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“Varias personas en la cuadra comentan que la noche del atraco escucharon gritos de una persona pidiendo auxilio, pero nadie se animaba a salir por temor a lo que podía pasar”, comentó la trabajadora de hogar de una vivienda de la calle Caigua, del barrio Urbarí, ubicada frente a donde mataron al enfermero Mario Barja, después de atracarlo.

Un guardia de seguridad de esa calle, que tiene su caseta a una cuadra y media, señala que la zona es así, cada vecino está encerrado en su casa y no se entera de lo que pasa en la calle. 

Sin embargo, ante el requerimiento de los investigadores, vecinos colaboraron con las imágenes de las cámaras de seguridad que, según la fiscal Yolanda Aguilera, se están analizando para tratar de encontrar algún elemento que permita identificar a los malhechores. 

Es así que el hecho de sangre, pese a ser inusitado en la zona, no ha movilizado a los vecinos para denunciar inseguridad como suele ocurrir en otras zonas. Es más, muchos ni se han enterado del suceso, como se corroboró consultando en una empresa y un par de casas en la cuadra donde ocurrió el hecho. 

José Luis Barja, hermano de la víctima, quien fue sepultada ayer, pidió a la justicia que dé con los asesinos de Mario, a quien consideraba un padre. 

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