Escucha esta nota aquí

Culpar a la pandemia de todos los males podría ser hasta una muestra de flojera mental. En el caso del turismo, y tras entrevistas con diversos actores, el descenso de las visitas, sobre todo en las áreas protegidas (AP), se hizo evidente que en general fue anterior a la irrupción del coronavirus. Lo que hizo la emergencia sanitaria fue dar la estocada final.

Los ambientalistas hablan de decadencia de las áreas protegidas, otros de falta de recursos, de amenazas, lo cierto que la situación no parece mejorar.
Natalia Calderón, directora ejecutiva de Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN), organización que coadministraba con el Servicio Nacional de Áreas
Protegidas (Sernap) el Parque Noel Kempff Mercado (NKM), dijo que entre 2006 y 2008 se dio el mejor momento del turismo en el NKM, ya que los ingresos de la actividad turística lograban cubrir los costos, porque antes de eso se trabajaba con déficit, que era asumido por FAN.

En esa época se registró un flujo aproximado de 200 visitantes al año, ya que el acceso no era el más sencillo, y que el promedio era de 50 visitas, generalmente de investigadores especializados. Hoy no va casi nadie. Es más,
de acuerdo a un reportaje anterior de EL DEBER, los pilotos evitan transportar pasajeros por allá porque son “molestados” por la Felcn, dicen.

 Paradójicamente, ese aislamiento cada vez mayor de la zona, hace que esta sea más conveniente para los ilícitos. Jorge Landívar fue director en cuatro parques nacionales, en NKM, Kaa Iya, Amboró y ANMI San Matías. Su reporte es que tanto en San Matías como en Noel Kempff Mercado, el grave problema es la presencia de fábricas de cristalización de cocaína, en el Amboró son las plantaciones de coca y la pasta base, y en Kaa Iya, que es un corredor del narcotráfico. En San Matías, antes era punto de cruce, pero ya después
los fabricantes se asentaron ahí.

Es tal la invasión del narco, que recuerda en el Amboró los traficantes los seguían, a él y los guardaparques, hasta con drones con visor. A eso hay que agregar otra mafia, la de traficantes de madera. Landívar recomendó reactivar
las visitas a la parte de El Tipnis y sus dramas Benigno Noza, presidente de la
subcentral Tipnis, actualmente en la undécima marcha indígena que viene de Beni, explicó que el Tipnis tiene muchos problemas, uno de los más graves es
la presencia de cocaleros
que han desmontado como mil hectáreas
para sus cultivos.

“Sobre todo en la parte del Polígono 7, donde están los colonos, no dejan entrar a cualquier comisión, son chapareños, pero además hay extranjeros, hay colombianos y peruanos, todos con recursos económicos y maquinaria,
están desmontando y siguen avanzando. El narcotráfico en el Tipnis está dañando bastante a los jóvenes mojeños, que se están poniendo contra los
viejos, quieren dedicarse a la coca”, lamentó.

Noza además cuestionó la carretera, que pasa por donde no hay más que dos comunidades originarias, “la carretera es para el narcotráfico y para colonizar,
nunca nos negamos a ella,
pero pedimos que pase por donde sí nos beneficie”, aludió.

Romer Piza, otro indígena de San Miguelito de Moxos, en San Ignacio de Moxos, zona aledaña al Tipnis, también dijo que los cocaleros están desmontando, ya fuera del territorio, como rebalse del Tipnis. “Incitan a los jóvenes de nuestras comunidades a meterse a trabajar con la coca, nos
están dejando sin monte,
sin qué pescar o cazar"

Encima, los incendios

Rubens Barbery, del Centro para la Participación y el Desarrollo
Humano Sostenible (Cepad), que organiza una serie de actividades turísticas en la Chiquitania, y que prepara para octubre el Festival de la Orquídea dijo
que, de acuerdo a un estudio propio, y tal como suponían, desde 2019, con los incendios, el turismo se redujo en un 50%.“Fue una caída inmediata y no tiene que ver con narcotráfico. Ni bien ocurrieron los incendios, cayó un 50%, medido en términos de ocupación de hoteles, restaurantes, etc., el turista como tal no iba porque muchas instituciones se trasladaban hasta el lugar, igual tenían que dormir y comer, ocupaban alojamiento y sector gastronómico”, explicó.

