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Su día comienza a las 6:00 y termina a las 2:00 de la mañana. Su jornada transcurre entre la iglesia, el canto, los uniformes de sus hijos y los ‘pelitos’ de los perros y gatos que se alojan en su casa.

Así es hoy la vida de Lorena Villalobos, la exmagnífica que hasta hace una década impactaba en eventos de moda, ferias y calendarios, y que ahora es madre a tiempo completo, dueña de un hotel para mascotas y rescatista de animales.

Aunque considera que hoy es otra persona, aún conserva algunos rastros de su antiguo ‘yo’. Todavía le encantan los cambios de look extremos y, a pesar de que ya no es modelo, le gusta verse siempre impecable. Además, apoya a su hija, Danna, que quiere llegar a ser una maniquí y para ello la inscribió a clases de pasarela con Ronaldo Wellington, quien fue su mentor en el pasado.

Hitos que marcan

Su vida dio muchos giros. Todos ellos se debieron a situaciones que marcaron su existencia. Desde que decidió mudarse a Santa Cruz a sus 19 años, esta trinitaria, ahora de 38, no ha hecho más que transformarse. Fue modelo de pasarela y publicitaria. Participó en la Expocruz con grandes empresas e impactó con un calendario ultrasensual en 2006.

Ese mismo año se casó con Ernesto Justiniano y al poco tiempo se convirtieron en padres de Danna (12) y Ernesto (9).

Todo iba viento en popa hasta que en diciembre de 2011, en plena sesión de ducha solar sufrió un colapso pulmonar. Esta enfermedad le produjo mucho dolor y ataques de pánico, y recién en 2012 encontró la cura en Cristo.

En 2018 apoyó en la conformación del Centro Cristiano Familiar, donde brinda consejería espiritual y canta.

Considera que está en el lugar correcto, pero aún le faltan muchas metas por cumplir. “Quiero teñirme el pelo de rojo, tener más hijos, renovar mis votos matrimoniales, escribir un libro y lanzar un disco con mi música, revela.

Los ‘peluditos’

Desde que era niña le encantaban los animales y los consideraba parte de su familia. “Siempre tuve una pasión desmedida, yo los trato como a seres humanos”, dice.

Esta administradora de empresas nunca pensó que llegaría a convertir su amor por los ‘peluditos’ en un negocio. Y lo hizo, hace un año instaló un hotel para mascotas. “Hasta entonces solo me dedicaba a rescatar perros y gatos, curarlos y darlos en adopción. Así me quedé con ocho gatos y tres tortugas”, cuenta. Además, tiene a Tizón, un perrito que es su adoración.

Ella se denomina ‘pet sitter’ (niñera de mascotas) y tiene el apoyo total de su familia, especialmente de Danna, que la ayuda con el cuidado de sus ‘huéspedes’.

Lorena sabe que su vida seguirá cambiando, pero está segura de que encontró su rumbo. Está feliz con lo que tiene, pero espera que le alcancen el tiempo y las energías para fundar un refugio y así aportar con su granito de arena a la sociedad.

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