Escucha esta nota aquí

Julio Novillo Lafuente ha urbanizado en 22 años 18.000 hectáreas, pavimentó 500 kilómetros, sentó las bases de un parque industrial que tiene ahora 400 empresas extranjeras en una superficie de 2.000 hectáreas y se propone construir pronto una ciudad inteligente en 6.000 hectáreas.

Casi en paralelo pretende  internacionalizar su modelo de negocios, que apunta a construir ciudades en Sudamérica, mediante el apoyo de LH de Corea del Sur y con el impulso de JP Morgan, uno de los mayores bancos del planeta. El empresario, que empezó su negocio con una camioneta, con una secretaria y con un abogado, asegura haber tributado solo en Warnes alrededor de 20 millones de dólares en los últimos 12 años. 

Un inversionista extranjero que lo conoce muy de cerca asegura que Novillo ya no es solo uno de los personajes más ricos de Santa Cruz, sino de Bolivia, gracias a la base de su modelo de negocios que ha sido la venta de lotes. Aunque algunos cuestionan que la expansión de sus urbanizaciones impacta en el medioambiente de Santa Cruz, sobre todo en la zona de Urubó, él asegura que siempre se apegó a las normas. 

De bajo perfil con los medios, Lafuente accedió a una entrevista exclusiva con EL DEBER en su casa durante el domingo 24 de septiembre. Allí habló, temprano en la mañana,  durante una hora y 22 minutos, sin eludir ningún tema, antes de emprender un viaje a España. Al irse encargó a sus ejecutivos programar el miércoles pasado una invitación a este periódico a un sobrevuelo en helicóptero por algunas de las principales propiedades de su compañía, que ahora se llama Lafuente Business Group. 

— ¿Cómo empezó usted el negocio que ahora lo pone a la cabeza de un grupo empresarial? 
-Salí bachiller a los 18 años y me metí de dirigente vecinal de mi barrio, el barrio Calama de la doble vía a La Guardia. Mi padre me dijo en ese momento: o estudias o te sales de eso. No tuve la posibilidad de convencerlo de hacer las dos cosas. Terminé saliendo de la casa.

A mis 21 años fui secretario general de la Federación de Juntas Vecinales en la gestión de Rodolfo Landívar, tras la salida de Alina de Hoyos.

Ahí pude ver que la gente se quejaba, que los dirigentes los habían engañado, que se entraron a terrenos y lotearon. Ahí se me encendió la chispa por el problema de los avasallamientos de tierras.

Vi el problema y la oportunidad. Simultáneamente estuve de dirigente de la cooperativa de aguas.

Vi que el dinero lo cobraban ahí nomás, puse un software e hice que los cobros pasaran a la Cooperativa de Ahorros Fátima. Cuando se me ocurrió este negocio fui donde el gerente de la Cooperativa Fátima, Oscar Coronado, a quien le dije que compráramos un terreno, urbanicemos y así ganaríamos. Me dijo que no, pero al mes y medio insistí y me planteó que lo hiciera yo, pero le respondí que no tenía plata. Entonces me dijo que me la prestaba.

Era un terreno por Villa Bermúdez y yo tenía entonces 23 años. Venimos de una familia humilde, con un camioncito de mi papá traíamos leña y con mis hermanos cargábamos y distribuíamos material de construcción. También llevábamos materia prima a la curtiembre de Mateo Kuljis y traíamos productos al Abasto y a Las Palmas. Éramos muy pobres, mi papá tenía su camioncito Mercedes, era transportista y en el norte contaba con 20 hectáreas de caña. Él era de Cochabamba y mi mamá de Pojo. Yo nací en Comarapa porque no había parteras en Pojo. Mi hermana mayor nació en Pojo, somos cuatro. Los otros dos varones son de aquí, de Santa Cruz. 

La Cooperativa Fátima me prestó 25.000 dólares, el general Ismael Sandoval Saavedra confió y me financió el resto, que eran 50.000. En tres meses urbanicé todo, lo vendí y gané 200.000 dólares, un monto que jamás me hubiera imaginado tener. El terreno estaba en el kilómetro 7 de la doble vía a La Guardia, entrando al río. Es Villa Bermúdez, Santa María. Ahora todo está poblado. Fue en 1994. 

