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El médico general Williams Salazar, de 37 años, ha sido testigo, desde el inicio de la pandemia en Beni, cómo el coronavirus ha diezmado y sigue diezmando la nómina del personal sanitario del hospital Presidente Germán Busch de Trinidad. Es el centro de referencia beniano para pacientes con Covid-19, que libra una batalla desigual contra la enfermedad por la falta de equipos y de recursos humanos.

Salazar ha visto caer uno a uno a sus colegas, mujeres y hombres, desde la llegada del primer paciente al recinto: El 20 de abril y, desde entonces, no ha tenido descanso y más bien, en poco tiempo, se ha convertido en jefe, no por sus méritos -los tiene de sobra- sino porque el implacable virus ha dado de baja a varios de sus superiores: Al Dr. Víctor Vaca, director del nosocomio; al Dr. Juan Velasco, jefe de Emergencia; al Dr. Gonzalo Cepeda, jefe de Medicina Interna y al Dr. Jesús Terrazas, jefe de la Unidad de Terapia Intensiva.

En el inicio, la sala de Emergencia tenía ocho médicos generales, tres médicos internistas y dos emergenciólogos. A los días, cuatro médicos generales dieron positivo para Covid-19, al igual que un internista y un emergenciólogo. Quedaron siete en pie. El equipo se recompuso con la contratación de dos médicos generales, número que sigue siendo insuficiente.

De las 20 enfermeras que iniciaron la brega, nueve se aislaron por contacto. De las nueve, cinco dieron positivo. Quedaron 11 y, posteriormente, se sumaron otras. Ahora, son 17, de las cuales solo cuatro son antiguas, lo que significa que las que llegaron, combaten la enfermedad con poca experiencia.

Ahora, el galeno Salazar se ha convertido en uno de los pilares del centro. Es el encargado del Servicio de Emergencia, sala que, a su mando, se ha transformado en la unidad de choque de la enfermedad, con nueve médicos que están dando batalla, varios de los cuales trabajan cansados, con síntomas y esperando el resultado de las pruebas que se han tomado porque sospechan haber contraído el mal.

 “Queremos reflejar la verdadera problemática que se está viviendo en el servicio de Emergencia, desde el momento más crítico que tuvo Trinidad, cuando explotaron los casos y nadie sabía qué hacer. Fuimos quienes pusimos el pecho a la situación. Armamos siete ventiladores en la Emergencia y tuvimos que trabajar con personal que no estaba acostumbrado al manejo de estas máquinas. Esos equipos lo tienen que manejar entendidos en terapia, pero pese a todo, el personal de enfermería y médicos supieron salir adelante y sobrellevar la situación en el momento más difícil”, declaró Salazar.

Pero la enfermedad no da tregua, ataca a la gente en la ciudad y sigue arremetiendo contra el personal de salud. En esta semana, tres salubristas dieron positivo, lo que resta la capacidad de atención para los pacientes de las 11 camas que hay en el recinto Covid-19.

“Cuatro de esas camas cuentan con ventilador mecánico, que tienen que ser atendidas por un médico y dos enfermeras en turnos de 24 horas y algunos, en turnos de 48 horas. Es muy difícil manejar la situación. Los pocos que quedamos en pie, ya estamos con algunos síntomas. Estamos trabajando a media máquina, porque nos sentimos cansados. Hay otros esperando el resultado de sus pruebas, y si salen positivos esta semana, serán otras bajas en el servicio”, lamentó Williams.

Llegaron equipos, no así personal médico

La ministra interina de Salud, Eidy Roca, informó el sábado que esa cartera de Estado envió equipamiento médico, especialistas, insumos, ítems y medicamentos al departamento del Beni para fortalecer el sistema de salud de esa región.

Lo propio dijo el ministro de la Presidencia, Yerko Núñez, a su llegada el mismo día a Trinidad. “Estamos trayendo unidades de terapias intensivas completas (11), medicamentos, pruebas para saber si uno tiene Covid-19, especialistas médicos que van a reforzar el trabajo en el departamento. En pocos minutos partiremos a Guayará y Riberalta”, declaró la noche del sábado “para entregar equipos, ítems de especialistas, de médicos generales, de enfermeras, de bioquímicas, que es lo que se está necesitando”, agregó.

