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Do

Había un Sol radiante. Bajando por el tronco áspero de ese árbol estaba don Juan Carlos Barbery. Sus manos hacían bailar las notas y la guitarra les hablaba a aquellos dos niños que se apostaron a su lado. De pronto la música esparció su polvo mágico en esos oídos y esas narices pequeñas, y lo que ocurrió después se extendió hasta ahora. El hechizo los capturó y ellos- a su vez- capturaron a miles.

Re

Había vidrios esparcidos. Él tenía seis años y el susto salía de sus ojos. La mano izquierda estaba lastimada por la caída estrepitosa sobre esa botella. 56 puntos quedarían sellados y eso derivaría en dos años de fisioterapia. El médico le recomendó a ‘JC’ que practicara piano, guitarra o natación para su recuperación, pero el agua azulada podía esperar.

Kevin entra en escena. Todo lo que su hermano mayor hiciera, él también lo haría, sin importar esos tres años de diferencia. Juan Carlos nació un 13 de mayo de 1992 y Kevin, un 20 de enero de 1995. Un maestro de nombre Enrique sería ese cordón umbilical que uniría a los hermanos Barbery Frerking con la música, aunque esas guitarreadas con su padre en el campo sirvieron.

En 30 días aprendieron de melodía, armonía y ritmo. Pasó el tiempo y perdieron contacto con su ‘profe’. Quince años después un mensaje privado en Facebook saltó en la pantalla. Era él. Los pupilos querían verlo y el hombre también; esa cita no se concretó. Días después supieron que el destino se los arrebató.

Mi

Había un ensayo. Era del ministerio de música del colegio Espíritu Santo. ‘JC’ quería entrar y llevar a su hermano. El encargado le dijo que los ocho añitos de Kevin se lo impedían. Pero ‘JC’ no le hizo caso. El ‘enano’ tocó y convenció al profesor. Fue pase directo.

El coro cantaba y de lejos se divisaba un toco alto. Ahí estaba Kevin. Más de uno miraba esa escena y soltaba una risita; era atracción de multitudes. Y es que Kevin siempre tocó mejor la guitarra que ‘JC’ (lo reconocen ambos). Pronto dejarían de ser niños.

Fa

La barba delinea sus rostros. La sonrisa es perfecta por sus dientes blanquísimos. A sus 27 años ‘JC’ se impone con sus 1,81 metros de estatura. A su lado, Kevin hubiera querido crecer más, pero ya no puede por su edad: 24.

Una vez un amigo invitó a tocar a Kevin en su banda. Este le dijo a ‘JC’, pero no quiso, porque siempre fue “tímido y nervioso”. El hermano menor tocó con uno y otro conocido, pero siempre ansió hacerlo con su ‘bro’. Una noche lo nombró ante el público para que subiera al escenario y ‘JC’ -obligado- mostró su talento.

- “Quiero que vuelvan a tocar la próxima semana”, le dijo el dueño del boliche a Kevin.

- “¡Claro! Volveremos con la banda”, le respondió.

- “No. No quiero a la banda. Te quiero a vos y a tu hermano”, le devolvió el hombre.

Sol

Había bulla. Eran ellos. Una invitación digital los anunciaba como ‘Juan Carlos y Kevin’. Pronto eso cambió. En 2015 el dúo creó su Facebook como Hermanos Barbery Frerking y de eso pasaron ya cuatro años. Julio es su mes aniversario y su apellido se ha hecho tan popular en Santa Cruz de la Sierra, que solo basta con nombrarlos para que más de uno diga que los vio actuar y quedó maravillado al oírlos.

Los chicos son el combo perfecto entre su astilla artística y su atractivo físico. Quizá -sin querer- han sabido combinar ambos. El mejor marketing que tienen es el ‘boca a boca’. “Son churros y talentosos”, es lo que dicen sus clientes. Ellos no lo ven tanto así. Niegan que sean músicos, uno porque jamás estudiaron para eso. Juan Carlos es ingeniero comercial y pronto Kevin se graduará como administrador de empresas. Ambos tienen su espacio ganado en dos firmas de la metrópoli cruceña. Dos, para ellos es una ofensa llamarse a sí mismos ‘grandes músicos’ y esa denominación va más con Andrés Barba, Joseca, Fabio Zambrana o Leo Rosas, sus ídolos.

Ellos se quedan con: “dos personas comunes y corrientes”. Pero a lo largo de estos años han tenido “oportunidad, capacidad y suerte” para repuntar en el plano artístico. Esas tres palabras se las enseñó su papá, el pilar de su éxito. Él les compró sus primeras guitarras, micrófonos y parlantes cuando eran niños. Y el agradecimiento hacia este hombre es infinito. Ahora la mamá Érika Frerking y la hermana Janine (35) son sus principales fans.

La

Había una vez una fiesta. Una mujer se acercó a Juan Carlos y le dijo: “Quiero casarme con vos”. Osadamente quería ponerle al joven un anillo dorado de compromiso. Él se rio. Había una vez otra fiesta. A Kevin le pasaron una servilleta. En ella le preguntaban: “¿Querés salir conmigo?”. Estaban dibujadas dos casillas: “Sí” y “No”, pero en esta segunda se leía: “Si escogés esta opción tendrás que dar una vuelta para atrás”. Él también se rio.

Cuando la locura aumenta en un evento donde el dúo esté animando, muchas son las damas que se atreven a romper el protocolo para llenarlos de piropos y hasta de propuestas indecentes. Ellos no lo toman a mal. Y parece que hasta ya se acostumbraron a que los piropeen. Tienen miles de anécdotas con las féminas.

Si

Había una vez un dúo de chicos. Hoy son unos hombres. Juan Carlos enamoró con Daniela Plaza Ponte desde sus 15 y ya son marido y mujer. Kevin está soltero. Uno sabe a Black XS de Paco Rabanne y el otro -el menor- a CH de Carolina Herrera. Les gusta patear la pelota y en su momento llegaron a sudar en el kick boxing. Hoy su don los tiene inmersos en su mundo, la fama los rebasó y no los quiere soltar.

Aclaran: “La música es solo un hobbie”, pero ese pasatiempo ya tiene un ciclo de vida largo de cuatro años (y va por más). De tocar una vez al mes pasaron a realizar presentaciones cuatro veces a la semana. Los solicitan en todos los lados, quinceaños, cumpleaños, boliches, bodas...

Les gusta lucir bien. Son ‘traperos’. Kevin es amante de los zapatos y tiene 16 relojes. Las camisas y los jeans dominan en sus roperos. Van al gimnasio y a la ducha solar. Los dos son carnavaleros, bluministas y amantes de su familia. Solo en la playa muestran sus músculos. En los escenarios enchufan la guitarra para esparcir su encanto. La locura -por ellos- otra vez salta.

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