Ese primer proyecto lo vendí a dos o tres pagos en tres meses. Recuerdo que cuando empecé compré una camioneta Ford, yo manejaba y mis volantes eran unos papelitos escritos en máquinas de escribir. Tenía una secretaria que me archivaba en unos sobres amarillos el file de cada cliente y mis primeros muebles fueron unos de madera que compré en La Ramada. Tenía un abogado que me cobraba por contratos.

Mi papá se enteró en qué estaba. El padre Luis Ziberman me dijo que mi mamá sufría mucho y que volviera a la casa. Retorné y se generó una relación muy cordial con mi padre, que me dijo que me iba a ayudar. Nosotros sacábamos de la familia Morales, en el kilómetro 14, leña para las tejerías en un camioncito. Mi padre me hizo el puente y me vendieron 250 hectáreas. Salté de 15 a 250 hectáreas.

Así hice Cumbre de las Américas con más de 9.000 familias, me apoyó el Banco Unión y seguí. Luego hice Jardines del Sur, por el Plan Tres Mil, siguiendo con San Antonio en Warnes. También convertí en ricos a muchos. Si hubiera tenido plata pagaba a 1.000 dólares la hectárea, pero como me dieron a crédito pagué a 10.000 la hectárea. También me hice tumbar alguna vez, ya que no sabía qué era la palabra administración. Esto nació por intuición. Estudié un año Derecho, otro de Ingeniería Civil y lo dejé. A mis 36 años decidí profesionalizarme y a mis 41 años salí administrador de empresas de la Utepsa. Ya la empresa era muy grande. Tenemos 22 años. Hemos hecho esto de la nada.

— ¿El grupo ha conseguido diversificarse?
-Cuando hice Cumbre de las Américas un amigo me dijo que si era capaz de hacer barrios, por qué no hacía ciudadelas. Ahí se me ocurrió la ciudadela Jardines del Sur del Plan Tres Mil, para alrededor de 10.000 familias. Posteriormente decidimos construir ciudades. Fue una especie de obsesión sobre el tema. Comencé a estudiar cómo construir ciudades. No es nomás hacer lotes y viviendas, sino hacer que la gente tenga oportunidades de trabajo, de negocios, comercio, industrias. Cómo hacer una ciudad, que además está compuesta de distintos niveles sociales.

Empezamos a construir ciudades y decidimos hacerlo en el norte, en Cotoca y en La Bélgica. Esto fue pensado hace 15 años, paso a paso y con discreción. Si hay algo que es muy dañino para el desarrollo inmobiliario y de la ciudad es la especulación, en épocas de bonanza y de crisis. Comenzamos con Pentaguazú, Juan Pablo II e Integración del Norte. Después dijimos ‘vamos a hacer el Parque Industrial Latinoamericano, el centro monumental de compras, un shopping agroindustrial para ventas de maquinaria’. Es así que dejamos 100 hectáreas a la entrada de la G-77, cerca del aeropuerto, y ahí Toyosa tiene para construir la ciudad de Toyota y Nibol, también.

-¿Cómo se le ocurrió este modelo de negocios, en viajes o por intuición?
-Uno de mis primeros viajes fue hace 10 años, con la Cainco a China. Yo me desprendí del grupo, que miraba cosas que no eran de mi interés. Quería ver parques industriales, cómo se construían las ciudades, ya estaba en eso. Ha sido poco a poco y no terminamos aún de pulir las ideas. Siempre estamos aprendiendo. Hay fenómenos extraordinarios que suceden en el mundo, como es el caso de Dubai y Corea del Sur. He estado mucho viendo a Corea del Sur, China y Brasil.

No hay ciudades en América Latina, que es un mercado virgen en el desarrollo inmobiliario y en los próximos 20 años tiene un potencial enorme. El 25 a 30% del PIB mundial estará destinado a la vivienda, porque hay una tendencia de migración del campo a las ciudades, que van a crecer mucho más. América es un mercado virgen y particularmente Santa Cruz es una coyuntura muy especial.

