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Aunque la monarquía británica es vista por muchos ciudadanos del Reino Unido como un símbolo de unidad del país y que deja muchos dividendos por turismo, recientemente los hijos de la reina Isabel II han sido criticados por excesivos gastos que tienen en sus vidas privadas con dinero que les asigna el Estado.

Los príncipes Carlos de Gales y heredero del trono, y su hermano Andrés de York están en el ojo del huracán por lo que gastan, muchas veces en asuntos innecesarios o exagerados.

El periodista Norman Baker escribió el libro ¿Y tú, a qué te dedicas? Ahí cuenta algunas situaciones en el que los príncipes realizaron gastos extravagantes e innecesarios.

El escritor explica que todos los hijos reciben anualmente el dinero de la Corona Británica que, a su vez, proviene del Estado, es decir de los impuestos que el ciudadano paga.

Citó que el príncipe Andrés, duque de York, recibe por año 350.000 dólares para sus gastos personales, además de 25.000 dólares que le llegan de la Armada Real, por haber pertenecido a dicha institución. El hijo de la reina y sus hermanos no rinden cuenta sobre sus gastos.

Recuerdan que Andrés y su ex esposa Sarah Ferguson compraron un chalet en los Alpes suizos, que costó 20 millones de dólares y pocos cuestionaron dicha exageración.

Los casos del príncipe Carlos, que algún día será rey del Reino Unido, son aún más. Recuerdan que una vez viajó a Canadá y su mayordomo olvidó en Inglaterra su calzador favorito, con el que se ayuda a ponerse los zapatos. Hizo que en un vuelo privado regrese a su palacio y le lleve dicho objeto.

La familia real británica posee 15 palacios y castillos, dentro y fuera de Gran Bretaña, donde viven y pasan sus vacaciones veraniegas e invernales. A diferencia de otras familiares reales, como las de España y Dinamarca, que solo tienen dos casas.