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Fernando Soria

A fines de septiembre un vecino de un barrio fuera del octavo anillo de la ciudad, mandó a su hijo, de 10 años, acompañado de su primo de ocho, a comprar pan a una venta cerca de su casa.

Cuando retornaban, los menores fueron abordados por dos antisociales que les quitaron un teléfono celular; los niños gritaron pidiendo auxilio y un vecino que los escuchó hizo sonar la alarma municipal instalada en un poste de alumbrado público.

En 2017, el plan de alarmas vecinales municipales empezó bien, con un relevamiento de datos para identificar las 100 zonas más inseguras de la ciudad; luego se realizaron las capacitaciones a los vecinos sobre el uso de los artefactos y en 2018 se instaló un centenar de alarmas con una inversión de Bs 1 millón.

En el primer semestre de ese año, según el Observatorio de Seguridad Ciudadana de la Alcaldía, se tuvo 129 eventos (activaciones de las alarmas por los vecinos) y en el 30% de los casos se requirió la presencia policial. Sin embargo, antes de que termine la gestión 2018, el Observatorio fue cerrado por la municipalidad y no se conocen más datos que evalúen el funcionamiento y midan la efectividad de las alarmas.

A un año y medio de la puesta en marcha, el proyecto funciona, aunque no como estaba planificado en un principio, pues la funcionalidad se da en cuanto a que los vecinos pueden activar los artefactos para hacerlos sonar, pero existen algunas zonas donde falta coordinación con la Policía, y en aquellos lugares donde sí la hay, esto se debe a otras iniciativas y no a que se siga los protocolos del proyecto de alarmas municipales.

El comandante de la Policía, Igor Echegaray, señaló que el proyecto de alarmas no siguió con los pasos que seguían a la instalación, que eran coordinar con la Policía que tiene su programa de Escuelas de Seguridad Ciudadana con los vecinos y también articular las alarmas al centro de monitoreo de la Policía para que se les dé una respuesta inmediata cuando hagan funcionar los dispositivos. “Ninguna de las 100 alarmas municipales está integrada a la Policía”, afirmó.

En este panorama, uno de los impulsores del proyecto, Guillermo Dávalos, que dirigió el Observatorio de Seguridad cerrado por la Alcaldía, señala que se puede decir que las alarmas municipales “suenan”, pero “no funcionan”, al menos, no como estaba planificado, puesto que la fortaleza de este proyecto es la organización de los vecinos y es precisamente esa parte la que no se realizó, se hizo con falencias o no se llegó a concretar en todos los barrios.

EL DEBER solicitó a la Dircom de la Alcaldía y a la secretaría de Seguridad Ciudadana un vocero para hacer consultas al respecto, pero hasta el cierre de esta edición, la petición no fue atendida.

 La situación en los barrios

Volviendo al evento registrado en un barrio de la periferia, los gritos de dos niños pidiendo auxilio y la activación de la alarma hizo que los vecinos se aglomeraran en el lugar y persiguieran a los dos malvivientes.

Hasta ese punto se puede decir que la alarma cumplió su función, pero lo que siguió después demuestra la falla que tiene el proyecto en determinadas zonas.

Los vecinos lograron capturar a uno de los asaltantes y lo golpearon. Llamaron a la Policía, pero no hubo la respuesta inmediata que tenían hasta el año pasado. ¿Por qué pasó esto?

El proyecto de alarmas municipales contemplaba que además de la capacitación de los vecinos en el uso técnico de las alarmas, debían tener otra instrucción sobre seguridad ciudadana con la Policía, para saber cuándo, cómo y en qué casos intervenir cuando se produzcan hechos delincuenciales, tanto para no ponerse en riesgo, como para no incurrir en delitos al momento de intervenir. Por ejemplo, no golpear a los delincuentes, pues se corre el riesgo de incurrir en diferentes delitos.

En el barrio donde capturaron a uno de los delincuentes que asaltó a dos niños, no hubo esa última capacitación, contó un vecino que pidió reservar su identidad.

Similar situación acontece en el barrio San José Obrero, señaló la vecina Deisy Zeballos. Ella indicó que usan la alarma para disuadir a los jovenzuelos que se juntan en una plazuela a altas horas de la noche, pero también señala que no tuvieron capacitación con la Policía y que no existe una coordinación con esa institución.

En los casos de la zona del Plan Tres Mil y Los Lotes, las alarmas, además de funcionar técnicamente, tienen una respuesta inmediata de la Policía, pero no gracias al proyecto de las alarmas en sí, sino a la organización que se ha dado de los vecinos en el denominado Plan Cuadrantes. Así lo comentó Grover Espinoza, del barrio Cupesí Terrado, quien destaca el poder disuasivo de las alarmas sobre todo frente a los ‘juntes’ de pandilleros en áreas verdes. “Si bien el cambio de comandante nos trajo un ‘bache’ en la coordinación con la Policía, nuestro contacto más directo son los agentes designados a nuestro cuadrante”, dice.

Similar experiencia cuenta Ana Egüez, del barrio San Pedro del Palmar, quien indica que aún no tuvieron capacitación con la Policía, pero que la reciente implementación del Plan Cuadrantes, con coordinaciones a través de grupos de WhatsApp ha permitido llenar ese ‘bache’.

En la Pampa de la Isla sucede una situación particular. En esa población de 400.000 habitantes solo hay dos barrios con alarmas: Los Claveles y El Arado. En este distrito, según vecinos, la coordinación con la Policía se da a través de la Coordinadora de Juntas Vecinales que alberga a todos los presidentes de estos entes, cuya organización, independientemente de los cambios de comandantes policiales de la zona, tienen contacto con la EPI de la zona y su nivel de organización les permite recibir respuesta pronta a sus demandas.

Percy Flores, presidente del barrio Los Claveles, señala que las alarmas tienen un poder disuasivo especialmente contra las pandillas y que su utilidad se da sobre todo los fines de semana, días en que se las hace sonar para que los pandilleros se dispersen.

SE DEBEN ENLAZAR AL SISTEMA DE LA POLICÍA Y COORDINAR ACCIONES ENTRE LAS DOS INSTITUCIONES

Dos jefes policiales consultados por EL DEBER respecto a la utilidad y efectividad de las alarmas, coincidieron en señalar que el principal problema es que estos dispositivos no están integrados al sistema de monitoreo de la Policía.

“No pueden funcionar por su lado, sin coordinación con la institución policial, porque de otra forma no cumplen su función integral. La capacitación no es solo enseñar a los vecinos a encender y apagar las alarmas, sino a organizarse y trabajar conjuntamente con la Policía”, indicó uno de los jefes consultados.

Entre las observaciones de los vecinos a esto, está que los cambios de comandantes en las Estaciones Policiales Integrales (EPI), generan muchas veces una falta de continuidad en la coordinación.

Un exfuncionario municipal que conoce sobre el tema manifestó que esta situación se debe a que el proyecto fue ‘cortado’ en su fase final, porque se debía articular las alarmas con la Policía además de que no se capacitó a todos los vecinos respecto a la articulación de acciones con la institución verde olivo.

Según la concepción del proyecto de alarmas, éste no solo debía servir para acciones contra hechos delictivos sino todo tipo de emergencia en los barrios, como incendios, accidentes y otros hechos especiales.