— ¿Cómo es su estilo de gestión, se endeudó, cómo financiaba sus emprendimientos?
-Me endeudé mucho. En una época llegué a deber unos 130 millones de dólares. El crédito es un bien intangible que le abre a uno las puertas al mundo, un patrimonio que se tiene que cuidar, no solo de la banca. Por ejemplo, le dije a Ivo Kuljis que me vendiera su terreno y me lo vendió en 18 a 20 millones.

Le di 2 millones ahora y le voy pagando poco a poco. Entonces, hay mucha confianza. Me gané la confianza de los dueños de las tierras, cumplí mis compromisos pactados con la banca y con mis proveedores de bienes y servicios. Siempre nos hemos esforzado por cumplir los plazos con los clientes. Hemos tenido algunas dificultades,  pero siempre hemos honrado nuestros compromisos.

— Se puede creer que el sector popular no tiene liquidez para pagar. ¿Cuál su experiencia en los negocios con este segmento?
-Yo podría decir que espectacular, excelente, pero también el producto que vendemos, los lotes, es muy noble. Cuando vendemos un lote en 3.000 dólares antes de que termine de pagar el cliente en tres años ya vale 15 a 20.000 dólares por la plusvalía que le dan. En todos los niveles sociales se puede perder cualquier cosa, pero perder la casa es un drama familiar. En todos los niveles sociales el de vivienda es el mejor crédito.

— ¿Sus negocios contemplan la venta de viviendas?
-Hemos estado haciendo viviendas, pero el más fuerte ha sido el lote. Ahora estamos en un proyecto especial que va a ser de edificaciones. 

— Mirando su pasado tan simple y ahora su presente con un portafolio que dice Lafuente Business Group, ¿cómo está conformada la compañía?
-Son 1.900 empleados directos en el grupo. Está compuesto por las empresas Techo, El Pahuichi, el Parque Latinoamericano, Ecci, que es una de las empresas constructoras más grandes del país y que construirá la ciudad. Tiene una inversión de 150 millones de dólares en maquinaria y equipos, con todo nuevo para arrancar el próximo año la Nueva Santa Cruz.

Va a dar mucho trabajo, participan muchas empresas. Después está Emdecruz, que es una empresa que distribuye la energía en el parque industrial. Vamos a desarrollar los proyectos nuevos conjuntamente con la CRE. Novi es la empresa constructora de redes eléctricas, todo es para prestar servicios a las empresas del grupo. No trabajamos con el Estado.

— ¿Qué otros negocios le han interesado, la banca, por ejemplo?
-Todos son temas afines al grupo. Alguna vez me volví de la puerta de un banco, cuando el negocio estaba medio cerrado. Definitivamente, queremos ser los mejores en esto y no vamos a entrar en otros negocios. 

— ¿No le interesa desarrollarse en la agroindustria?
-Por accidente somos cañeros, ya que hemos comprado propiedades alrededor de Santa Cruz y mientras no se desarrolle la ciudad vamos a seguir cultivando. Tenemos algo de ganado, pero no es nuestra especialidad y no nos interesa. 

— ¿Usted recomienda enfocarse en los negocios?
-Muchos recomiendan la tesis de la diversificación. Yo creo en la especialización, que  lleva a ser mejor, aprendes más, se vuelve más fuerte. En la construcción de ciudades hay un mundo de cosas que se pueden aprender. Llevamos 23 años de aprendizaje.

— Uno debe rodearse de un equipo de buenos profesionales, ¿cómo es el suyo?
-En distintas etapas mis equipos de trabajo han estado acomodados a las circunstancias. Hay muchos que han evolucionado. Por ejemplo, el gerente de Techo, Humberto Gutiérrez, nació en la empresa hace 20 años repartiendo volantes, y ahora es el gerente. Se ha formado, crecido y gana más de 8.000 dólares al mes. Tenemos a los chicos del club de fútbol 25 de Junio y, como no recibían sueldos y jugaban, los capacitamos en la empresa.

