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Los robos estaban empezando a ser frecuentes en la calle 8 del barrio Román Valencia, en el octavo anillo entre las avenidas Alemania y 2 de Agosto. La astucia de los ladrones había sorprendido a los vecinos, ya que en uno de los casos los delincuentes usaron la vestimenta (camisa y corbata) y el vehículo similares a los que tiene el dueño del inmueble al que ingresaron sin levantar sospechas.

Esa historia, más allá de lo anecdótico, llamó a la reflexión a los vecinos, que, tras leer en EL DEBER iniciativas barriales de seguridad ciudadana decidieron instalar un sistema de vigilancia en su calle y, para ello, determinaron organizar viernes de k’jaras (plato vallegrandino elaborado con carne de cerdo a la parrilla) para recaudar fondos y luego ver en qué los podrían utilizar.

Franklin León contó que la venta de las k’jaras, más allá de permitirles recaudar fondos, les ayudó a confraternizar como vecinos, conocerse y hacerse más amigos algo que, los especialistas en cultura ciudadana, consideran esencial para generar seguridad vecinal.

Por ello, ahora, después de haber conseguido los fondos para la compra de las cámaras de vigilancia, los viernes de k’jaras de la calle 8 del barrio Román Valencia, continúan, porque se ha hecho una costumbre, les permite seguir unidos para protegerse unos a otros y ya se trazan nuevas metas para su sistema de seguridad.

Un robo con ‘puesta en escena’

Doña Susana Valdez atiende su pequeña pulpería y es una de las pocas personas que está durante el día en su casa en la calle 8. Ella comenta que el año pasado hubo robos en por lo menos tres casas, porque los malhechores aprovechan que de día los vecinos trabajan y no queda nadie.

Pero lo que causó alarma entre los vecinos fue un hecho suscitado a mediados del año pasado, un robo que los sorprendió por la ‘producción’ y la ‘puesta en escena’ que montaron los ladrones.

Las víctimas fueron los miembros de una familia cristiana cuyo jefe de familia asistía a la iglesia vestido con camisa y corbata, bien peinado y en su auto color gris.

El feriado del 21 de junio del año pasado, Ángel Ortiz salió de su casa y, cuando retornó, se encontró con que sus pertenencias habían sido robadas, electrodomésticos, computadoras, ropa, dinero, joyas y todo objeto de valor.

Preguntó a algunos vecinos y lo que ellos le dijeron lo sorprendió, pues habían visto a alguien de camisa y corbata, bien peinado y en un auto color gris. Todos creyeron que quien cargaba las cosas era el dueño de casa.

Esa situación, anecdótica, les reveló algo que ellos ya sabían, los vecinos de la calle 8 del barrio Román Valencia no se conocían.

“Es más, algunos se veían pero ni se saludaban”, señala Franklin León, otro de los vivientes en el lugar. Ese robo provocó en los vecinos algo que fue más allá del asombro que les había dejado la ‘creatividad’ con la que actuaron los cacos. “Nos asustó y decidimos que teníamos que organizarnos”, cuenta León.

Unidos por las k’jaras

Desde hace un par de años atrás, algunos vecinos intercambiaban números de celular y se encargaban el cuidado de sus casas cuando salían, pero no lo hacían de forma organizada ni coordinada.

Sin embargo, después del robo a la casa de Ángel Ortiz y de que otras dos casas de la calle fueran ‘vaciadas’, la situación cambió.

Leyeron ideas en EL DEBER

En septiembre del año pasado decidieron organizarse. León afirma que habían leído notas en EL DEBER sobre la importancia de la organización vecinal para protegerse. Esa es la idea que propugna Rubén Rocha, un voluntario que instaló un sistema de pitos y alarmas en el barrio Guaracal, pero cuya esencia es la organización y la convivencia vecinal.

“Si no hay unión entre los vecinos, las alarmas, las cámaras o cualquier otro dispositivo, no sirven de nada”, afirma Rocha, que ha llevado su sistema a más de 30 barrios cruceños y a los municipios de Montero y San Javier.

La misma posición ha afirmado Guillermo Dávalos, impulsor del primer estudio de seguridad ciudadana y del Observatorio Municipal de Seguridad Ciudadana que fue cerrado en 2018.

Los vecinos del barrio Román Valencia también observaron otras iniciativas, como las del barrio El Vallecito, que tiene en sus cuatro calles y en todas, los vecinos, han optado por colocar cámaras de seguridad y un centro de vigilancia con un centro de monitoreo.

Fue entonces que decidieron combinar ambas, empezando por la compra de un sistema de seguridad que consiste en 12 cámaras de seguridad a lo largo de la calle que abarca unos 300 metros.

“Ahora nuestra iniciativa está contagiando a las calles 9 y 10 de nuestro barrio”, dice León.

Vigilancia en tiempo real

Con un alcance de hasta 50 metros y con más de 100 metros para visualizar cualquier movimiento, las cámaras adquiridas por la calle 8, han sido instaladas en una primera fase en un bloque. La ventaja, señalan, es que los vecinos pueden monitorear en tiempo real las 12 cámaras desde sus teléfonos celulares y donde estén.

Además, tienen grupos de WhatsApp para comunicarse entre ellos y con la Policía.

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