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Ser sometido a un juicio político es lo peor que le puede pasar a un presidente estadounidense, a menos que se llame Donald Trump. Trump se transformó el miércoles en el tercer presidente de Estados Unidos en enfrentarse a un “juicio político” en el Senado y el primero del siglo XXI, gracias a la mayoría demócrata en la Cámara Baja, en un reflejo de la crispación y polarización del país con inciertas consecuencias sobre las elecciones de noviembre de 2020. 

Trump fue acusado de abusar de su cargo al pedirle a Ucrania investigar a su posible rival electoral en 2020 Joe Biden, y de bloquear los esfuerzos de los legisladores para investigar sus acciones. La Cámara baja, de 435 miembros, aprobó el primer cargo por 230 votos a favor y 197 en contra, en tanto el segundo se adoptó por 229 a 198. 

Trump ingresó así en la historia y engrosará una lista en la que están Bill Clinton (1993-2001) y Andrew Johnson (1865-1869). Clinton y Johnson fueron finalmente absueltos por la Cá- mara Alta tras ser sometidos a un proceso de destitución, y es probable, dado el control republicano en el Senado, que al presidente actual le ocurra lo mismo. 

El magnate de los bienes raíces y exestrella de telerrealidad se obsesiona por su imagen más que cualquier otro líder que haya pasado por la Casa Blanca. Su nombre es literalmente una marca que se vende por millones de dólares en todo el mundo. Pero, por otro lado, el republicano adora una buena pelea. Y un proceso de destitución es el equivalente a los Juegos Olímpicos de los enfrentamientos en Washington. “Este momento es [perfecto] para una persona como él”, dice Rich Hanley, académico de comunicaciones en la Universidad de Quinnipiac. 

Con el resultado en el Congreso, Donald Trump puede demonizar a sus oponentes, lanzando palabras como “traición”, “ladrón”, “loco” y “enfermo”. Luego podría convertir todo el asunto en un anuncio de campaña para su reelección en 2020.

Lo que se viene

¿Será condenado Trump en el Senado? “Difícil pero no imposible; aunque hay 53 republicanos sobre 47 demócratas y aliados, en 2020 serán 23 republicanos que defenderán la permanencia de su partido y pesará mucho en su decisión en el juicio cuál será la percepción de sus electores sobre la fiabilidad del mandatario estadounidense”, explica el politólogo José Rafael Vilar. 

Lo que es indudable, señala Vilar que una condena beneficiará a los demócratas —sobre todo Joe Biden— y destruirá el futuro de Trump, mientras que una absolución no lo beneficiará de cara a las elecciones, pero, tras la tensión del juicio, podría favorecer a los candidatos moderados de ambos partidos. “Necesitamos que nos hagas un favor”. 

Lo que puede parecer un fragmento de conversación banal, sencilla y hasta inocente entre dos comadres ha llevado a un cuarto presidente de los EEUU a un juicio político. Cuando Donald Trump le dijo por teléfono al presidente ucraniano Volodymyr Zelensky que investigara contra Hunter Biden, quien trabajó con la compañía de gas ucraniana Burisma e hijo del exvicepresidente Joe Biden —hoy uno de los principales precandidatos demócratas— a cambio de descongelar una millonaria ayuda militar a Ucrania y una invitación a Zelensky para visitarlo, Trump aplicó el «quid pro quo» —«algo por algo»—, lo que en la jerga política estadounidense se entiende como un intercambio corrupto de favores, indica Vilar.

Una población dividida

 ¿Cómo votaran los americanos a Donald Trump después del Impeachment? pero ¿por qué no votarían a Trump después de esto?, se pregunta el internacionalista Toshiro Miki. “Estas son algunas interrogantes que están presentes en la población de Estados Unidos ante un histórico Juicio Político, el tercero en su historia. Lo cierto, e inevitable, es que habrá un impeachment y Trump participará en una reelección. 

La previsible afirmación se sustenta en el intenso conflicto partidista que tiene a la cámara de Representantes con mayoría demócrata, pero al Senado con mayoría republicana que respaldaran a su líder. Es decir, difícilmente la gestión de Donald Trump se vea interrumpida”.

El escándalo de Ucrania ha dividido a la población norteamericana, entre los que creen que el Presidente debe ser removido de la Casa Blanca y los que no. 

A pesar de la polaridad generada, la popularidad de Donald Trump continua en ascenso de cara a las elecciones de 2020. Una encuesta nacional realizada este mes por USA TODAY y la Universidad de Suffolk, dan como ganador al magnate neoyorquino con un 3% por encima de Joe Biden, 5% arriba del senador Bernie Sanders y un 8% más alejado de la senadora Elizabeth Warren. 

