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Los restos de José David Candia, voluntario del Gacip, que murió acribillado este martes en un patrullaje en la zona El Cuchi (Porongo), son velados en el domicilio de un amigo, ubicado en el sexto anillo y avenida 2 de Agosto, mientras que en el Complejo Policial se encuentran los cuerpos de los sargentos Alfonso Chávez y Eustaquio Olano, quienes también perdieron la vida  baleados por sujetos, todavía no identificados, a bordo de una camioneta Toyota. ​

Líder Candia, papá del voluntario de 27 años, contó que su hijo tuvo seis impactos de bala, dos de ellos en la cabeza, y que hasta las primeras horas de esta mañana ninguna autoridad policial los había buscado para darle una información sobre lo ocurrido. 

Según el reporte de la red Unitel, la mamá de David Candia, que es una persona de la tercera edad, se enteró del asesinato de su hijo este miércoles. La noticia la afectó tanto que tuvo que ser asistida.

La familia comentó que David solo trabajaba los fines de semana, pero que lo llamaron por el feriado para patrullar en Porongo. No recibía sueldo, tampoco bono de transporte, carecía de arma de fuego y tampoco tenía chaleco antibalas. Hace cuatro años era voluntario de apoyo en el Gacip.






David era padre de una niña de casi dos años. La esposa de la víctima comentó que a David lo llamaron para apoyar en el patrullaje durante el feriado. “Dijo que volvería a la medianoche porque a esa hora terminaba su turno. Me enteré de la noticia de su muerte por internet”, explicó en un breve contacto con los medios de comunicación.



Los restos del sargento Alfonso Chávez Flores, de La Paz, son velado en el complejo Policial de la avenida Paraguá / Foto: APG

Lo mandé sanito y volvió en un cajón. Pido que se esclarezca porque no sé nada”, manifestó Liliana Sánchez, esposa del sargento Alfonso Chávez Flores, uno de los tres policías abatidos en la zona del Urubó. La viuda cuenta que aproximadamente a las 13:00 aún se comunicó con su esposo, donde ambos se preguntaron e informaron que se encontraban bien, pero él aguardaba llegar al día siguiente a su hogar para llevarla al hospital porque ella se encuentra delicada de salud; sin embargo, el plan se frustró porque tres horas después de su último contacto, el efectivo policial fue baleado junto a sus otros camaradas.


Liliana recuerda que otro policía la llamó para darle la noticia, pero no lo creía, al llamarlo y no recibir respuestas se trasladó hasta la morgue de la Pampa de la Isla, donde finalmente corroboró que el padre de sus cuatro hijos era uno de los tres policías abatidos a tiros. “Pensé que estaba en el hospital. A las una de la tarde hablé con él y le pregunté si había almorzado, me dijo que estaba bien y que mañana (por hoy) me iba a llevar al hospital. Eso es lo último que supe”, decía llorando desconsolada. El sargento nació en La Paz, egresó de la Policía en 2006, deja en la orfandad a cuatro hijos, el mayor de 12 y los otros de 10, 5 y 3 años.

Por el momento, la Policía se encuentra movilizada en busca de la vagoneta Toyota Ipsum, manejada por los autores del triple crimen, que se dieron a la fuga tras cometer el hecho.





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