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Jeanine Áñez confía en pocos. Su entorno cercano está compuesto por cinco personas que están a su lado en muchas horas de un día. Son sus amigos, más que todo, y ahora son parte del Ejecutivo. Dos son los más confiables: Yerko Núñez y Arturo Murillo, con quienes está en actos públicos y reuniones de confianza en Palacio Quemado o en la residencia presidencial. A ellos se suman Álvaro Coimbra y Rodrigo Guzmán, también ministros, paisanos y compañeros desde la Asamblea Legislativa. Otra persona que se sumó recién al círculo presidencial es Erick Foronda, secretario privado de la mandataria y exfuncionario de la embajada de Estados Unidos en La Paz.

Áñez nunca está sola en sus apariciones públicas. Siempre está rodeada de seguridad, entre la estatal -que es conformada por la Policía- y algo similar a privada. Una persona no la deja ni un momento. La toma del brazo cuando desciende las gradas y está detrás de ella cuando camina. Tiene los audífonos para coordinar. Hace un trabajo paralelo al de la seguridad policial.

Fuera de la seguridad están sus allegados políticos. Nunca faltan Núñez ni Murillo. El primero es ministro de la Presidencia y, al igual que Áñez, nació en el departamento de Beni. La amistad entre ambos surgió cuando el actual ministro era alcalde de Rurrenabaque. Luego los dos fueron parte de la bancada de Unidad Demócrata (UD) en el Senado.

Núñez ve en Áñez a una “mu jer valiente”, que logró pacificar el país tras los conflictos de noviembre del año pasado. No duda en decir que es su amiga y que la relación se afianzó en la bancada legislativa, cuando ambos eran los representantes de Beni en el Senado como opositores al Movimiento Al Socialismo (MAS).

“Nunca tuvimos miedo al MAS y siempre tratamos que la unidad en la bancada no sea perjudicada. Fiscalizamos muchas obras, hicimos denuncias de corrupción y estuvimos juntos ante varias persecuciones del anterior Gobierno”, remarca el ministro Núñez.

El más cercano

El ministro de la Presidencia está en varios eventos con Áñez. No importa la temática del acto, pero está a su lado. Tienen contacto permanente y es parte de la toma de decisiones del Ejecutivo. Llegó a su actual cargo tras la destitución de Jerjes Justiniano, que fue clave en la negociación para pacificar el país.

Justiniano considera que Núñez es una de las personas más allegadas a Áñez, sumando a Murillo. El exministro dice que primero se le dio a Núñez la titularidad del Ministerio de Obras Públicas por decisión directa de la presidenta.

Murillo, que desde 2005 tiene un cargo público y ahora es ministro de Gobierno, es también parte de la intimidad presidencial. Ingresa a Palacio Quemado a cualquier hora y sube directo a la oficina de Áñez. Ambos fueron amigos en la bancada y todas las decisiones del Ejecutivo son consultadas antes con el ministro de Gobierno. Su relación con la presidenta es estrecha y también es parte de varios eventos públicos en los que participa la mandataria.

Murillo es el hombre duro del gabinete, al menos así se lo ve en público. Pero su entorno habla de él como una persona calmada y humanitaria, aunque a veces se le entromete la arrogancia en momentos de su vida. Es fanático de los automóviles y de las motos. Fue corredor de autos y lo último que hizo antes de asumir el cargo de ministro fue completar una gira con su motocicleta: una BMW.

El ministro no para en lanzar elogios a la presidenta. La ve como una “salvación” para el país luego de los conflictos y alienta su decisión de ser candidata, a pesar de que en un inicio dijo que solo sería mandataria de transición.

“Nos tocó una mujer que ha demostrado que era un mito la supuesta debilidad femenina. Es muy fuerte y nos sentimos orgullosísimos de que el país esté al mando de una mujer porque nos está dando la certidumbre, nos está dando el camino correcto para avanzar”, alaba Murillo.