Sin embargo, “la polaridad generada por el juicio político es solo el reflejo de un profundo clivaje actual en Estados Unidos. Entre los que buscan un líder fuerte que cumpla el objetivo de devolver la grandeza americana (“America First” o “Make America Great Again”), a pesar de los abusos de poder. Y en el otro lado, los que buscan un político inclusivo que lleve Estados Unidos a acompañar la transición hacia un nuevo mundo”, concluye el analista.

Diagrama incierto

Los rompecabezas de asesores de ambos partidos se centran ahora en dilucidar los posibles efectos del juicio político de cara a las elecciones presidenciales de 2020. Pero los analistas parecen coincidir en tres cosas: el respaldo sin fisuras de los republicanos a Trump, la buena salud de la economía y las dudas de los demócratas acerca del rumbo a seguir para recuperar la Casa Blanca el próximo año. 

“El juicio político podría ayudar a Trump a alentar a su base para que acuda a las urnas el día de las elecciones, pero déjame añadir rápidamente que el resultado de 2020 dependerá por completo de quién es el nominado por los demócratas y cómo enfocan la campa- ña”, explica a Efe el profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Iowa, Steffen Schmidt. 

Según las encuestas del portal político “Five thirty eight”, la opinión pública de Estados Unidos está dividida a la mitad en lo que respecta al apoyo a una destitución de Trump: el 47,4% la respaldan frente al 46,6%, que la rechazan. 

Si la pregunta se hace a los votantes que se identifican con un partido político determinado, la grieta es aún más evidente: Una gran mayoría de los demócratas, el 83,5%, apoya la destitución de Trump; mientras que entre los republicanos, el porcentaje es mínimo, apenas un 8,9%. Entre los independientes, la división es casi idéntica, ya que el apoyo al proceso de juicio político y la eventual salida de Trump es del 43%.

Republicanos y demócratas

 El profesor emérito de Ciencias Políticas de la Universidad de California Gary Jacobson sostiene que las estadísticas sobre Trump no suelen variar. “Si miras sus números de popularidad, son asombrosamente estables. 

Especialmente, en medio de todas las cosas que han pasado, uno tendería a pensar que habrían movido a la opinión pública de un modo u otro”, explicó Jacobson. Las divisiones en el seno de los demócratas son uno de los grandes lastres de los progresistas de cara a 2020. 

De hecho, parece que el rechazo visceral a Trump es uno de los pocos elementos que mantienen unidos a la amplia variedad de aspirantes a la candidatura demócrata para 2020. Para Schmidt, el problema es que los demócratas andan enfrascados en “exámenes de pureza” sobre cada uno de los aspirantes, en lugar de centrarse en “el trabajo principal” de arrebatar la Casa Blanca a los republicanos. “Los demócratas no saben si aspirantes muy progresistas como los senadores Bernie Sanders o Elizabeth Warren conectarían con una mayoría de votantes o si un moderado, como el exvicepresidente Joe Biden o el alcalde de South Bend (Indiana), Pete Buttigieg, podrían ser ganadores”, argumentó.

Su propio drama

 El juicio político de Clinton que surgió de su aventura con una pasante de la Casa Blanca fue especialmente desagradable: un programa de terror televisado que manchó por siempre la reputación del popular demócrata. 

Pero esos días parecen casi inocentes en comparación con un proceso centrado en Trump, sobrealimentado por Twitter, una cobertura de televisión politizada y un presidente ansioso por protagonizar, producir y dirigir su propio drama. Lejos de achicarse, Trump realiza mitines para movilizar a su base, denunciando una “caza de brujas” en su contra. Tuitea su indignación docenas de veces al día, a veces más de 100 veces. 

“Nixon y Clinton se mantuvieron en gran medida al margen. Trump se ha metido en el medio en repetidas ocasiones”, dijo Allan Lichtman, distinguido profesor de Historia en la American University. 

Es una táctica de alto riesgo y alta ganancia que calza con el enfoque de Trump hacia Washington . Tras desobedecer toda norma, Trump ahora está haciendo lo mismo para la destitución, dijo Lichtman, dejando a su partido sin otra opción que defenderlo hasta el final. 

“La verdadera razón por la que los republicanos tienen que defender a Donald Trump es que lo único que les queda es Donald Trump”. Por lo que Washington puede estar en caos, pero Trump aún resiste.

La última encuesta, de Quinnipiac, lo posiciona con un 43% de aprobación. Incluso si ese es el peor puntaje para un presidente en esta etapa de una administración en muchas décadas, es la mejor cifra personal de Trump. El juicio político “es algo muy triste para nuestro país”, dijo la semana pasada. “Pero parece ser muy bueno para mí políticamente”.