— ¿En su grupo los familiares son accionistas y hay un directorio externo?
-Ahora tenemos un directorio. Puedo viajar tranquilo, ir a todas partes. La empresa funciona por sí sola. El vicepresidente es Miguel Papadópulos. Hay un directorio compuesto por gente de primer nivel. Están Luis Castañeda, Marco Ramos, Freddy Teodovich, Sergio Suaznábar. Es un equipo multidisciplinario y vamos a ir mejorando. Mis hijos son accionistas. Hace unos cuatro años mis hermanos trabajaban conmigo y les dije que era tiempo de que tomaran vuelo propio. Ahora son empresarios y les está yendo bien.

 — ¿Cuál es el concepto del proyecto de ciudad inteligente y del Parque Industrial?
-Una ciudad se construye con un conjunto de cosas para ricos y pobres. El parque, el shopping son de los empresarios, pero ellos necesitan mano de obra, que está en Pentaguazú y en los barrios populares de los alrededores. La ciudad inteligente necesita gente que vaya a prestar servicios y no solo es la Nueva Santa Cruz. Es un todo que está dirigido a la clase media o alta. 

La Nueva Santa Cruz es un mundo de desarrollo, tecnología, diseño, sostenibilidad, es una ciudad verde. Estamos haciendo un vivero de 200 hectáreas para arborizar. Está sobre tierras cansadas y produciremos 20.000 plantines para ese fin. Será una ciudad donde la gente tendrá la oportunidad de vivir en sus departamentos con precios más bajos, como vivir en un hotel cinco estrellas.

Lo que se vende en 2.000 dólares el metro cuadrado se puede hacer por 600 dólares. Vamos a invitar a desarrolladores inmobiliarios, les vamos a dar terrenos con facilidades, la empresa que tenemos les va a proveer los materiales a crédito. Los coreanos dicen que estará consolidada en 20 años, yo digo que estará en 10 años y no vamos a esperar para exportar el modelo.  No vamos a escatimar en internacionalizarlo.

Empieza en marzo con todo. LH es la agencia estatal de desarrollo urbano de Corea. Nos ha apoyado en el diseño del proyecto, de ingeniería, nos van a ayudar hasta la digitalización del proyecto.

La inversión es del grupo y habrá algunos desarrollos con LH y con empresas de Corea. Solo en infraestructura y servicios se invertirán 1.600 millones de dólares.

En el caso del Parque Industrial, son 180 millones de dólares y hemos comprado con 20 millones y destinado 10 más para comenzar a pavimentar. Lo demás lo provee el mercado y la Bolsa, esta última con 70 millones de dólares. Si cada una de las 1.500 empresas invierte 1 millón, tendremos en el lugar 1.500 millones de dólares. 

Para la ciudad inteligente, ya está todo negociado. Participa JP Morgan, uno de los dos más grandes bancos del planeta. Hemos aprendido mucho, nos enseñan en la conducta empresarial. El próximo año nuestros balances van a salir ya con normas internacionales. Los estamos ajustando. 
Se estima que unas 100.000 familias, o sea, unos 400.000 habitantes, radicarán en la nueva ciudad. 

Santa Cruz no solo podría convertirse en el destino de las empresas de América Latina, sino ser un centro financiero, de comercio, al estar en una ubicación estratégica.

— ¿Han previsto tener en el lugar una universidad propia?
Estamos promoviendo que vayan algunas universidades, una propia vamos a poner. En hospital, tenemos un acuerdo con el Sirio Libanés. No vamos a aprender a estas alturas de hospitales y lo mismo en educación. Habría sido feliz que alguien hubiera asumido el Parque Industrial, porque no es un buen negocio. Es de riesgo, con temas ambientales delicados, de largo plazo. Con lotes hubiéramos hecho más plata. No es el negocio más importante, pero es el más estratégico. Es el ancla clave para construir la ciudad. Un parque industrial monta una ciudad. 

— ¿Hay empresas extranjeras en el Parque Industrial Latinoamericano?
-Más de la mitad (400) son ahora industrias de afuera. Santa Cruz es bien visto por el mundo empresarial, sin hacer mayor esfuerzo nosotros ni el Estado.

