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Elizabeth Mercado Antelo (60) nació en Santa Cruz de la Sierra, pero fue lejos de su tierra donde se hizo muy conocida gracias a su buena sazón. Los últimos 40 años de su vida transcurrieron entre Estados Unidos y Canadá y a ambos países llevó consigo, muy orgullosa, las recetas de platos bolivianos, como el majao y las empanadas.

En California y Vancouver no solo encontró un lugar para vivir, sino también un motivo para emprender y enaltecer la gastronomía boliviana. Allá abrió un restaurante que bautizó como Pachamami, donde comercializa platos típicos de Bolivia y Latinoamérica. Atiende hasta 500 pedidos diarios y la gran aceptación que tiene su negocio en las playas de Canadá la hace soñar en grande, pues quiere exportar sus productos y posesionar su firma en más estados del norte.

Con alma y sello bolivianos

El logotipo de su firma lleva un toborochi y el nombre Pachamami para ella es una fusión de sentimientos. “Muchas personas me cuestionan y hasta me han criticado, pues creen que la palabra correcta es Pachamama, pero este denominativo une el sentimiento que tengo por la Madre Tierra y por la mujer que me dio la vida”, explica.

Liz cuenta que el nombre de su negocio también resume parte de su historia, que no ha sido fácil, al igual que la de muchos migrantes.

Ella viajó a Estados Unidos, en 1978, por motivos de estudios. Pronto creyó haber encontrado el amor y se casó. Sin embargo, luego de dos hijos y casi 10 años de matrimonio, su unión fracasó y decidió retornar a Bolivia.

Sola y con una familia que mantener abrió un snack, pero fue una medida temporal, sus ganas de superación la llamaban desde muy lejos, exactamente desde Vancouver (Canadá).

Allá se volvió a casar y se dedicó a trabajar en el área de las finanzas y la venta de bienes e inmuebles, pero no se sintió satisfecha. Y así fue que decidió emprender un negocio que involucre a toda su familia, pero, sobre todo, que le inculque su cultura a sus hijos. Usando su talento para la cocina nació Pachamami y hoy cree que fue la decisión más acertada.

Emprendedora

Con el esfuerzo de toda su familia hoy cuenta con un centro de producción y llega a sus clientes a través de un food truck que estaciona a orillas de Kitsilano Beach, uno de los sitios turísticos más populares de Vancouver.

“Mi negocio se ha convertido en una especie de refugio para centenares de personas que van en busca del sabor de su tierra”, comenta.

Su oferta es variada e incluye majao de diversos tipos, milanesas, saice, bife y picante de pollo, entre otros platos bolivianos. Sin embargo, su fuerte son las salteñas y las empanadas, de las que ofrece hasta 15 variedades.

“Hay desde las empanadas tradicionales de queso, hasta las de Nutella, omelette y chocolates. Hacemos todo lo que el cliente pide”, expresa la emprendedora que hace poco decidió incluir platos de Argentina, Colombia, Venezuela y Perú, ante la creciente migración hispana.

“Aunque hagamos más diverso el menú, mi objetivo es promover el sabor de la gastronomía boliviana y seguiré especializándome en esto”, aclara.

Su objetivo, parece no estar muy lejos, pues ya empezó a exportar sus empanadas a California y está gestionando la compra de un nuevo carro para ampliar su alcance en Canadá. Además, requieren sus servicios de catering para eventos sociales.

“Quiero llegar a más estados para dejar el legado a mis hijos y nietos y qué mejor que un negocio que haga grande a mi país”, concluye la orgullosa boliviana.

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