El día de oficializar su candidatura, Áñez ingresaba al salón de un hotel de La Paz junto a Murillo y Núñez. Adentro esperaban otros allegados. La presidenta saludó a sus aliados, entre ellos Luis Revilla, Adrián Oliva, Óscar Montes, Ernesto Suárez y Edwin Herrera. Luego de un rato tomó el micrófono y se dirigió a todos, pero fue clara al llamar “amigos” a Núñez, Murillo, Coimbra y Guzmán. Dijo que son parte de su círculo de confianza y que confía demasiado en ellos.

En la década que estuvo Áñez como senadora tuvo muchos allegados, pero pocos fueron de su confianza. Fue jefa de bancada de Unidad Demócrata (UD) y también de la extinta alianza Convergencia Nacional (CN). Compartió mucho tiempo con Murillo y Núñez en la Cámara Alta, pero, además, tuvo acercamientos con Álvaro Coimbra y Rodrigo Guzmán, que antes eran legisladores y ahora son ministros de Estado.

Coimbra fue diputado supraestatal suplente y ahora ministro de Justicia. Tuvo mucha cercanía con Áñez porque antes fue parte de la Gobernación beniana, cuando los Demócratas estaban al mando con Ernesto Suárez y Carmelo Lens. La relación creció en la Asamblea Legislativa Plurinacional y también en el entorno familiar de la presidenta.

El ministro de Justicia ve a Áñez como una mujer “solvente” y capaz de conducir el país en paz y sin conflictos. Coimbra admite la cercanía con la mandataria, pero destaca que ese acercamiento se traduce en la gestión. En lo personal, señala que en la capital beniana comparten un grupo de amigos que no están en la función pública.

“Jeanine (Áñez) puede ser factor de unidad en Bolivia. Ella ha demostrado que tiene capacidad; ha demostrado que es una mujer de convicciones, que es una mujer que toma decisiones y está al margen del paradigma del político clásico”, remarca.

Rodrigo Guzmán es parte del círculo cercano de Áñez desde hace mucho tiempo. Es ahora ministro de Energías y siempre radicó en Trinidad. Fue concejal suplente en la capital beniana y luego diputado uninominal hasta antes de llegar al Ejecutivo. Además, fue un alto dirigente de los Demócratas en Beni y actualmente es secretario departamental de ese partido.

Guzmán llegó a su cargo actual por pedido directo de Áñez. Fue parte de los 11 primeros ministros que posesionó la mandataria. Los une una larga amistad y también la coordinación política en su departamento.

“Algo que nos unió fue la lucha contra el MAS, sobre todo en nuestro departamento. Ambos fuimos capaces de fiscalizar la gestión de Álex Ferrier (exgobernador de Beni y de filas del MAS) y hallamos muchas irregularidades, entre ellas el enriquecimiento del anterior gobernador”, relata Guzmán.

El secretario privado

El último caso es el de Erick Foronda, actual secretario privado de Áñez. El funcionario antes no era parte del círculo de la presidenta como los cuatro ministros, pero ahora es una de sus personas de confianza.

Foronda llegó al Gobierno transitorio a través de Murillo. Se lo vio dentro del grupo íntimo de Áñez durante la etapa de pacificación del país. No tenía un cargo, pero trabajaba con el ministro de Gobierno.

Hubo cierta sorpresa verlo en ese entorno, ya que Foronda fue durante 25 años funcionario de la embajada de Estados Unidos en La Paz. Los últimos dos años vivió en Washington y retornó a Bolivia poco antes de los conflictos del año pasado.

“Recibí una llamada. Me pidieron que apoye al Gobierno en varios campos en los que tengo experiencia. No dudé en aceptar porque el país estaba en una crisis y sentí que era ineludible el compromiso con el país, con el Gobierno transitorio, con la presidenta”, relata Foronda.

La llamada fue de Murillo, que le pidió ser parte del Gobierno transitorio. Y ya luego se los vio a ambos en una gira en Estados Unidos, participando de varias reuniones con funcionarios del Gobierno de Washington y organismos internacionales.



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