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Sobria y muy elocuente. Gabriela Jiménez Cabral da un retoque a su maquillaje, elige sus accesorios y se acomoda el vestido para nuestra sesión fotográfica.

No está acostumbrada a posar para las cámaras. Le gusta estar ‘bien vestida’ y es clásica en su vestuario. “La apariencia no te define, pero te ayuda a proyectar una buena imagen”, señala.

Cruceña. De cabellera rizada. Treinta y nueve años, es soltera y no tiene hijos. No descarta llegar a la maternidad, pero cree que todo debe hacerse a su tiempo en la vida. Por el momento se dedica a su trabajo y a aportar a la sociedad desde las diversas instituciones a las que pertenece en Bolivia.

Ella, bien ella

Es ingeniera comercial y tiene un masterado en Marketing y Ventas.Además es diseñadora gráfica. También gerenta un grupo publicitario que produce gigantografías, letreros, armados de estands e impresiones gráficas, de la que también es propietaria en sociedad con una prima.

Actual presidenta de Juventud Empresa, entidad con 28 años de existencia y 300 afiliados en la región. “Somos una institución que promueve el empoderamiento de jóvenes profesionales y empresarios brindándoles relaciones estratégicas para que sus empresas crezcan y ellos se capaciten como líderes”, explica.

Habla con convicción y aborda temas de actualidad. “Algunas veces mis opiniones no coinciden con las de muchas personas, pero igual las expreso y las defiendo. Eso sí, respeto el criterio de los demás y soy firme creyente de la libertad y la democracia, que incluye la discrepancia”, manifiesta.

Cree que en nuestra sociedad hay una brecha socioeconómica entre hombres y mujeres, que en muchos casos no les permite crecer laboralmente.

Hace una autocrítica. Señala que las mujeres deberían abrir sus propios caminos en la vida y no esperar a que otros lo hagan. En vez de decir que existe discriminación hacia la fuerza laboral femenina, prefiere referirse a la brecha socioeconómica, que es un asunto sociocultural.

Para ella depende de cada una para superar esa brecha. “La ley no dice que no pongan a mujeres en altos cargos. Cada una de nosotras deberíamos preguntarnos: ‘¿qué hemos hecho para que esta brecha sea menor?’”, agrega.

Reconoce que en muchos de los casos hay exclusión a las féminas, pero también hay una “autoexclusión”, porque “nosotras no creemos en las mismas mujeres”. “Si no construimos nuestros propios sueños, alguien nos va a contratar para ayudarles a hacer realidad los suyos”, apunta.

Para Gabriela el poder femenino está ‘creciendo’. “Hay más mujeres empresarias y ese es un efecto que va en ascenso”, dice.Celebra que los roles tradicionales cambien y se equilibren, pues “la mujer y el hombre en equidad deben estar a cargo de la crianza de los hijos y de la manutención de la familia”.

Sus gustos

No todo en la vida de Gabriela es trabajo. Se da tiempo para leer, ir al gimnasio, trotar, reunirse con su familia y sus amigas para conversar de todo un poco. Está conforme con la vida que tiene, aunque dice que le falta mucho por crecer, pues sus anhelos no tienen límites.