Escucha esta nota aquí


El virus ha bajado la intensidad de los ataques; sin embargo, uno de los oficios que más se cuida del Covid-19 es el de los odontólogos, por el constante contacto con la saliva.

Profesionales como Limberg Parada le tienen un respeto único. Él perdió a su madre por el coronavirus, y también a su abuela, así que no hay cuidado que esté por demás si de prevenir se trata.

Parada recién retomó el trabajo en la segunda quincena de octubre, estuvo durante toda la pandemia sin atender por la paranoia.

Hoy, por seguridad, ha reducido la cantidad de los pacientes y la frecuencia de días trabajados. También ha invertido en nuevos equipamientos.

“Estoy atendiendo luego de una consulta vía teléfono, en la que averiguo si hay alerta de Covid-19. Asisto al consultorio de dos a tres veces por semana en horario continuo y pido reserva con una semana de anticipación. Es todo un protocolo de desinfección antes, durante y después de cada paciente, y me tomo el tiempo que demanda un implante para cada uno de ellos, o sea medio día”, explica.

Entre sus modificaciones, puso vidrio divisor a la mesa de consulta, usa protectores de pies y no se saca la mascarilla hasta llegar a su casa, ni siquiera come fuera de su hogar para protegerse y cuidar de ese modo también a los pacientes.

“Uso además amonio cuaternario en los muebles, piso y material. Los instrumentos los lavo con detergente, luego los dejo esterilizar en líquido; por último los vuelvo a enjuagar y secar. Compré otro suctor de fluidos y tengo boquillas para succionar aerosoles. Atiendo a cada paciente con bata desechable diferente y encima del traje; dejo el aire acondicionado, y la ventana abierta”, cuenta.

Desde hace dos semanas, Parada sigue protocolos para cirugía con todos sus pacientes.

CUIDADO CON LA ROPA

Paola Terrazas está atendiendo desde hace varios meses, pero su clínica dental es estricta en una serie de medidas de bioseguridad, al punto de que hace ciertas exigencias a sus pacientes.

Previamente a la consulta, el paciente es sometido a un ‘interrogatorio’ vía telefónica para conocer su estado general de salud.

Quien llega al lugar es desinfectado con amonio cuaternario de quinta generación y con hipoclorito de sodio (zapatos), tiene que usar zapatos antifluidos, llevar ropa sin pliegues, strass o bordados. Del mismo modo, debe evitar accesorios como relojes, aretes, cartera, cinturones y otros, donde podría quedarse alojado el virus.

Para entrar a la consulta, se provee al paciente de botas descartables, de gel sanitizador, gafas protectoras, gorro y bata descartables, además de una bolsa para su barbijo y un recipiente para sus objetos personales.

Con un hisopo le hacemos oler el ácido acético para descartar que sea un paciente que porte el virus y sea asintomático”, indica Terrazas.

El retiro de las medidas de seguridad también es un protocolo aparte, realizado por terceras personas, y cuando no quedan pacientes en el lugar, se realiza, en el consultorio de Terrazas, una fumigación semanal de los ambientes “con bactericidas, virucidas y fungicidas. También contamos con ozonizador de aire y luz ultravioleta para nuestras instalaciones”, explica Terrazas.

EVITAR EL EFECTIVO

En muchos negocios se opta por el pago con tarjeta o también a través de transferencia bancaria para evitar el uso del dinero en efectivo, a modo de reducir al máximo posible el contacto físico. Suficiente ya tienen con la saliva.