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Sus orígenes

Carpía. Cosechaba maíz. Cortaba sésamo. Limpiaba la soya. Jalaba los bejucos. Antes, a las 5:00 desayunaba y de 6:00 a 18:00 se entregaba a sus tareas agrícolas sin importarle cuánto calentaba el sol. Eso cuando María Elena Montero tenía apenas 12 años. Los menonitas le pagaban 70 pesos por su trabajo. Y ella quedaba feliz. Tenía que trabajar para subsistir.


Así la 'Baby' trabajaba en el campo en San José 

Su madre la parió un 13 de agosto de 1997, pero no pudo ver por ella ya que sufría de bipolaridad y crisis nerviosa. Delia Chávez la crio. Su abuela se convirtió en esa mujer que le dijo que todo esfuerzo tenía su recompensa. María Elena es una de las nueve raíces de Bella Salvatierra y Franklin Montero. Desde pequeña atendía una venta en la comunidad La Fortuna, a unos 45 kilómetros de San José de Chiquitos y los domingos se sumergía en el campo para trabajar la tierra.

Años después la vida le daría ese premio del que le hablaba su abuela. Pronto dejaría ese pueblo bendito de la Chiquitania para ser devorada por la metrópoli cruceña.

Su catapulta

Pasados los 20 pisó Santa Cruz de la Sierra y una amiga la empujó para que probara suerte en el casting de un reality show. Ella fue y resultó elegida. En la televisión rompió el cascarón de la timidez. Su apodo ‘Baby’ se metió en las fibras de las redes sociales y hasta crearon un grupo de fans por ella.

No buscó ser una estrella. Sí deseaba volar y llegar lejos, pero jamás pensó que la ‘caja boba’ la convertiría en una ‘celebridad’ en su pueblo. No puede cruzar tranquila la calle, porque los josesanos corren hacia ella para pedirle una selfi. La fama la capturó y María Elena siempre mantuvo los pies en la tierra.

“Vos no sos alzada como los demás”, le dice la gente. La rubia no se olvida de dónde ha salido. Se enorgullece. Cuenta que gracias a la educación de su abuela se convirtió en lo que es ahora, una mujer que juega con la televisión y el modelaje.


La sesión estuvo a cargo de Reynaldo Soliz (foto), Duber Drew (productor), Micaela Vargas (makeup) y Fiorillo & Fiorillo (vestuario) 

Su dolor

La vida la golpeó. Ella supo salir de la oscuridad. Con el dinero que obtuvo de su triunfo en un reality show pagó el tratamiento de su mamá. La llevó a Sucre y ahí la atendieron. Hoy la mujer que cumplirá 50 años el 27 de febrero toma medicamentos y ya se la ve más tranquila. Lloró por ella. Sufrió. Creyó que jamás podría ayudarla. Pero pudo hacerlo.

Hoy, a sus 22 años, tiene un nuevo rol: la corona.

Su labor

Durante unos días estuvo fuera del país y se desconectó. Cuando retornó a San José su celular sonó. Era una invitación importante. Se juntó con el alcalde Germaín Caballero y este le dijo que ella tenía que ser la reina del Carnaval. Al comienzo dudó. Luego, aceptó.

Es carnavalera. Es de las que agarra el balde y echa agua a cualquiera. Es de las que se entrega a la diversión durante los tres días de feriado. Esta vez comandará el jolgorio de la ‘cuna de la cruceñidad’. Este viernes 21 será coronada y al siguiente día tendrá que reír mucho durante el corso.

No sabía andar con zapatos de tacón. Aprendió de a poco. Jamás fue una ‘creída’. Revela que es bien ‘despierta’ y que nadie se la charla. También ha llorado por amor. Hace unas tres semanas rompió su relación de dos años con el chileno Felipe Camus y hoy quiere estar sola. “Solo quiero tranquilidad en mi vida. No quiero sufrir. Quiero dedicar el tiempo para mí”, apunta.

Sus aspiraciones

En marzo, cuando pase la locura, vivirá en Santa Cruz. En el pasado detuvo sus estudios de Ingeniería Comercial. Hoy apostará por Comunicación Social. Su punto de mira está en la televisión. Cierra los ojos y se ve como conductora.

No tiene ‘mucho’ dinero para sobrevivir en la ciudad. “Si tengo que trabajar de mesera lo haré. No tengo ningún problema”, agrega. “Soy machanga para hacer de todo”, encierra. Y se valora: “Soy bonita. Todas las mujeres somos hermosas. Si nosotras no nos halagamos, nadie lo hará”.

No le tiene miedo a nada. No le interesan las apariencias. Ella ha bebido de la fama, pero no se ha dejado marear. Sabe cómo es vivir independiente. Cocina. Prepara de todo. Lanza otra confesión: “come como camionero”. Nunca puede faltar un buen locro de gallina criolla en la mesa. “Que lleve su pechuga y su ala”, añade. Ella es así. “Mi corazón no tiene maldad. Eso sí mi inocencia se acabó en la ciudad”, conversa.

Esa chica ‘dorada’ y ojos claros coquetea con una corona de belleza. Soñar es lo que le permite ser una ‘Baby’ original.