El segundo impacto duro para el sector, según el Cepad, fueron los conflictos sociales de 2019, el paro. Por último, la pandemia “terminó de rematar”, porque durante todo el año 2020 la actividad fue cero.

El estudio del Cepad, que además tiene un enfoque de género, encontró que el 85% del empleo generado por el turismo tradicionalmente beneficiaba a las mujeres, entonces la caída del sector tiene un impacto directo en la autonomía económica de la mujer.

Crisis en Madidi

Wilmar Janco es operador turístico en el Madidi y Rurrenabaque. Para él, la decadencia tuvo su punto de partida en 2014, cuando se empezó a pedir visa a los israelíes, que eran un importante grupo de turistas. Según Janco,
con esta medida, hubo un bajón del 30%.

En el caso del Madidi, uno de los puntos más megadiversos del mundo, Janco dijo que tuvo que suspender uno de los recorridos, quizás el mejor, el de Alto Madidi, para avistar jaguares, debido al peligro que significaban las actividades del narcotráfico para los turistas.

“Encontramos gente ligada al narcotráfico y no podíamos exponer a los turistas. Hace cinco años había 50% de posibilidad de ver jaguares, ahora, entre el narcotráfico, la cacería, etc., cada vez se
avistaban menos”, lamentó.

La peor parte está en Apolo y en la frontera con Perú, por la comunidad San Fermín. Ahora solo les queda la parte del río Tuichi, pero con el proyecto Chepete-Bala, Janco cree que cada vez se pone en mayor riesgo al turismo, que
protege la biodiversidad. “Nos arrinconan más y más. Todo ha empeorado desde que el área protegida empezó a tener menos recursos, los guardaparques no tienen ni para el combustible para patrullar”, dijo.

Para Janco, el turismo que viene a disfrutar biodiversidad, al encontrarse con narcos, cazadores y pescadores, deja de contemplar al Madidi como una alternativa.

Teodoro Mamani, director ejecutivo del Sernap, reconoció que el turismo en las AP fue bajando hasta un 12%, pero que en 2019 y en 2020 quedó en cero.
A la pregunta sobre si las AP están en decadencia, dijo que cuando empezó su gestión encontró campamentos completamente abandonados en la mayoría de las AP, pero dijo que está gestionando recursos.

Informó que, junto con el Viceministerio de Turismo en las AP, se lanzó a nivel nacional una campaña, entre el 27 de septiembre y el 3 de octubre, en las AP del Sernap solo se cobrará Bs 10 de entrada, para impulsar el turismo.Sobre los ilícitos, dijo que es algo que pasa en el Oriente boliviano, y que además las AP son inmensas y remotas, como San Matías, NKM, y que los guardaparques no son muchos. “Estamos viendo cómo fortalecer con la Policía, Fuerzas Armadas, cómo unirnos para enfrentar estas cosas”, aseguró.

Informe UNODC

La Oficina de las Naciones Unidas contra las Drogas y el Delito, en su monitoreo de cultivos de coca en el año de la pandemia, detalló un
punto sobre las áreas protegidas. Se detectaron seis afectadas por los cultivos de coca, no solo del Oriente boliviano. Figuran Apolobamba, Isiboro Sécure
(Tipnis), Carrasco, Cotapata, Amboró y Madidi.
Cuatro de las AP mostraron un incremento en las plantaciones.

“El Parque Nacional y ANMI Amboró, Carrasco, Apolobamba y Cotapata tienen un incremento de 118%, 87%, 23% y 17% respectivamente”, dice el informe. El
decremento de las otras dos es mínimo, un 4% en Isiboro Sécure y un 3% en Madidi.

En total, la suma de la superficie con cultivos de coca dentro de áreas protegidas, en 2020, muestra 44% de incremento respecto a 2019 y por segundo año consecutivo. La superficie de cultivos de coca dentro de áreas saneadas en
Tipnis y Carrasco, muestra que en Tipnis, el Polígono 7 alberga la mayor superficie cultivada, con casi 2.000 ha, y en Carrasco, 942.

Comentarios