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POR: CYNTHIA LEAÑO

Ilani Ribero lleva tres años viajando, travesía que emprendió para descubrir nuevos países, culturas y personas que le dejen grandes enseñanzas. Y es que para ella “viajar es pintar de colores el alma”.

La escritora, administradora de Turismo y paisajista cruceña acaba de regresar a su tierra con una infinidad de experiencias recolectadas en más de 17 países y que planea plasmar en su segundo libro y, posteriormente, en un podcast.

Un mundo por descubrir

Viajar siempre ha sido algo muy importante en mi vida. Tengo recuerdos viajando desde mi niñez en familia”, expresa. Así, en pequeña le mostraron que había un mundo desconocido afuera y conforme fue creciendo quería explorarlo y conocer más. En joven todos sus ahorros se convertían en pasajes a diferentes destinos, ya que para ella, las experiencias son más valiosas que las cosas materiales.

Hasta 2018, emprendía viajes cortos, pero en marzo quiso llegar más lejos y miró hacia el otro lado del mundo, alistó una mochila y se lanzó al sudeste asiático.

Lo que estaba previsto para un paseo de cinco meses se convirtió en una travesía de casi tres años, por 17 países y un capítulo que transformaría su vida. Estuvo en Catar, Turquía, Camboya, Vietnam, Tailandia, India, Singapur, Aruba, Egipto, Jordania, Malasia e Indonesia, solo por nombrar los que recuerda de memoria.

Allí, agradecida por las maravillas que descubría y las personas increíbles que conocía, quiso retribuir un poco a la vida a través del voluntariado.

También se animó a crear contenido de viajes “desde una manera muy personal, a través de relatos vivenciales, con la intención de inspirar a más personas a salir de su zona de confort y animarse a perseguir sus sueños”.

Servicio

Realizó tres voluntariados, el primero fue en Camboya, donde trabajó como profesora de inglés, en un pueblo pequeño; el segundo, en la comunidad Mindful Farm, en Tailandia, aprendió a cultivar sus propios alimentos y nuevas filosofías de vida bajo la guía de un exmonje budista; y, finalmente, en Malasia, apoyó a niños refugiados y huérfanos.

“Estas fueron las experiencias más lindas. Uno piensa que va a enseñar, pero termina siendo quien más aprende”, asegura.

Mucho para contar

Cuando era niña, cargaba a todas partes una especie de diario en el que anotaba “frases e intentos de poemas”. En su época de promoción fue la primera vez que se animó a compartir los textos que guardaba en la más profunda intimidad.

Y en 2015 nació Miel con Limón, su primer libro, obra de micropoemas y, según la autora, “una muestra de que la belleza está en lo más simple y que usando pocas palabras, podemos transmitir mucho”.

Para su segunda obra literaria piensa cambiar de género para compartir las experiencias de sus viajes. “No estaba sola, me tenía a mí misma. Comprender eso hizo toda la diferencia”, se lee en un fragmento que adelantó en Instagram, donde inspira a 30,9 mil seguidores con sus textos y fotografías.

A sus compañeros de viaje ‘virtuales’ y a todos los que quieran unirse a esta aventura les promete que está dedicando todo su “tiempo y amor” para que disfruten y aprendan tanto como la protagonista de esta historia.

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