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Es una mujer nómada. Su vida ha transcurrido entre Beni, Santa Cruz de la Sierra y Cochabamba, donde radica actualmente. Sin embargo, la modelo Karla Darynka Montero afirma que cada parada tiene una “misión” en su vida para aliviar el peso de la soledad y reforzar su lucha de empoderamiento femenino.

Su infancia

Nació en Guayaramerín, pero a sus 10 años tuvo que partir a San Borja, porque sus padres migraron a Europa en busca de mejores días. Ella se quedó con la tutela de su abuela. Eso le dolió y mucho, pero pronto el amor y afecto de su matriarca la ayudó a adaptarse a su nueva vida.

Se crio jugando en la ‘plaza del pueblo’ y trepándose a los árboles. Pero, esa niña creció y el destino le tenía preparada otra misión. Se graduó de bachiller y llegó la hora de partir nuevamente. La ciudad de los anillos la esperaba para formarse como profesional.

El gran cambio

En 2014 llegó a Santa Cruz y empezó una nueva vida. Se alojó en la casa de unos tíos y lo primero que hizo fue estudiar Diseño de Interiores. Tenía mucha afinidad por los planos y colores; además, quería explorar su creatividad. Sus deseos de superarse eran tan grandes como el miedo que sentía de vivir en un lugar completamente distinto al que estaba acostumbrada.

“Fue todo un reto, porque siempre viví en un pueblo tranquilo. Me topé con una ciudad que nunca para”, recuerda.

El salto a la fama

Los meses pasaron. Darinka ya había superado sus miedos y se adaptaba a su nuevo lugar cuando su destino volvió a dar otro giro. Una compañera del instituto le pidió que la acompañara a un casting para un reality show. Pronto, la producción de ese programa la invitó a ser parte de él. Quedó en shock, pero no declinó y aceptó el reto. Era una nueva puerta.

Participó del programa televisivo durante tres temporadas hasta que una lesión en su pierna derecha le impidió seguir en la pantalla. Ese daño no le permitió caminar durante tres meses y ella replanteó su destino. “Ese tiempo me hizo reflexionar mucho sobre mi futuro. Decidí retirarme definitivamente para empezar una carrera universitaria. La televisión me dio mucho, pero ya cerré ese capítulo y tengo otras prioridades en mi vida”, expresa tajantemente.

Una de esas cosas que le dio la ‘caja boba’ fue el amor. La joven enamora desde hace dos años con el presentador cochabambino Ronald Arnez, a quien considera uno de los pilares que la sostienen en sus ahora 22 años. “El me apoya en todo y, además, hace mis días felices, ya que siempre me está sacando sonrisas”, cuenta. Prefiere no hablar de matrimonio.

Nuevo comienzo

Su relación amorosa hizo que Cochabamba se convirtiera en su nuevo refugio, pues viajaba hasta allí para encontrarse con su amado. Su vida volvió a tomar un nuevo rumbo. El año pasado la Ucatec la invitó a ser imagen de la institución y la becó para que formara parte de sus filas.

“Dios estuvo conmigo en cada cambio que hice para ayudarme a hacer y decidir lo correcto”, señala. Ahora Karla, como la llaman de cariño, está en el tercer semestre de Marketing y Publicidad.

Aunque aún no ha definido donde pondrá en práctica su profesión tiene bien definidas sus metas. “Estoy muy cerca de mis sueños, pero el camino hacia ellos no ha sido fácil. Todo lo que he hecho me llevaron a empoderarme como mujer”, expresa la joven que ya trabaja en un ambicioso proyecto empresarial.

Por el momento la muchacha, de 1.64 m, se queda en la Llajta. Ahí construirá su futuro.