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Entre el 3 y el 10 de mayo se presenta la oportunidad de reflexionar acerca del periodismo: la libertad de prensa y la calidad de la información. 


La reflexión debe involucrar a tres protagonistas del proceso de informar. En primer lugar a los periodistas, porque no sería honesto ignorar que existen los que se acomodan a las circunstancias y soslayan los temas de interés, la investigación y la denuncia, reemplazándolos por otros más bien superficiales y cargados de sensacionalismo para no ser tachados por el poder como demasiado críticos o incómodos.

Lo anterior forma un círculo vicioso cuando se mira a los poderosos, a los que gobiernan en todos los niveles del Estado. Esos que optan por premiar o castigar con el dinero de la publicidad, los mismos que no dudan en atacar al mensajero cuando la información les causa incomodidad, cuando deben dar explicaciones acerca de lo que no están haciendo bien. Precisamente por eso es que la organización Reporteros Sin Fronteras considera que Bolivia cayó 10 puntos en libertad de prensa por la autocensura provocada por la presión económica. 

El panorama no es alentador porque la libertad de prensa sigue estando amenazada en Bolivia y en todo el mundo. Eso refleja que hay intolerancia creciente. El más perjudicado es el ciudadano, que jamás debe conformarse con el show y con la autocensura. De su exigente demanda depende la calidad de la información y de la democracia 

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