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Es una mujer muy atractiva, con una figura escultural y que siempre está elegante y sonriendo. Patricia Urenda Aguilera dice que su interior se refleja en el exterior, que es una persona feliz.

En marzo de 2020 cumplirá 70 años. No oculta su edad, es más, se siente orgullosa de ella.

Nació en la Santa Cruz con calles de tierra, cuando era un pueblo chico, con muchas carencias, pero con mucho calor humano, gente trabajadora y alegre.

Durante varios años se la conoció como la dama de la hípica, pues poseía algunos de los caballos más hermosos de la región.

Pero hace un tiempo decidió dar un giro a su historia y dedicarse a la repostería.

Primer gran amor

Siempre le gustaron las mascotas. Dice que el cariño de los animales a sus amos es muy especial. “Son leales y su cariño es incondicional. Cuando los humanos nos abandonan o traicionan, ellos están a nuestro lado”, expresa.

Desde que era chica crio perros y gatos. Tenía 12 años cuando un tío le regaló su primer caballo, que montaba por el campo.

En 1981 abrió su criadero de canes. Vendía perros con pedigrí, pequeños, medianos y grandes. Decidió cerrar su negocio, pero se quedó con algunas mascotas.

También tuvo en su casa aves exóticas. Llegó a tener 50 especies hermosas y coloridas, algunas traídas de Asia y de diversos países de las Américas.

Fue en 1990 cuando trajo de Brasil 15 yeguas y dos potros árabes pura sangre. “Fueron la sensación en Santa Cruz. Los hicimos reproducirse y aportamos al mejoramiento de la genética de los equinos”, manifiesta.

Patricia se convirtió en amazona. Compitió, ganó pruebas hípicas regionales y nacionales, pero sobre todo, cabalgaba de manera recreativa y lo sigue haciendo.

También fundó Haras Aladin, en las cercanías de Cotoca. Allí tenía sus caballos, los entrenaban y hacían la reproducción. Se agotó, demandaba trabajo de sol a sol, así que cerró el lugar.

“En esa época participaba en los Días de la Tradición Cruceña con mi caballo pura sangre y mi bandera cruceña. Asistía a eventos en pueblos y participé en varias ediciones de la Feria Exposición donde gané diversos premios”, recuerda.

Pero su gusto por los caballos nunca lo perdió. Aún tiene algunos ejemplares en una propiedad rural por el Urubó.

“Es inigualable la sensación que se siente cuando se cabalga, dominar a la bestia sin hacerle daño. El viento que te da en la cara, el movimiento del animal y la velocidad genera adrenalina y se percibe libertad”, comenta, dejando en evidencia que su pasión sigue intacta.

Su familia

Tiene tres hijos: Ernesto (50), Patricia (47) y Guillermo (42) Justiniano Urenda. Ellos ya tienen sus propias familias y le han dado 11 nietos.

“Son lo más importante en mi vida y mi mayor orgullo, pues los veo realizados y siento que cumplí”, asegura.

Su vida

Reconoce que es coqueta, que le gusta verse bien. “Aunque sea para ir al mercado me arreglo, me maquillo un poco y me pongo un vestido bonito. Me gusta reflejar una buena imagen, eso me hace sentir bien”, manifiesta.

Sobre la figura que toda su vida ha lucido dice que un poco es cuestión genética. También se debe a que está en constante actividad, no es sedentaria.

“Desde jovencita he practicado deportes. La natación ha sido una de mis actividades favoritas, también la hípica, el raquet y ahora voy al gimnasio y hago caminatas”, asegura.

Sobre su alimentación dice que come sano, pero confiesa que su debilidad son los chocolates y que con eso sí se da gusto.

Nuevos rumbos

Recientemente Patricia incursionó en un nuevo emprendimiento. Tiene un negocio de repostería en la av. Monseñor Rivero, donde prepara, entre otras cosas, 20 clases de galletas finas para tomar el té y que son una verdadera delicia.

“Tenía este talento escondido. Me gusta preparar queques y dulces. Aprendí el oficio leyendo recetas de famosos chef internacionales”, cuenta.

Afirma que hoy vive plenamente, que se mantiene muy activa. En su casa tiene diversos tipos de plantas y animales, a los que les dedica muchos cuidados.

Posee tres perros y cinco gatos. Los caballos también están presentes en su domicilio, solo que en cuadros, fotos y monturas como parte de la decoración. Y no podía ser de otra manera, pues Patricia fue y confirma que siempre será una mujer que ama a los animales.

Inolvidable. Patricia Urenda junto a Demes Jr., un caballo árabe pura sangre que la acompañó por 17 años

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