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Es una bomba de tiempo. En la Virgen de Luján las rocolas sacuden a sus habitantes con sus ruidosos tentáculos y unos hombres de mal aspecto asustan a cualquiera. Los pícaros asaltan día y noche, y hay mujeres que salen a trabajar toda la noche. En ese submundo, alejado del centro, vive la miss Pampa de la Isla 2019, Fiorela Camacho Senseve, quien asegura que a pesar del ‘caos’, se vive en “total normalidad y tranquilidad”.

Fiorela es cruceña, pero radicó en Huacaraje (Beni) hasta sus siete años. Sus padres rompieron su matrimonio y su abuelito la trajo a Santa Cruz de la Sierra. Él y ella son uno solo. Si el tiempo retrocediera, la joven jamás desearía que las cosas fueran diferentes. No sería ella misma sin su viejito y si algún día este hombre le llegara a faltar en su vida, no sabría qué hacer. Prefiere no pensar en eso.

Vive en la calle 4. A una cuadra está el colegio Virgen de Luján donde se formó hasta el bachillerato y al otro lado ‘respira’ el canal del sexto anillo. Una vez volvía a su casa por la noche y un hombre la abordó y le quitó el celular. Se asustó. Ese ha sido el único robo que sufrió en su tierra.

Estudia Ingeniería Comercial en la universidad estatal. Cuando sale de casa extiende la mano en la calle para subirse a un micro de las líneas 27, 29 o 34. Esas la llevan hasta el segundo anillo y ahí la recoge la ‘vueltera’. Todo el trayecto le toma unos 45 minutos.

Sus familiares la animaron a concursar en el Miss Pampa de la Isla, pero nunca se imaginó ganar. A sus 21 años se convirtió en soberana y cree que la corona puede ser una “herramienta” para cambiar las cosas en su barrio. Pero quiere más.

Puso en pausa sus estudios universitarios para pulir su cuerpo y nutrir su cerebro. Ya fue a Promociones Gloria. Le pidieron que baje unos kilitos más y que en enero se presente al casting del Miss Santa Cruz. Le está atrayendo tanto ese título que siente que podrá darle a su gente el mayor regalo en 60 años de fundación de la Pampa de la Isla (cumplirá en 2020).

Su modelo a seguir es Desirée Durán. Cree que ella rompió todos los moldes cuando quedó como una de las 10 finalistas del Miss Universo 2006 en EEUU. Si Desirée pudo, por qué ella no.

Mide 1,70 m y es dueña de unos ojos color miel. Se los heredó su mamá. Estas últimas semanas ha dejado de comer su mayor tentación. Atrás quedaron los días en que se compraba cinco bolivianos de pan y se los ‘devoraba’ todos con un delicioso café caliente.

Le interesa el marketing. Es “muy buena” convenciendo a las personas para que adquieran un producto. Está “conforme” con su figura, pero cree que necesita estar más delgada y que, en su momento, se hará un retoque en la nariz. En la ‘Pampa’ prepara masaco de plátano para su papá, Aroldo (su abuelito), pero también se alista para ser una reina de belleza.


Simpática. Entregó todo para la sesión de fotos con Luis García