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Último adiós a Nicolás, el sacerdote que enseñó al Plan 3.000 a soñar

Viernes, 21 de febrero de 2025 a las 03:24

Ayer fue velado todo el día en la iglesia chiquitana de El Mechero. La misa de cuerpo presente será oficiada hoy, a las 9:30, por monseñor René Leigue y los restos del religioso más querido de la ciudadela serán llevados a Memorial Park

Indescriptible. Así fue el adiós a Nicolás Castellanos Franco, el sacerdote que eligió la sencillez de su casa en la avenida Paurito, en el Plan 3.000, luego de renunciar al Obispado de Palencia, en su natal España.


Ayer, jueves 20, centenares de personas desfilaron frente a su féretro en la Iglesia del Mechero, para despedirse del hombre que cambió la vida de muchos bolivianos en sus más de 30 años de labor social en el país.


Modesta Cruz Blanco, portera del Colegio Luis Barrancos Álvarez, es una de las personas a quienes tocó la mística de este religioso.


Se disculpó por no encontrar las palabras adecuadas para expresar tanto sentimiento encontrado.
“No sé cómo será sin él, voy a extrañarlo mucho. Construyó el colegio, ayudaba mucho a la gente. Harto me ayudó, venía al colegio, me decía ‘cómo estás hija’. Me dio trabajo cuando yo vendía dulces afuera, me dio casa, vivo ahí con mi nieto. Lloro cuando me acuerdo de él”, dijo entre sollozos.

 Modesta Cruz portera del Colegio Luis Barrancos Álvarez


 

Otra de las vidas que tocó fue la de Natividad Peña, profesora de los niveles inicial y primario del Colegio Claudina Thévenet, en el Plan 3.000.


Conoció a Nicolás Castellanos desde que pisó Bolivia y trabajó con él por más de tres décadas. 
Recordó que su mayor sueño era brindar una educación de calidad, pero con calidez. “Decía que siempre veamos a los alumnos como personas, y que fuéramos más allá de las matemáticas y lenguaje, que eduquemos para la vida y el alma, porque él era un ejemplo de Jesús en la tierra”, dijo.


Para Natividad, la llegada de Nicolás salvó muchas vidas, con todas las oportunidades que brindó. Dijo que había gente perdida en el vicio, pero puso las escuelas de tiempo libre, los espacios de recreación, teatro, música, y logró recuperar a mucha gente. 


“Antes de él, veían al Plan 3.000 como basura, zona roja, pero él transformó la vida de mucha gente, dejó buenos profesionales, artistas, músicos. Hubo un cambio profundo, Nicolás es y será un referente en el Plan 3.000. Ojalá las personas que fuimos allegadas a él pudiéramos hacer aunque sea la milésima parte de lo que hizo en la ciudadela”, narró, y dijo que una de esas profesionales fue su hija, hoy bioquímica. “Han pasado cientos de becarios por Hombres Nuevos”, agregó.


Natividad cree que el andar de Nicolás era de esperanza y entusiasmo, “podía pasar horas escuchando sus testimonios de vida y sus consejos, y sus sueños, su utopía de que podíamos tener un mundo mejor”, se emocionó.


A Natividad también le cambió la vida, al enseñarle el compromiso con la educación de calidad. “No tengo palabras para agradecerle por tanto. Me he convertido en una buena maestra gracias a sus enseñanzas y a su apoyo moral, me decía que no me cansara ni decayera”, dijo con el corazón destrozado.


Recordó una frase del sacerdote. “Siempre decía ‘tengo que buscar inversión fuera, porque el propio boliviano no quiere invertir en su gente pobre’”.


Maitté Zamorano, ex futbolista formada por la obra de Nicolás Castellanos, es otra de las historias vivientes de su legado.


Lo conoció en medio del dolor, cuando tenía 19 años, y el sacerdote ofició la misa de cuerpo presente de su padre.


La invitó a formar parte de las becas porque vio su necesidad. Maitté entró al Proyecto Hombres Nuevos, estudió Actividad Física durante cinco años, y en el 2000 incursionó en atletismo. 
“Fui la mujer más rápida de Bolivia por nueve años y también jugaba fútbol. Destaqué en ambas disciplinas, representando a Bolivia, y en cada viaje el proyecto me apoyó económicamente, sobre todo monseñor”, contó. 


Después, gracias a ese respaldo, durante ocho años llevó adelante el proyecto de Escuelas Deportivas Hombres Nuevos, como coordinadora y entrenadora.


“Soy todo esto gracias a su apoyo. Me ayudó a cumplir muchos sueños. Vine a despedirme con un abrazo y beso a su ataúd y lloré al verlo”, se sinceró.

PARA SABER


HOMBRE SENCILLO
Desde que llegó a Bolivia vivió en una humilde casa en el Plan 3.000; rechazó el ofrecimiento de lo que él llamaba el palacio.


UNA OBRA INMENSA
La labor de Castellanos trasciende el Plan 3.000 y llega a todo el país, con 120 colegios, residencia, becas universitarias, actividades de tiempo libre para prevenir vicios y encaminar a los jóvenes en la Ciudad de la Alegría. Creía que sin corrupción podían hacerse muchas obras. 

 

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