Julio Novillo. Foto: Ricardo Montero



— ¿Qué visión tiene usted del futuro de Santa Cruz?
-Con nosotros o sin nosotros, Santa Cruz será una metrópoli. Hay algunas ciudades que son un desastre en América Latina. Aquí hay dos millones de personas y ya tenemos conflictos de vehículos y tardamos más que en Santiago, que tiene ocho. Si se la piensa en el largo plazo, se puede hacer una ciudad muy agradable, sostenible, con calidad de vida y con recursos.

— ¿Cuál debe ser la hoja de ruta de Santa Cruz?
-No me gusta hablar de política,  pero habría que sugerir a las instituciones que las discusiones ya no pasen por pavimento, agua y servicios básicos, sino que pasen por  cómo hacer una ciudad sostenible, productiva, con servicios y gestión inteligente. Cómo atraemos turismo, cómo generamos riqueza, qué estamos haciendo para competir con el mundo como ciudad, con San Pablo, con Buenos Aires.

Sin hacer nada estamos creciendo. ¿Quién tiene un plan para que Santa Cruz compita con el exterior, con otras ciudades? No tenemos por qué competir con alguna ciudad del interior del país, porque somos un complemento perfecto. 

— ¿Seguirá siendo Santa Cruz el polo económico de Bolivia?
-Eso se va a acentuar cada vez más. Si tuviéramos salida por Puerto Busch y el tren bioceánico, tendríamos un potencial enorme. También podríamos tener la OPEP del futuro por el litio.

— ¿Cómo imagina a Bolivia, como el país del litio?
-Hay que aprovechar el litio para la formación de la gente. Si bien tenemos varias universidades, algo ocurre. 

— ¿Cómo ve ahora la economía boliviana, hay desaceleración?
-Hay un bajón, pero desde nuestra perspectiva la Nueva Santa Cruz es un proyecto en el que esto no va a incidir. Es más, vamos a aportar mucho para que la crisis no se sienta, menos aún en Santa Cruz. Arrancamos al año que viene y eso va a generar alrededor de 12 a 15 mil empleos directos. 

— Se habla de una burbuja inmobiliaria, ¿Usted qué piensa?
-Yo me asusté e investigué eso. Para que haya burbuja se tienen que dar algunas condiciones. En Santa Cruz hay bastante desarrollo inmobiliario, en distintos niveles sociales y los precios son los más bajos de América Latina. Uno de los indicadores es la especulación. Aquí los lotes y viviendas son más baratos que en Cochabamba y La Paz.

La sobreoferta es otro indicador. Dicen que en los próximos 12 años el país va a tener 15 millones de habitantes y, de esos, la mitad vivirá aquí. Habrá 4 a 4,5 millones de personas en Santa Cruz. Si eso es así, ¿cuántas viviendas se necesita? No hay sobreoferta.

Hay mucha gente que tiene dos o tres lotes y compra para sus hijos. Hemos vivido antes crisis políticas y económicas y sabemos manejar inteligentemente el tema de la especulación. 

— ¿Ha previsto la expansión de su grupo en el interior de Bolivia?
-No, si vamos a salir es a otros países. Estamos mirando Argentina, Paraguay y Brasil. De hecho, el Gobierno paraguayo nos ha invitado y estamos haciendo una alianza con coreanos para ir a construir una ciudad.

Julio Novillo en entrevista con Tuffí Aré. Foto: Gabriel Vásquez



—  Uno de los cuestionamientos que se hacen a la expansión inmobiliaria y a negocios como el suyo es el impacto en el medioambiente. ¿Qué opina?
-Todos son ambientalistas y es bueno. Debemos cumplir las normas. En todos los proyectos hemos cumplido. Por ejemplo, en la Ciudad del Urubó hay 30 hectáreas que quedaron en las Pampas del Cuyabo. Nos aprobaron el estudio de impacto, pero no había un estudio mayor en el tema de los acuíferos. Por eso no crecimos más y nos salimos de ahí. La Nueva Gran Ciudad del Urubó está fuera del cordón ecológico. Antes de comprar verificamos leyes y el tema ambiental. Esas tierras están cansadísimas. Si sacan una foto de hace 30 años, hay una parte de bosque de cuchi. Lo estamos preservando. A orillas del río hay una franja que vamos a arborizar. Tanto que se habla del cordón y  está lleno de chafras. Hay que arborizar.  

