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Si en la zona del Urubó el problema es que de la mitad de las calles asfaltadas mana agua, entre Cotoca y Warnes el problema es de dónde se sacará agua para dar de beber a tanto suelo urbanizado. Así lo asegura Sandra Quiroga, directora de la carrera de Ingeniería Ambiental de la Universidad Nacional Ecológica, que recuerda que los arroyos Los Sauces y Colorados, dos de los cuerpos de agua que recorren Warnes, se encuentran contaminados y fueron clasificados como clase D, no aptos para el consumo humano.


Queda poca flora y fauna en las praderas urbanizadas de Santa Cruz de la Sierra, Warnes, La Guardia y Cotoca. En una de las calles recién abiertas del santuario, al lado de una carretera de doble vía que con el impulso privado aspira a ser un cinturón metropolitano, un zorro se ve sorprendido por el paso de los vehículos. Más allá, unas cuantas vacas pastan en terrenos embardados pero vacíos, mientras que una familia de suchas espera darse un festín cuando le reviente la panza un toro muerto que se pudre bajo el sol.


En el lado de La Guardia, algunas urbanizaciones que osaron acercarse demasiado al Parque Lomas de Arena lucen vacías. Las bardas que levantaron están semienterradas, fruto de los movimientos de las dunas, “primas hermanas” del acuífero que será auditado en el Urubó.


Sin un estudio que ahonde en el daño ya causado por abrir calle donde no habita nadie, Quiroga advierte sobre los daños que vendrán. Recuerda que ninguno de los municipios aledaños a la capital cuenta con un vertedero para manejar residuos sólidos, sino con botaderos que no cumplen con las especificaciones. Recuerda que el de Warnes está a pocos metros del río Piraí y que el de Cotoca ha quedado a pocas cuadras de la plaza. 


Además, alerta que casi ninguna de las urbanizaciones aprobadas cuenta con un proyecto de drenaje y mucho menos con alcantarillado sanitario para manejar sus aguas residuales, por lo que el daño ambiental puede multiplicarse.


Consultadas algunas ordenanzas de aprobación de urbanizaciones en Cotoca y Warnes, se les exige a los empresarios que instalen agua y electricidad, pero no hay ninguna obligación de tratar sus propios residuos sólidos o aguas residuales.


A veces, incluso el agua y la electricidad fallan. Lo sabe Willy Pairo, que acaba de terminar su casa en Cotoca, en la final Luján. Su urbanización abierta tiene electricidad pero no alumbrado público y el servicio de agua tiene más filtraciones que presión. Pese a ello, se lo ve feliz con sus tres cuartos en el terreno de 340 metros cuadrados por el que pagó $us 10.200. Más allá, Juan sortea el barro de las calles sin asfaltar y calcula que en dos años ya tendrá un cuartito para trasladarse desde el bateón hasta el lote que compró en la urbanización Torre Fuerte.
Hasta allí ya llegan minibuses, que cobran Bs 2 por acercar a los colonizadores de las periferias de Cotoca a la mancha urbana de Santa Cruz de la Sierra.


No es lo ideal. Hugo Sosa, secretario de Obras Públicas de la Gobernación, es la contraparte de un estudio de transporte metropolitano de la Agencia Japonesa de Cooperación Internacional (JICA), que definió que es vital detener el crecimiento de la región metropolitana. “Santa Cruz es extensa y poco densa —explica Sosa—. Esto  hace que cualquier sistema de transporte no sea rentable y el reto es buscar sostenibilidad.  El diseño de nuestro sistema de transporte debe enfocarse en lo denso. Santa Cruz de la Sierra debe desarrollar un sistema de transporte masivo BRT (Buses rápidos de transporte), con canales exclusivos. El resto de los municipios  debe implementar su propio sistema de transporte ordenado, que alimente buses interprovinciales que se conecte con el sistema de la capital”. 

Pocas licencias
La región metropolitana ha sido expandida por cientos de urbanizaciones. Desde la década pasada, a la Gobernación han llegado 146 solicitudes de licencia ambiental, que garantiza que los parcelamientos generen poco impacto o lo remedien. De esas, hasta la fecha, solo 76 han sido concedidas. Sin embargo, estas solo son una parte de las que realmente existen. En el municipio de Warnes, según el jefe de Catastro, Rodrigo Zamorano, existen ya aprobadas 147 urbanizaciones y otras 27 están en trámite. A la Gobernación, de esa jurisdicción solo han llegado 49 solicitudes. De esas, 20 han sido aprobadas. Un caso más extremo es el de Cotoca, que con una superficie de urbanización intensiva de casi 45.000 hectáreas solo tiene una con licencia ambiental 

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