desde la Alcaldía cruceña enfatizaron que se desplazará a guardias municipales y funcionarios de Espacios Públicos para evitar asentamientos de vendedores ambulantes en los alrededores de los principales cementerios de la capital cruceña.