Salazar, confirmó que el hospital Germán Busch recibió siete equipos de terapia intensiva, pero no vio a ningún personal médico que se haya incorporado al nosocomio. “Nosotros estamos trabajando solo con nueve médicos de emergencia. Que nos llegara cinco, sería una maravilla, hasta podemos habilitar más maquinas”, señaló el jefe de Emergencia.

No se hallan médicos dispuestos a arriesgarse

La Gobernación dio presupuesto para contratar gente y el Ministerio de Salud también emitió una resolución que autoriza la realización de doble turno para el personal y así ganar doble sueldo, pero, según Salazar, no hay gente que quiera trabajar, porque saben que es un servicio de choque, donde los pacientes llegan a conectarse a una máquina o a morir.

“Son muy pocos los médicos que quieren trabajar y también son pocos los médicos que quedan en Trinidad. Y los que están en la primera línea, están cansados y con síntomas. Apenas pueden terminar un turno y, difícilmente, podrán con un segundo turno por ganar un poco más de dinero”, aseguró Salazar.

Los médicos ASO pueden aliviar

Virgilio Prieto, jefe de la Unidad de Epidemiología del Ministerio de Salud, dijo el sábado a EL DEBER que se estaba haciendo la convocatoria de, al menos, 60 profesionales especializados para asistir adecuadamente a Beni.

“Son los que han terminado la residencia y les toca hacer su año de provincia. Espero poder contar con ellos para el lunes. Tiene que haber una capacitación y hasta máximo el martes tendrían que estar allá”, declaró Prieto.

Los médicos que menciona Prieto son los conocidos como ASO (Año de Servicio Obligatorio (ASO), que se forman en alguna especialidad y deben prestar sus servicios en el área rural.

Williams Salazar califica de excelente la idea de llevar a Beni a los médicos ASO, pero se muestra un tanto pesimista y no dirá nada hasta verlos llegar. “No podemos seguir con la misma gente hasta que caigamos y no demos más. Sería excelente que nos manden los ASOS, que han terminado su especialidad. Deberían ver cuántos internistas, intensivistas, emergenciólogos, anestesiólogos, etc., hay disponibles para mandar a Beni”, indicó Salazar.

El médico refirió que Trinidad necesita, al menos, cuatro médicos intensivistas; Riberalta y Guayaramerín, dos profesionales cada uno. Considera que en los hospitales del Covid-19, de estas tres ciudades se requieren de a cinco médicos internistas cada uno.

La realidad en los barrios de Trinidad

Beni es uno de los departamentos más golpeados por la pandemia del Covid-19 en el país y el que más dificultades atraviesa a raíz de que sus hospitales han colapsado por el desborde de pacientes con coronavirus y porque el personal de salud ha sido diezmado por la enfermedad.

Hasta ayer sábado, el departamento oriental tenía 1.097 casos confirmados, 555 descartados, 256 casos por confirmar o descartar, cuatro pacientes recuperados y 67 personas fallecidas.

El médico Salazar considera que los datos que refleja el Sedes son parciales, pues revelan solo los números de las personas que han logrado hacerse la prueba, a la cual es difícil de acceder, incluso para el mismo personal de salud.

“Nos reflejan más de mil casos, pero si uno va a los barrios y visita casa por casa, les aseguro que, de cada 10 casas, por lo menos en seis viviendas hay gente con todos los síntomas. Se están haciendo el tratamiento casero y no acuden al hospital ni a los centros de salud porque están colapsados. Para una población de 130.000 habitantes, tener un hospital Covid con 11 camas en emergencia, siete camas en terapia y 30 camas en medicina interna, es totalmente insuficiente, sin reparar en el detalle de la falta de personal”, sostuvo Salazar.

Este joven médico, que hasta el momento ha logrado hacer lance al coronavirus, no piensa en tirar la toalla, pero espera que el auxilio adecuado llegue pronto. Entretanto, al cabo de más de 12 horas de trabajo intenso, retorna todos los días a su casa, para revitalizarse con el cariño de su esposa y de sus dos hijos pequeños.

Confiesa que a diario cumple un tedioso ritual de quitarse el traje de bioseguridad en el hospital; luego, en su domicilio, en un ambiente aislado de sus seres queridos, hace lo propio con su ropa, se somete a una desinfección corporal completa y reza, con la esperanza de que, con ese protocolo, el virus desaparezca para no contagiar a los suyos.