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Lo que algunos llaman rutina, para ellos es montaña rusa.

Los médicos de la Unidad de Terapia Intensiva (UTI) del Hospital San Juan de Dios están acostumbrados a ver tragedias, pero también finales felices. Sin embargo, cuando parecía que nada podría sorprenderlos, atestiguaron un suceso asombroso.

Tras más de un mes internada, con intubación y luego traqueotomía, Beberly Quiroz Mansilla (28) sufrió un paro cardiaco. Para su bendición, el equipo médico estaba presente en ese momento, así que la reanimación cardiopulmonar (RCP) fue instantánea.

Aunque la literatura médica mande un máximo de media hora de reanimación, el equipo médico de la UTI Covid-19 persistió por una hora y 15 minutos, hasta que de pronto los signos vitales volvieron a dar señales en el monitor. “No sé si transmito la emoción que vivimos, haré el intento. Hemos vivido experiencias únicas, pero este caso nos alienta muchísimo. Insistimos en reanimarla porque presenciamos el momento del paro pero, además, como el esposo de Beberly trabaja ahí, estuvo presente”, contó Andrés Martínez, responsable de la UTI Covid-19.

Según Martínez, el intensivista Pablo Flores no cesó en la reanimación. “Habría que entrar en su cabeza y preguntarle qué pensó en toda esa hora. Hoy bromeamos con él porque, como va al gimnasio, tiene unos brazotes, así que le decimos ‘por fin diste uso a tus brazos’. Los que trabajamos en esto sabemos que dos minutos de reanimación dejan exhausto a cualquiera”, compartió.

Aldair Gross, esposo de Beberly, confiesa que lo vivido ha sido demasiado fuerte, porque mientras su padre estaba intubado, él casi se queda sin su esposa.

Dice que cuando a su esposa le dio el paro, él estaba cerca, y en medio de tanta desesperación, se puso de rodillas junto a la cama de Beberly, y llorando imploró a Dios que ella no se vaya.

Tuvieron que sacarlo de la UTI, porque al ver que ella no reaccionaba, quedó desconsolado. “Ahí afuera seguí orando y 20 minutos después salieron y me dijeron ‘su esposa salió del paro’. Fue tanta mi impresión que me perdí, me desorienté. El trabajo de los médicos es magnífico, ellos están felices por lo que pudieron lograr como seres humanos y yo me siento afortunado”, compartió Aldair.

Este caso lo van a recordar por muchos años, aseguró Martínez. Tanta fue la felicidad, que le dieron el alta de UTI con bombos, platillos y fotos.

El responsable de la UTI explicó que sacar a Beberly de ese trance fue posible gracias a que el paro sucedió cuando todo mundo estaba presente. “La mortalidad por paro es altísima, pero el equipo hizo un trabajo durísimo, y el cerebro no sufrió privación de oxígeno. La literatura médica dice que la persona máximo puede sufrir privación de oxígeno de cuatro minutos, si este tiempo de prolonga, hay daños neurológicos, y mientras más se tarde, peores serán las secuelas”, explicó.

En el Hospital San Juan de Dios no cuentan con los equipos para confirmar o descartar que existen daños neurológicos; sin embargo, Martínez dice que Beberly está muy bien desde que despertó.

“Lo aseguramos porque ella nos habla, recuerda todo, y si tuvo algún daño, comparado con la magnitud del evento, esta joven no tiene nada, a diferencia de cómo pudo quedar por el tiempo en que no reaccionaba”, dijo Martínez.

El intensivista cree que el paro se dio por un tromboembolismo pulmonar, que es un coágulo de sangre que impacta en algún lugar del pulmón, lo obstruye, e impide la ventilación, de tal modo que en cuestión de minutos entra en paro. “Nos inclinamos más por eso, porque el resto estaba bien”, aseveró.

Beberly ya dio negativo y pudo abrazar a su hija de siete años, pero a partir de ahora, a Aldair le toca pagar el montón de cuentas pendientes.

“Es un caso digno de ser considerado milagro”, compartió Pablo Flores, médico que la reanimó.

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