 — ¿Le interesa ser presidente de la Cainco?
-No. Me relaciono muy bien con los empresarios, estoy agradecido con la Cainco, me ha ayudado mucho. No me he sentido ni fuera ni dentro, todas mis empresas están afiliadas. La Cainco es una institución que nos ha ayudado, la Federación de Empresarios igual y los gobiernos de todos los niveles, de alguna manera, han apoyado.

— ¿Y la política le interesa?
-Ninguna posibilidad, quiero exportar este modelo. Queremos comenzar con la Nueva Santa Cruz y hacer emisiones en Bolsa. La emisión de bonos sale el próximo mes. Para la Nueva Santa Cruz sale los primeros meses del año y cotizaremos nuestras acciones en 18 meses. Hay ajustes por hacer. Por ejemplo, estamos en el desarrollo del software y hemos contratado hasta sicólogos para formar a nuestra gente. Una vez que coticemos, alza vuelo la Nueva Santa Cruz.

— ¿Cómo se gestionan los recursos humanos en su grupo empresarial?
-Tenemos un programa de motivación de corto, mediano y largo plazo. El año pasado 25 jóvenes de la empresa salieron profesionales de la Utepsa, les pagamos sus estudios. A los que cumplen 10 años les regalamos su lote, los de 15 le ponemos su casa encima. Estamos pensando en un sistema de calificación de los mejores para mandarlos a dos o tres partidos del Mundial. Cuando cumplen su meta cada mes les hacemos una fiesta. Cada semana van a jugar a nuestro complejo deportivo.

— ¿Se puede calcular su patrimonio personal o es un dato muy privado?
-No soy de los que se avergüenza de lo que hace y de lo que tiene, eso no lo hace a uno ni más ni menos, ni como persona ni como nada. Yo siempre le digo a la gente que solo tuve la oportunidad, a Dios gracias, de haber podido articular a mis clientes con  bancos y proveedores de servicios. Si no existieran clientes, no habría nada. Si los bancos no hubieran confiado en mí, no habría nada. 

— ¿Cuánto le ha servido como empresario viajar?
-Voy con mayor frecuencia a China, Corea, Estados Unidos, me gusta EEUU. Voy mucho a Brasil, Perú, Argentina y Europa. Nosotros participamos en la feria de Canes todos los años, donde se reúnen las empresas más grandes de desarrollo inmobiliario del mundo. Si hay algún consejo que puedo darles a los empresarios amigos es que viajen, la mejor manera de aprender es viajando.

 —¿Cómo se imagina su grupo empresarial en unos 10 años?
-Me imagino una empresa construyendo ciudades en América Latina, una empresa internacional. Cuántas ciudades, no sé, pero más de una después de la Nueva Santa Cruz. En 20 años hemos hecho esto de nada. Si hace 20 años hubiera dicho que íbamos a hacer esto, nadie me habría creído. Cuando iba a hacer el Parque Industrial, hasta los banqueros me decían no se meta en esto. Hoy, gracias a Dios, salió todo bien. 

 — ¿Usted ha fracasado en algunos de sus emprendimientos?
-Sí, fracasé. Hace unos 15 o 17 años dije que iba a construir un mercado campesino. Estaba empezando con mis quintos. Me hicieron perder un millón y medio, casi quebré. En realidad quebré, por supuesto que no lo dije y salí a flote con otros proyectos, pero me costó mucho. 

 —¿Usted tiene competencia en su negocio?
-Sí, hay competencia, además es buena la competencia. Hay varios que saben que yo he creado la competencia. A Credi Alas la promoví para que se haga y así otras empresas más. Ellos saben que los he ayudado y me han puesto inquieto varias veces. Creaba la competencia y me ponían inquieto y esa inquietud nos hizo evolucionar, nos hizo mover.

Comentarios