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Es como una mala palabra. “Es necesario intubar”, le dicen a un paciente y a su familia, y las expresiones faciales cambian, en señal de desconcierto. Para muchos, intubar es casi como encaminarse a la muerte; sin embargo, los expertos en medicina coinciden en algo: es una oportunidad más para evitar el deceso.

“En realidad es sinónimo de una chance de vida porque se usan tecnología y medicina, equipos que mantienen vivo al paciente, cuando su cuerpo no puede mantenerlo con vida”, explicó Richy Anderson Hurtado, jefe del domo de cuidados intensivos (UTI) Covid-19 del Hospital Japonés.

“Esa percepción muestra que las personas están muy mal informadas, evitar la intubación es restar las chances de sobrevida que tiene un paciente, es negarle la oportunidad de continuar con vida”, aclaró Mauricio Martínez, responsable del domo UTI Covid-19 de la Caja Nacional de Salud (CNS).

“El miedo es algo infundado, pero quizá se basa en que escucharon o vieron a algún familiar que falleció intubado y de ahí la idea errada.
Considero que la intubación y posterior acoplamiento al ventilador mecánico es una oportunidad real de salvar vidas”, coincidió Andrés Martínez, encargado del domo UTI Covid-19 del Hospital San Juan de Dios.

Según ellos, si el cuadro del paciente es grave, no hay alternativa a la intubación, la más invasiva de estas intervenciones. “Si uno indica intubación en el paciente es porque no existe otra opción”, aseveró Hurtado.

El infectólogo Carlos Paz explicó que, cuando la persona tiene indicación de tubo es debido a que el pulmón y la musculatura ya están muy cansados. “Es la última opción que tenemos porque si la persona está oxigenando mal, puede ir deteriorando la parte metabólica y hay falla de otros órganos también”, advirtió.

Paz dice que si no se intuba comienza a fallar todo el organismo debido a la falta de oxigenación, hay muerte del tejido, lesión en órganos diana (afectados de forma secundaria) y, en consecuencia se da la parada cardiorrespiratoria.




LOS RIESGOS

Sin duda, los expertos también reconocen que entrar a una UTI para ser intubado puede tener sus complicaciones, como cualquier procedimiento médico.

Hurtado habla de los efectos de la sedoanalgesia, ya que un paciente en estado crítico debe pasar por sedación (estado de relajación) y analgesia (eliminación del dolor).

Dice que se le pone medicamentos para hacerlo dormir, meterlo en coma inducido por fármacos y reconoce que tiene sus efectos adversos. “Después pueden darse las complicaciones de la sedoanalgesia; si sobrevive el paciente, puede tener debilidad muscular”, aseveró.

Otro factor de riesgo, según Hurtado, es la falta de experiencia en el personal de las unidades de cuidados intensivos. Dice que los estudios revelan que este punto tiene importante incidencia en los índices de letalidad de los pacientes críticos. “Pueden dañar al paciente, incluso matarlo o aumentar los riesgos de infección al introducir los tubos, ya que éstos llegan hasta la tráquea”, sostuvo.

Otro elemento que debe considerarse, dice Hurtado, es que en todo paciente intubado se eleva la posibilidad de infección asociada a la ventilación mecánica, conocida como infección nosocomial; es decir, asociada al hospital.

A partir del día 4 ó 5 de la intubación, ya aumenta el riesgo de infección, de una neumonía asociada a la ventilación mecánica, agrega Hurtado, por eso a partir de ese momento aumenta la probabilidad de la traqueotomía, aunque la decisión está sujeta a una serie de situaciones, relacionadas con la respuesta individual del organismo del paciente.

“Si mi paciente va bien en el séptimo día de intubación, con buenos parámetros y mecánica, para qué le voy a hacer traqueotomía, si quizás mañana trate de extubarlo (retirar los tubos). Ahí no está indicada la traqueotomía temprana, hay que saber cuándo. Seguramente a los pacientes que estarán largo tiempo postrados, la traqueotomía puede ayudarlos porque produce mayor confort y menos complicaciones en vía aérea”, aclaró Hurtado.

El intensivista dice que es inevitable hablar de la traqueotomía a partir del décimo día o del decimocuarto. Pero aclaró que, igual que los intubados, los traqueotomizados también corren el riesgo de adquirir alguna bacteria, “Es que además está el tema del estado o sistema inmune, células, etc., son hartas las variantes que intervienen”, indicó.

Desde la perspectiva de Paz, no es el hecho de estar intubado lo que explica la complicación, sino la coincidencia de diversos factores, como la edad y las enfermedades sobreagregadas.

EVITAR LA INTUBACIÓN

No son alternativas a la intubación, pero podrían evitarla en una fase anterior, son los dispositivos de Ventilación No Invasiva (VNI), que van desde los solo nasales hasta los que cubren boca y nariz, e incluso toda la cabeza, estos últimos más conocidos como Helmet.

Este tipo de equipos sí aumentan las probabilidades de que el personal de salud se contagie, con alguna excepción.

Hurtado dice que con el Helmet no hay tanto ese riesgo porque cubre toda la cabeza, pero que en los otros dispositivos de ventilación nasobucal hay presión, de tal modo que cualquier fuga suelta un montón de virus del paciente, exponiendo al personal médico a esa carga.

El domo UTI Covid-19 del Hospital Japonés contaba, al comienzo, con 10 equipos Helmet, y que hoy no quedan, debido a que se deterioran rápido. Lo mismo ocurre con la Caja Nacional de Salud, donde había ocho equipos y hoy quedan dos.

El responsable del domo del Japonés dice que, como máximo, los Helmet aguantan tres pacientes, y que en realidad están indicados para ser usados por una sola persona, pero debido a la realidad de los hospitales públicos su uso se extiende. “Los Helmet que teníamos solo nos duraron para la primera ola”, explicó.

Mauricio Martínez aclaró que el Helmet es para pacientes que no están tan comprometidos y eso se evalúa con parámetros objetivos de oxigenación, como la Pafi, que es la relación entre la oxigenación arterial en el cuerpo y el aporte de oxígeno.

Hurtado dice que, al menos en el caso del Japonés, los pacientes llegan tan tarde que ya no da tiempo de apelar al Helmet, y a veces toca intubar. “Es darle una oportunidad más a la persona, y el beneficio a recibir debe ser mayor que todo el riesgo que corre”, dijo.


MORTALIDAD

Desde su propia experiencia y estadística, Hurtado dice que en una UTI no Covid-19 la mortalidad ronda entre el 35 y 40%, pero que en la UTI Covid-19 este indicador es más alto, “va de 70 a 80%”, aseveró.

Sin embargo, tiene la percepción de que en la primera ola era menor, no tanto por los pacientes en sí, sino por la casuística, ya que al haber más cantidad de personas en la calle, a diferencia de la cuarentena rígida, la proporción de las que se agravan también es mayor de antes.

“Teníamos mortalidad del 38 al 42% en la primera ola, en esta segunda ola probablemente sea mayor, es que ahora no estamos en cuarentena, todo mundo se contagia más, por tanto más gente llega a la terapia. Del 100% de contagiados, el 20 llega a internarse, el 5% ingresa a cuidados intensivos, y al haber más gente en la calle, los ingresos son proporcionales”, aclaró.

Según él, a diferencia de la primera ola, al menos en su unidad, hoy más gente joven se complica y fallece, pero dice que la mayoría es por patologías agregadas a la de Covid-19, y que siguen siendo los adultos mayores los más afectados de forma directa por el coronavirus.


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