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FOTOS: REYNALDO SOLIZ

El 11 de marzo de 2004 Valeria llegó al hogar de los esposos Mariela Suárez y Henry Camargo. Era una niña sana, inquieta, de grandes ojos negros y llena de sonrisas.

Con dos añitos ya caminaba y soltaba sus primeras palabras, mamá y papá, para alegría de su familia, que no imaginó que con el tiempo debería volver a enseñárselas sílaba por sílaba.

Una noche, la cruel meningitis silenció el mundo de Valeria. Ya no habían palabritas dulces, solo llanto y desesperación. Hoy, con 15 años, su forma de comunicación es el lenguaje de señas, que refuerza con una cara risueña para transmitir el mensaje de sonreírle a la vida y también a los problemas.

El diagnóstico

Tenía la cóclea atrofiada; no podría oír más y, por lo tanto, tampoco hablar. Perdió el 100% de la audición del lado izquierdo y 90 del derecho. “Mi hija era linda y despierta, pero todo cambió. No podíamos sobreponernos”, cuenta su papá. Dice que había limitaciones económicas - él es funcionario del área de cobranzas de una empresa y su esposa, trabajadora del hogar - y que los grandes ojos negros de su pequeña hablaron por ella directo a su corazón. 

Interferencia

A sus cuatro años la inscribieron al Centro Educativo para Niños Sordos Julia Jiménez de Gutiérrez y buscaron ayuda médica, comenzando un capítulo de la vida de Valeria que podría titularse “Esperanza”.

Contrario a los diagnósticos, ella nunca se aisló y forjó un carácter dulce y sensible. Nunca se perdió un show de danza ni de teatro. Las profesoras le enseñaban los pasos y le marcaban los tiempos con señas.

A los siete años estuvo lista para su primer audífono y sus padres se esforzaron por costear las sesiones de audiometría. Hubo bastante evolución, recuerdan que fue una gran alegría escuchar sus “ma-má” y “pa-pá”, pero aquellos aparatitos tan caros tenían un tiempo de vida limitado.

Al terminar la primaria, Valeria tuvo que ingresar a un colegio regular, el Ramón Darío Gutiérrez. Frente al temor del bullying, en el aula la esperaban 12 chicos con su condición y otros 22 que estaban felices de recibirla.

Hoy, con la ayuda de una maestra intérprete, es una de las mejores alumnas del primero de secundaria. Ama las matemáticas, el cine y el fútbol. Y algún día quiere estudiar algo relacionado con computadoras.

“Aún no existen facilidades para que las personas con deficiencias auditivas puedan estudiar en la universidad, pero sueño con que Valeria salga profesional”, expresa Henry.

Con sus manos Valeria dice que es una persona feliz, que sus hermanos, Gustavo (20), Gerald (7) y Valentina (4), sus padres y sus amigas son lo que más ama en el mundo.

Pronto recibirá un audífono donado por los rotarios. Está emocionada, quiere oír todo y charlar horas con sus seres queridos.

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