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José ‘Pepe’ Mujica se incomoda cuando, con insistencia, los periodistas lo interpelamos sobre la re-reelección de Evo Morales sobrepasando la Constitución y el Referéndum de 2016.

Gambetea, como buen uruguayo, las preguntas hasta que encuentra una comparación inquietante: Xi Jinping, el mandatario chino que a través del Partido Comunista de China (PCCh) estableció su mandato vitalicio, cual si fuera un rey. “Cuesta mucho encontrar uno bueno, cuando lo tienen déjenlo, dicen los chinos. Pero nosotros los latinoamericanos somos distintos”, afirmó. No es fácil encontrar el punto de equilibrio para posicionarse frente a la transgresión que pretende Morales. “Está en manos de ustedes, los bolivianos, mal amigo sería (en pronunciarse abiertamente)”, resalta Mujica. El pleito se definirá en octubre cuando se abran las urnas.

Pero Mujica pretende ir más allá del legítimo y particular conflicto boliviano. Quiso hablar cara a cara con jóvenes universitarios, próximos actores de la transformación en América Latina y allí apuntó sus dardos al actual proceso de globalización, hoy gobernado por las fuerzas del mercado en detrimento de los estados y de las sociedades, con graves consecuencias para los ciudadanos.

Según Mujica, los anteriores procesos de globalización se impusieron por la fuerza. China, Roma, España, Rusia, Inglaterra, expandieron sus territorios a escala mundial a través de grandes ejércitos. Hoy, la globalización está comandada por las grandes corporaciones, que sustentan su poder en la tecnología y los servicios. Google, Amazon, Facebook, Apple, Samsung, factura cientos de miles de millones de dólares más que cualquier potencia emergente y tienen poder efectivo sobre miles de millones de personas.

“Ya no son los países. Es el capitalismo sin bandera el que domina la escena hoy, con graves implicancias para las sociedades y que se apoya en una mecánica financiera que va mucho más allá del poder de los Estados”, alertó el ex mandatario.

Estos mecanismos financieros y la acción de las corporaciones transnacionales tienen una formidable capacidad de concentración de la riqueza. Una parte importante de ese crecimiento se concentra en pocas personas, cada vez más ricas”, remarcó. Y los efectos no solo son para los pobres, sino para las clases medias que sufren un proceso de estancamiento, lo que se ha traducido en un inconformismo creciente que hoy se ha canalizado hacia posiciones extremas de intolerancia hacia los migrantes. En Estados Unidos se culpa a los mexicanos y centroamericanos, en Europa a los africanos y de los musulmanes.

“Esto produce brotes de chauvinismo nacional. Países que se formaron sobre la base del trabajo de millones de migrantes, se olvidan de su propia historia. Estados Unidos, con Donald Trump, es un ejemplo”, recordó. De esta forma, “la Humanidad más rica multiplica su egoísmo. Esto demuestra que los seres humanos no estamos a la altura de los cambios y las exigencias que tiene el planeta hoy. La civilización industrial está destruyendo el planeta de forma irremediable”.

Animales políticos

Mujica señala que en el fondo de todo está el conflicto entre individuo y sociedad. “Como cualquier cosa viva, tenemos un egoísmo biológico, luchamos por vivir. Pero como tenemos conciencia, también podemos hacer algo para sobrevivir en grupo, teniendo en cuenta a los otros. No somos felinos, somos gregarios y necesitamos vivir en sociedad”.

Por eso, “el papel fundamental que tiene que cumplir la política es enfrentar ese conflicto entre intereses individuales y necesidades sociales. Aristóteles tiene razón cuando afirma que el hombre es un animal político. Y, lo es por necesidad, porque es un bicho social”.

No es un problema sencillo. La industrialización, movilizada por la codicia y la productividad, ha dominado la naturaleza y le ha dado beneficios inobjetables al ser humano. Pero los riesgos también son enormes, por la concentración de la riqueza, la violencia que se expande y el cambio climático que está destruyendo el planeta, cierra Mujica.

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