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El atropello a la voluntad popular, la vulneración del voto, la violación a la Constitución, la corrupción, narcotráfico, tráfico de influencia y el MAS fueron los impulsores de la emergencia de liderazgos forzados en los jóvenes de una Generación 21, que dio nacimiento masificado de agrupaciones con un mismo ideal, luego del referéndum del 21-F del 2016. Surgieron entonces las denominadas plataformas ciudadanas para defender la democracia y fueron protagonistas diarias de la noticia por más de tres años.

Jóvenes ciudadanos de a pie, ante el ‘nomeimportismo’ por la situación de país, emergieron con un comportamiento distinto. Contestatarios y rebeldes contra los abusos a nuestros derechos nos obligaron a sacar la valentía que muchos desconocíamos tener, a salir a luchar en contra de los abusos antidemocráticos. Asimismo, nos movió el temor de que ocurra lo mismo que sucede en países vecinos donde están coartados de voz y voto, con regímenes dictatoriales y autoritarios.

La defensa por el 21-F ha sido una lucha constante y diaria. Reuniones por muchas horas, estrategias, pensamientos, ideas, organización, tiempo, movilización, descuido a la familia, cansancio... todo vale la pena cuando pensás que tenés en tus manos la oportunidad de cambiar el país. Nuestras únicas armas con las que luchamos hasta ahora son el conocimiento, la CPE y la convicción de rescatar Bolivia.

Los emergentes

Eran tantos liderazgos emergentes en todo el país que para el Gobierno ha sido difícil tramar una escena como el armado caso terrorismo, cuando hizo desaparecer la medialuna. Este fenómeno de las plataformas ciudadanas era totalmente distinto, no existía un solo líder al cual descabezar para que se acabe la pesadilla del MAS. Cuando pretendían sacar a uno de la carrera, aparecían 10 jóvenes más en cualquier otro lugar del país. Las plataformas crecíamos a un paso acelerado y sin ninguna organización ni dirección en conjunto; cada una era independiente y autónoma, con actividades propias y organización individual. Esto hacía un crecimiento masivo incontrolable de los grupos que, a la vez, se tornaba exitoso.

En una de esas manifestaciones encauzamos todas las plataformas en Santa Cruz de la Sierra en un mismo lugar. Parecíamos tener la necesidad de buscar un padre que nos dirija y nos guíe en una sola línea, terminando en un lugar y golpeando las puertas del silenciado comité cívico. ¿Estábamos haciendo bien? ¿O buscamos padre sin necesitarlo? Tendremos la respuesta en octubre del presente año.

Desde ese momento, los comités cívicos tomaron el control y protagonismo de las acciones a seguir, una movilización social no tiene realce si no es convocada por la institución. Un paro es un acuerdo entre el Gobierno y líderes cívicos de no molestar los bloqueos hasta las 18:00. Una huelga de hambre donde se planifica el día y la hora de la llegada de la ambulancia para que estén los medios de comunicación. De ahí, todo vuelve a la normalidad. Todo se torna calculado. Las plataformas ciudadanas solo servían para mostrar figuras de cívicos al frente de una cámara dirigiendo grandes grupos de jóvenes. Muchos se revelaron, querían seguir con la lucha comenzada, confiados de poder seguir solos.

A partir de ese momento, las actividades se fueron unificando, pero también calmando y apagando. Algunas plataformas ciudadanas somos aún rebeldes y pensamos que nunca debimos ir a resucitar un muerto que absorbió muchos liderazgos. Los que pudieron mantenerse firmes y seguir al frente de la lucha se dirigen a otra etapa, de las calles al Parlamento. ¿Las plataformas ciudadanas estábamos haciendo política? ¡Pues si! Toda acción tomada en una reivindicación es una lucha política, ya sea esta ciudadana y ahora tornándose partidaria.

El presente de las plataformas

Si bien no había un caso terrorismo para deshacerse de las plataformas, se maquinó la Ley de Organizaciones Políticas para impulsar las famosas elecciones primarias. En nuestro entorno comenzamos a ver cómo las plataformas ciudadanas se iban dividiendo y cómo los partidos políticos empezaron a absorberlas para hacer política ciudadana. No estaba mal, pero no era el momento. Todavía quedaba mucho por hacer en las calles, pero la situación iba cambiando. Nos debilitamos en su momento y nos fortalecimos en otros siguiendo la idea de “si quiero cambiar este país, tengo que entrar en la política”.

Las plataformas no fueron usadas para una pega. Fueron escuela indispensable de muchos jóvenes de tomar el calor y valentía de sacar el liderazgo propio. Fueron utilizadas para hacer escuchar una sola voz que grita por respeto. Ahora el reto de las plataformas consiste en mantener su esencia y su autonomía en el partido donde estén y para los líderes de ellas, los desafíos se tornan mucho más complicados. El poner la cara a todos los insultos de la población del porqué del activismo a la política partidaria, del tener una candidatura con opción a ganar, del no contagiarse del antiguo sistema y hacer las cosas bien al llegar al Parlamento.

Un país como Bolivia no cambiará por el solo hecho de salir a las calles y gritar: “¡Bolivia dijo no!”. Un país como Bolivia cambiará cuando ingresen nuevos actores políticos que hagan realmente política y no politiquería barata. Para los que estábamos en las calles luchando por la defensa de la democracia, la política no es cochina, la política es el arte de servir a los demás, ya que durante mucho tiempo los políticos solo se sirvieron de los demás.

Los jóvenes que estuvieron en las calles y que ahora se postulan para llegar al Parlamento no lo obtuvieron fácil. Cuando estás en terrenos de políticos te das cuenta que tienes que entrar ‘a codazos’ para hacerte ver. Muchos partidos ubicaron a los jóvenes en cargos de suplentes donde servirán de imagen para captar votos a los mismos de siempre. Otros fueron tomados en cuenta en la cola de la lista, donde no hay posibilidad de ganar y solo unos pocos tienen la suerte de haber obtenido una candidatura titular. Esto nos demuestra que no es fácil entrar a la política cuando te encuentras con una ‘gran rosca’ de personas que solo han comido toda su vida de esto, y que valió la pena porque se está rompiendo el cascarón de la rosca donde se está iniciando la fractura de esta rosca con el inicio de nuevos actores políticos con ideas frescas y con ganas de cambiar la mentalidad a la población: demostrar que es bello ejercer la política, cuando se la ejecuta de la forma para la cual fue creada.

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