Escucha esta nota aquí

Parece un buen negocio. “En este momento las urbanizaciones están vacías, son nuevas, pero a nosotros como municipio nos conviene que nos paguen los impuestos”, dice Wilfredo Áñez, alcalde de Cotoca. Acaba de enviar su nueva delimitación de área urbana a La Paz, para que el Viceministerio de Autonomías le autorice una superficie de 62.440 hectáreas, casi un 50% de lo que tendrá Santa Cruz de la Sierra una vez consiga que le aprueben su nueva ampliación y se vaya hasta las 45.300 hectáreas. La diferencia es que mientras la ciudad capital tiene una densidad de 34 habitantes por hectárea, Cotoca dispone de dos hectáreas loteadas por cada habitante.  


Parece un buen negocio en Warnes, que en 2013 aprobó un área urbana que la dejó con 16.000 hectáreas de urbanizaciones, lo cual le daba una densidad de 4,8 habitantes por hectárea, pero ahora, mediante ley municipal, ha consolidado un radio urbano de 61.345 hectáreas, que le baja su densidad hasta 1,35 habitantes. Eso, según cuenta Rodrigo Zamorano, director de Catastro de Warnes, le genera recaudación por impuestos de Bs 6 millones por mes, pero también una cuenta por cobrar de más de Bs 1.000 millones de tributos en mora.  


La Guardia, en cambio, no lo considera un buen negocio. Su alcalde, Jorge Morales, se declara contrario a las urbanizaciones. Así lo asegura Ulises Rocabado, secretario de Planificación de dicho municipio, que explica que han definido un área urbana intensiva de solo 2.980 hectáreas. “No es negocio —dice Rocabado— porque cuando se juntan 10 casitas ya forman una junta vecinal y comienzan a exigir obras que sus impuestos no pueden cubrir”.


Sin embargo, su área de ampliación de mancha urbana no coincide con el reporte de un estudio del Instituto Ciudad de la UPSA. Según el análisis de Claudia Canedo, directora de este observatorio, La Guardia ya cuenta con 3.350 hectáreas de urbanizaciones a medio habitar y otras 2.000 vacías. Esto le da una densidad de 5,9 habitantes por hectárea.


El único municipio que conforma el área metropolitana que no se muestra afanado por ampliar su mancha urbana es Santa Cruz de la Sierra. Luego de que la intención de pasar de 38.000 hectáreas hasta las 68.000 cosechara críticas, Sandra Velarde, secretaria de Planificación, asegura que el municipio de la capital no quiere ni un centímetro más de tierra del que lo obliga la ley a adjuntar. Así, ha enviado un proyecto de homologación de 7.300 hectáreas, de las cuales 1.829 son de conservación (cordón ecológico del Piraí) y 5.424 son de urbanizaciones ya existentes. 

Empujado a crecer
Según el estudio de Canedo, los cuatro municipios de este lado del río que forman la actual mancha metropolitana comenzaron el siglo 19.900 hectáreas pobladas. Santa Cruz de la Sierra tenía poco menos de 20.000 hectáreas, Warnes llegaba a 300 y Cotoca y La Guardia no pasaban las 100 cada uno. Sin embargo, ya había 3.520 hectáreas de suelo parcelado vacío. La mayor parte estaba en los municipios pequeños, que tenían más área vacía que habitada. Canedo critica las urbanizaciones del extinto Fondo Nacional de Vivienda Social (Fonvis), que creó las primeras urbanizaciones que se caían del área urbana y dio malas ideas a los empresarios.


Para 2012, Santa Cruz había aumentado su área habitada a 25.500 hectáreas y el resto llegaba a 1.310 hectáreas, pero la oferta de tierra vacía se había ampliado hasta las 4.600 hectáreas. Ahí todo estalló.

Para ese momento, el Censo había definido un déficit habitacional de 200.000 viviendas (o un millón de personas) y en 2017 la oferta de terrenos baldíos en Santa Cruz de la Sierra, Cotoca, La Guardia y Warnes alcanza las 26.500 hectáreas, suficiente para albergar de forma eficiente a 2,65 millones de personas, más de la que habita la metrópolis. El área total de urbanizaciones a medio poblar llega hoy a las 40.000 hectáreas solo de este lado del río. Esa expansión ha provocado que la región metropolitana tenga hoy 65 kilómetros de largo, medidos desde la espalda de La Guardia hasta 10 kilómetros antes de Montero, donde se encuentra el último proyecto inmobiliario que se vende como tierra urbana.

