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Hablar de banda en estos tiempos es hablar de Milenium, una de las agrupaciones más solicitadas al momento de armar el buri en cumpleaños, matrimonios y cualquier celebración que amerite poner a bailar a los invitados al ritmo de la música oriental o cualquier tema de moda.

Responsable de la popularidad de la banda es Wilman Quiroga, el director e impulsor de los diversos proyectos en los que han incursando los músicos a lo largo de 20 años, en los que el éxito los ha acompañado a todas partes.

Quiroga recuerda con nostalgia aquellos tiempos, especialmente hoy, en medio de una pandemia que llegó para cambiar su vida y con una cuarentena que amenazaba el porvenir de los artistas.

Pero para Milenium, así como para varios músicos banderos, la música no se detuvo. Una mañana decidieron salir, se juntaron en una esquina y empezaron a transitar por el pavimento y las losetas de la ciudad de los anillos.

Quiroga dudaba de salir. Sentía que era un riesgo para su salud y la de sus compañeros de banda. Entonces, decidieron que el director se quedara en casa. Saldrían los compañeros de grupo. “Mis muchachos me cuidan”, afirma.

Apelar a la solidaridad no fue fácil en un principio. Mucha gente no entendía que los músicos pasaban necesidades. Con el paso de los días se convirtió en una postal del confinamiento observarlos por las calles, escuchar la música y motivarse a apoyarlos.

La baja por enfermedad de uno de los músicos, obligó a salir a Quiroga. Así pudo palpar de cerca la respuesta de los vecinos. “La gente ha sabido valorar en estos tiempos, en los que se están soportando tantas desgracias y tristezas, que la música se convierte en un bálsamo, que cura heridas, que alegra el alma y permite por unos momentos despejar la mente de problemas”, afirma el músico, agradecido con Dios porque nadie de su familia se contagió del virus.

No obstante, también han vivido episodios ingratos durante este periodo. Como la vez que un hombre los mandó a buscar trabajo de otra manera. “Como si lo que hacemos no fuera digno. Nos ganamos la vida de esta manera”, protesta.

“Gracias a la banda, gracias a este trabajo he podido sustentar a mi familia”, expresa Wilman, que agradece el apoyo de su esposa, que tuvo que jugar un pasanacu para comprar los primeros instrumentos de la banda.

A ella le compuso una canción: Nenita. Tampoco se olvida del aporte de sus hijos, varios de ellos dedicados a la música. Ellos, hoy celebran la salud de sus padres y la unidad familiar.