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Justo al frente del Obelisco del Plan Tres Mil se instalaron carpas y se extiende una feria con al menos 150 comerciantes. Están en la acera de las avenidas 18 de Marzo y la Campana; venden a diario, desde poco después del inicio de la cuarentena, incluso sobrepasando el horario permitido para circular por la pandemia.

Los comerciantes, aunque en medio de susceptibilidad por controles, se esparcen no solo en esta zona que meses atrás logró ser despejada por completo, sino que también siguen ocupando parte de la avenida El Mechero, un área en constante disputa con los gendarmes municipales.

De sur a norte, en esta avenida, solo puede circular una fila de vehículos a la vez, pues la otra mitad de la vía es ocupada por los gremialistas.

En la zona, la distancia entre un vendedor y otro es reducida. Entre ellos, los compradores, que no son pocos un viernes alrededor de las 10:00 de la mañana, se dan modos para circular. ¿Usan barbijo? Solo algunos ¿Hay distanciamiento social? Definitivamente, no.

Horas más tarde, cuando ya queda poca luz natural, en la calle Amboró del antiguo mercado La Ramada, la situación se repite. Uno tras otro los vendedores esparcen sus productos sobre carpas. Los gritos de algunos que ofertan sus productos se mezclan con el ruido de las movilidades que aprovechan las últimas horas permitidas para circular.

Durante la pandemia es innegable el aumento de vendedores en las calles y otros espacios públicos. En los antiguos mercados Abasto, La Ramada y en la zona del Plan Tres Mil, tres de las cuatro grandes zonas que fueron bandera de las autoridades municipales cuando hablaban del ordenamiento de los mercados, en estos meses se volvieron a llenar de vendedores.

A esto se suman otras zonas donde se expandió el comercio informal que sobrepasa el control municipal, cuyos gendarmes no abastecen frente a la cantidad de vendedores.

 Puntos críticos

La Alcaldía identificó más de 30 puntos críticos en distintas zonas de la ciudad en esta época de pandemia. Estos están distribuidos alrededor de mercados y en espacios públicos.

En el primer caso se trata de los alrededores de la Feria Barrio Lindo, Las Pampitas (D-6), Los Pozos céntrico, Mutualista, Alto San Pedro, minorista La Ramada, Virgen de Luján próximo al Bateón, Santa Cruz Sur (D-9), 2 de Agosto (D-5), Nueva Esperanza (D-6) y Fortaleza (D-12), además de las antiguas zonas de los tres grandes mercados trasladados.

En el otro grupo están calles aledañas a la plaza principal de la Villa Primero de Mayo, la refinería de Palmasola, La Cuchilla, la avenida Grigotá, calle Isabel La Católica, zona Guapurú 1 y 2 (D-8), ElGallito (D-8), Paurito, Montero Hoyos, km6 de la Doble Vía La Guardia, Palmira (D-12), El Dorado (D-6), 1ro de Marzo (D-12) y octavo anillo de la Santos Dumont, entre otras.





Retorna el caos

“Tengo puesto en el nuevo mercado del Plan, pero allá ya no hay ventas, por eso vengo aquí hasta el mediodía. Ya no hay dinero, pero ¿qué quiere?, no nos molesten o voy a llorar”, dice una comerciante, entre tímida y angustiada, mientras esparce unos zapatos sobre una carpa en la acera de la avenida El Mechero.

Mientras, en el otro extremo de la rotonda, en la avenida 18 de Marzo, un joven sin barbijo acomoda un pantalón que es parte de la mercadería que oferta. A menos de un metro, otro con el barbijo en el cuello sirve refresco a un comprador que igualmente está sin barbijo. En la zona, las medidas de bioseguridad son escasas.

Más cerca al centro de la ciudad, en la antigua La Ramada, el caos reina en las calles. Una vecina, Felicia Carrizales, minutos después de pasar por la calle Amboró, describe la situación: “La antigua La Ramada es tierra de nadie. No hay espacio ni para pasar por la calle. Todo lleno de vendedores con barbijo en el cuello”.

La afirmación no está lejos de la realidad. Las calles Amboró y Muchirí son ocupadas por decenas de comerciantes que se asientan en ambos lados de la calle. Otros deambulan ofertando principalmente barbijos y comida.

El concejal y también dirigente gremial Jesús Cahuana lamenta que, pese a que está prohibido, se siguen asentando en las calles. “Hay un desborde de la gente en las calles en esta época. Lastimosamente no están haciendo los controles de los espacios recuperados. Es una realidad”, indicó.

Otra zona caótica es por el mercado Santa Cruz, en el camellón, donde por meses había más de 150 vendedores clandestinos ya instalados con puestos de madera. La última semana de agosto la Alcaldía los desalojó y aún está en alerta por si retornan.

En Los Lotes, en los alrededores del mercado Fortaleza, el dirigente Rodolfo Ochoa denunció que los propietarios de los mercados móviles desde hace semanas ya se asentaron en las aceras. “Se los dejó por unas semanas vender con los mercados móviles, pero esa gente ya no deja de ser comerciante”, dijo.

Para el presidente del Centro de Operaciones de Emergencia Municipal (COED), Emiliano Cronenbold no hay que olvidar que atrás de estos asentamientos en esta época hay un problema económico profundo, pues la cuarentena agudizó la crisis.

“Antes que no había pandemia era difícil controlarlos, peor ahora. Hay gente que le perdió el miedo a la enfermedad y salen a la calle. Todos los días hay pelea con los gendarmes. Hay dificultad en todos lados”, reconoce.

En la avenida principal de ingreso a Los Chacos hay un pequeño mercado que funciona hace más de dos años, Nueva Esperanza, y en sus alrededores hay decenas de comerciantes. En otras épocas solo había feria en las calles los viernes, pero desde que empezó la cuarentena la venta en espacio público fue diaria.

Una vecina del barrio Bolínter, donde está ubicado el mercado, Karen Herrera, cuenta cómo poco a poco los vendedores se fueron asentando en las aceras.

“Durante la cuarentena mi vecina me pidió espacio (en la acera). Le cedí, (pero) cuando acordé ya había como 15 venteros que peleaban entre ellos por espacio. Por eso les pedí que se buscarán otro lugar”, recordó.

El jefe municipal de fiscalización de Espacio Público, Alan Terrazas, indicó que ya notificaron a los comerciantes de los más de 30 puntos críticos e incluso en algunas zonas ya se intervino y se dejó un punto fijo de control.