Si miramos hacia el este, el parcelamiento más lejano aprobado por Cotoca está a 30 kilómetros del cuarto anillo. Si sumamos al Urubó a la medición, el ancho es de 50 kilómetros. Entre el Urubó y este lado del río, caben 8,8 millones de almas, el doble de la población con la que cuentan hoy las regiones metropolitanas de La Paz-El Alto, Kanata (Cochabamba, Quillacollo y Sacaba) y Santa Cruz de la Sierra.

Preocupación
“El futuro es negro  —dice Fernando Prado, urbanista, director del Cedure—. Hemos destruido la gallina de los huevos de oro, lo más valioso que tenemos, que es nuestro territorio”. 


Prado ve que un puñado de urbanizadores se han comprado todo el territorio, lo han comenzado a parcelar en municipios tremendamente débiles que no opusieron resistencia. “Nos han convertido a todos en especuladores inmobiliarios”, añade, pues asegura que muchos de esos terreno no son comprados por gente que realmente los necesita, sino por ciudadanos que al no obtener rentabilidad de los bancos decide invertir en lotes de engorde.


“Hemos sugerido que todos los municipios deberíamos manejar los mismos criterios de urbanización”, dice Sandra Velarde. Sin embargo, los municipios vecinos que conformaron en su momento la Mancomunidad Metropolitana siempre se quejaron de encontrar las puertas de Santa Cruz de la Sierra cerradas al momento de coordinar. Además, el municipio capital tiene problemas de límites con todos sus vecinos, que reclaman más hectáreas del que -según Velarde- figura en sus documentos de creación luego de la Ley de Participación popular.


Santa Cruz de la Sierra tiene hoy 34 habitantes por hectárea, pero Velarde asegura que existe una política de densificación dentro del octavo anillo, que es donde la ciudad tiene desarrollados sus servicios. En cambio, en el plan director de Warnes, se establece una densidad deseada de 20 habitantes por hectárea, es decir, cuatro familias o cuatro casas por cada hectárea urbanizada. 
Jimmy Toledo, arquitecto y sociólogo, asegura que esta política de expansión sin límite afectará al bolsillo del ciudadano, porque lo hará gastar más en transporte, elevará el costo de los servicios que tendrán que pagar por la baja densidad y empeorará su calidad de vida, por las largas distancias que deberán cubrir para llegar a una fuente laboral. Además, señala que al canjear tierra productiva (lecherías, sembradíos de caña y de arroz) por suelo de especulación, se afecta a la economía y se desplaza a los campesinos que allí trabajaban. Esto ya se ha visto en Warnes, que pasó de ser un municipio rural -capital de la leche- a un municipio eminentemente urbano.  


Un caso distinto es el de La Guardia. Cuando se concluyó la doble vía que la ata a Santa Cruz de la Sierra, se le acumularon 100 solicitudes de urbanización al alcalde Morales. “Ahí estableció una pausa urbana que duró entre 2006 y 2010”, explica Rocabado. Solo levantó la pausa cuando tuvo una reglamentación fuerte, que exigió servicios al empresario, la cesión del 40% de su terreno y la construcción de infraestructura social. Hoy, el urbanizador debe construir entre 18 y 32 metros cuadrados de escuelas u hospitales por cada hectárea habilitada. 


Sin embargo, cuando atravesó la crisis política, otros alcaldes le aprobaron a Morales urbanizaciones donde estaban previstos parques industriales y zonas de equipamiento, lo que provocó la inflación de su mancha urbana.


 Mientras Santa Cruz de la Sierra endurece sus requisitos para aprobar nuevas urbanizaciones en busca de mayor densidad, Cotoca y Warnes no le temen a la expansión. El alcalde Áñez explica que hay empresas como el Grupo La Fuente, Sion y Mundo Futuro que han decidido invertir en su jurisdicción, pero también cotoqueños que han hecho su parcelamiento. Áñez apuesta al éxito de emprendimientos privados, como el Parque Industrial Latinoamericano, en la jurisdicción de Warnes, para que su territorio vaya llenándose de obreros que puedan pagar impuestos para los que hereden su cargo. 


En Warnes, tienen la estrategia de “marketing urbano” y tratan de venderse como una ciudad EcoSmart. Zamorano resalta que tendrán dos carreteras, un tren urbano y la nueva ciudad de Santa Cruz, una ciudad diseñada desde los cimientos por el Grupo La Fuente, el mayor de sus 172 urbanizadores. Cuando se le pregunta para quiénes se está parcelando, si aún su territorio está vacío, Zamorano no se aflige. “Estamos proyectando una ciudad para la gente que tenga visión y quiera invertir —dice—. Somos un país enorme para 10 millones de habitantes. Necesitamos más población”.   

Comentarios