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Leonard Bernstein, celebrado como uno de los músicos más influyentes del siglo XX, marcó el comienzo de una era de gran transición cultural y tecnológica. Lideró el camino en la defensa de una actitud abierta sobre lo que constituía la “buena” música, reduciendo activamente la brecha entre la música clásica, los musicales de Broadway, el jazz y el rock, y aprovechó los nuevos medios por su potencial para llegar a diversas comunidades de oyentes, jóvenes y adultos.

Director durante mucho tiempo de la Filarmónica de Nueva York, reconocido compositor de obras para la sala de conciertos y el escenario de Broadway, glamorosa personalidad televisiva, pianista virtuoso y educador comprometido, Bernstein era un multitarea mucho antes de que se acuñara el término. 

“Lenny”, como solían llamarlo cariñosamente, era un músico extraordinariamente dotado con un toque común. Mantuvo un enfoque de por vida en la defensa de la justicia social, especialmente los derechos civiles en casa y la paz en todo el mundo.

“La inquieta visión creativa de Bernstein desafía las categorías tradicionales, con una afinidad ágil por combinar estilos y géneros de formas inesperadas. Escribió música que a menudo era completamente accesible en la superficie, pero presentaba desafíos gratificantes para los intérpretes. En el proceso, dio forma a obras que atrajeron a músicos de todos los calibres”, afirma Carol J. Oja, presidenta del Departamento de Musicología Histórica de la Universidad de Harvard.

Vida y obra

Leonard Bernstein nació en 1918 en Lawrence, Massachusetts, y poco después su familia se mudó a Boston. Sus padres, Samuel Bernstein y Jennie Resnick, eran inmigrantes judíos rusos. Cuando era niño, Leonard estudió piano y descubrió por pura diversión el teatro. Dirigió a amigos adolescentes en producciones de verano. 

Por lo tanto, los rasgos centrales del Bernstein adulto se hicieron evidentes desde el principio, incluida su maestría musical precoz, su afinidad por el teatro, su talento para el liderazgo y el placer de trabajar con los jóvenes.

Su primer gran éxito llegó en noviembre de 1943 cuando tuvo que sustituir, sin ensayo previo, a Bruno Walter en un complejo programa con obras de Wagner, Richard Strauss, Rozsa o Schumann y que causó tal sensación que fue noticia de primera al día siguiente en el diario The New York Times. 

A lo largo de su trayectoria fue combinando la dirección con la composición y en ese primer periodo encontramos la maravillosa música que escribió para una coreografía de Jerome Robbins que tuvo muy buena acogida y el musical On the Town

Desde la década de los cuarenta mantuvo un firme compromiso con Israel plasmado en su vinculación con la Sinfónica de Palestina -germen de la Filarmónica de Israel-. Su segunda sinfonía, The Age of Anxiety marcó un punto de inflexión y comenzó a desarrollar, a comienzos de los 50, una frenética carrera internacional como director invitado de las mejores orquestas. 

Creó e impulsó festivales en Estados Unidos y otros países, compuso ópera y teatro musical, Trouble in Tahiti, Candide, Wonderful Town o West Side Story, esta última obra es uno de los grandes íconos de la música estadounidense.