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Así como el negocio del narcotráfico en el mundo no tiene límites y vive cambiando sus formas para moverse sin ser detectado, lo mismo sucede en los reclusorios donde el polvo blanco, la hierba y otras tantas sustancias sintéticas para ‘volar’ convierten a asesinos en capos del microtráfico.

Un ejemplo de esta metamorfosis carcelaria es la que vivió Marvin Villarroel Ríos, un hombre de 36 años, que desde 2016 cumple condena por el feminicidio de su pareja y que hace algunas semanas recibió su quinta condena por haber sido descubierto, estando preso, en posesión de todo tipo de sustancias controladas.

Pero la historia de este hombre que tiene por oficio carcelario el microtráfico, comenzó un año después de que la justicia lo condenó por el crimen de su pareja.

Durante los primeros años, de los 30 que debe cumplir Marvin, él fue detenido en posesión de pequeñas cantidades de sobres con marihuana y cocaína, pero luego de aquella primera vez los policías ya sabían que en el cuarto de este recluso la droga era un elemento que no podía faltar.

De acuerdo con los informes de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico (Felcn) y el Ministerio Público, entre 2017 y 2020 Marvin fue procesado y condenado cuatro veces por el delito de suministro de sustancias controladas dentro del penal.

Sus condenas fueron de 8 años de prisión en cada uno de estos primeros cuatro casos, por lo que hasta el inicio de esta gestión este recluso, además de los 30 años que le impuso la justicia por feminicidio, ya había acumulado otras cuatro condenas por el delito de suministro de drogas, lo que equivale a decir que, si en el país hubiera sumatoria de condenas, Marvin solo podría dejar el penal una vez que cumpla 62 años de prisión por suministro y feminicidio.

Pero no conforme con este largo prontuario delictivo, dentro y fuera de la cárcel, Marvin, el 25 septiembre volvió a ser encontrado con droga en su cuarto.

Un operativo sorpresa de los policías dentro del PC-4 o régimen abierto, derivó en el hallazgo de 141 envoltorios con marihuana y en otro paquete, 123 gramos de la misma sustancia controlada.

Las otras cuatro condenas por suministro al parecer no provocaron nada en Marvin y esta vez el fiscal antinarcóticos, Roberto Méndez, lo procesó por tráfico de sustancias controladas y el 13 de noviembre de este año, luego de aceptar un procedimiento abreviado, aceptó ser condenado a 15 años de prisión.

Sumado a los 62 que ya tenía por suministro y feminicidio, en total Marvin debería cumplir 77 años de condena, aunque por las normas penales vigentes en el país solo debe cumplir los 30 años que recibió por el feminicidio.

Cuando la jueza cautelar, Marianela Salazar, estaba llevando adelante la audiencia para validar el acuerdo entre Marvin y la Fiscalía, la juzgadora se sorprendió con la actitud del recluso, que no se mostró arrepentido o apesadumbrado por la sentencia que recibiría, ya que cuando la juzgadora le preguntó si estaba de acuerdo en firmar el procedimiento él le contestó: “claro, porque no, si ya tengo una (condena) de 30 años”.

“La audiencia fue presencial y el interno acudió custodiado por policías. Estaba bien vestido, reflejaba tranquilidad y cuando escuchaba la sentencia de la jueza se reía”, dijo un policía que asistió al acto judicial.

La jueza quedó sorprendida por la actitud del reo. “No suele ocurrir, pues casi siempre cuando las personas escuchan una sentencia reflejan tristeza y la mayoría derrama lágrimas por la sanción impuesta”, comentó la juzgadora.

Cómo ingresaba la droga

Si bien los métodos, las formas y las maneras para escabullir los controles en el penal no fueron parte de las revelaciones que hizo Marvin al momento de aceptar su condena, lo que los investigadores de la Felcn confirmaron es que este ‘capo’ del microtráfico en Palmasola usó, casi siempre, a las mujeres como el estuche para mover la sustancia controlada.

Escondidas en las partes íntimas de las féminas que llegaban al penal para visitar al hombre que asesinó a su pareja, muchas veces la droga logró llegar a su destino y luego circuló por las calles y los pasillos de régimen abierto, como lo demostró las veces que le confiscaron a Marvin sobres y envoltorios con marihuana y cocaína.

Pero el método que usaba este recluso no era exclusividad de él, ya que otros internos que tienen por negocio la venta de sustancias controladas, también se valen de las féminas para que traten de burlar el escáner que hay en el ingreso a la cárcel y pasen desapercibidas para el ojo de los agentes que custodian el penal.

Los investigadores antinarcóticos insisten en que los traficantes usan mujeres para intentar ingresar la droga a los penales, aunque aún se continúa encontrando gente que esconde cocaína, marihuana o tabletas sicotrópicas, en calzados, ropa, muebles, papel higiénico, bebidas y en todo tipo de alimentos.

Las formas son cada vez más desafiantes, pero la sorpresa o el engaño siguen siendo el arma que los narcos tienen para meter la sustancia controlada a Palmasola, donde un video al que tuvo acceso EL DEBER tiempo atrás, mostraba como por las noches, en la zona conocida como ‘la curva’, en el régimen abierto, los presos ofrecían marihuana, cocaína y hasta bolo mezclado con pasta base, a gritos, como si se tratara de un mercado cualquiera.

Las autoridades buscan generar acciones para que detengan el ingreso de drogas en el penal y así evitar que más reos sigan los pasos de Marvin, el recluso que desde 2017 acumuló cinco condenas por vender droga en Palmasola.