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 Con tres retoños. Tatiana Limpias, Juan Ricardo, Juan Guillermo, y Nicolás 
En Casacor. Siria García y Alejandro 
Juntas. Nágera Nacif y Zahira
 Linda postal. Yuly Martínez y Fabio Espinoza, con Nicolás, Yuliana (+) y Fabio
5. Luchadores. Georgina Rivero y Jorge Andrés Arteaga (+)

 

 

 

Georgina Rivero
Las letras fluyeron. “Cansado del camino...”. Cantó. “Sediento de ti...”. Siguió. Una brisa extraña llenó el lugar. Ella quería que, a través de esa canción, su hijo encontrara el camino al cielo. Él ya no la oía. En realidad, no la oiría nunca más. Sus ojos se cerraban. No se movía. Estaba frío. Friísimo. Había entrado en coma. 

“Sumérgeme en el río de tu espíritu, necesito refrescar...”. Elevó más su voz. Con una mano agarró a su esposo y con la otra a su hijo. “Siempre estaremos unidos”, les dijo. Y en su cabeza giraba aquello que Jorge Andrés le dijo cuando abrió su boca por última vez: “Sos mi mamita hermosa, bella y preciosa. Sos poderosa...”. 

El hijo de Georgina murió dos veces. Una, hace 10 meses a partir de ese espantoso momento y otra el 4 de mayo de este año. Le aseguró a su madre que había recorrido el sendero divino y que Jesucristo lo cogió en brazos. Su madre creía que tenía que llevarlo hacia él y también donde estaba su papá ‘Negro’ (el abuelo). Su esposo quiso huir. No soportaba eso. Ella lo detuvo y los tres se unieron en un apretón de manos....  
Jorge Andrés tenía 23. Chimuco, le decían. Era hincha de Blooming. Y fue muy popular por el deporte. Estudiaba dos carreras. Hace 24 días se fue de este mundo. El cáncer se lo llevó. Ya estaba entre las fases 3 y 4. Cuando sufrió metástasis de pulmón y páncreas, le dieron solo dos meses de vida. Su madre, Georgina Rivero, tiene otras razones para vivir: Liz Danna, Mía Valentina, Andrea y Víctor Andrés, que tiene síndrome de Down. Esta mamá nunca se separó de su lado, postergó su vida para acompañarlo, es una guerrera del amor.

Siria García 
Su cabeza le dolía y pensaron que los lentes le ayudarían a calmarla. Pero no fue así. Un tumor se apoderó de la glándula pineal de Alejandro Peña. Era difícil extraerlo. Ya tenía tres meses de crecimiento. El 9 de mayo de 2014 lo operaron para aliviarlo de la hidrocefalia desarrollada. 
Le dijeron a Siria García, la mamá, que la vida de su retoño estaba en juego. Ella renegó contra Dios muchísimo. “¡Por qué a mí!”, le gritó. Y ella cree que hubo respuesta. El colegio Franco se puso la camiseta. Muchos ayudaron.
Con el dinero recaudado Siria viajó a Argentina. El 5 de junio le extirparon el tumor y cuatro días antes había sido su ‘cumple’. Pero la desgracia no se iba: tenía cáncer. Vinieron las radioterapias y las quimioterapias. Y sanó, pero los controles continúan y en 2019 será el quinto. Alejandro ya tiene 18. El martes una aguja pinchó su brazo y anotó: “I love you mom”. Y Siria también se tatuó: “I love you more”. “Él es mi guerrero dragón”, dice, pero ella también lo es.

Tatiana Limpias 
El 29 de mayo se cumplen ocho años de aquel instante en que los ojos de Juan Guillermo se abrieron y volvió en sí. Un accidente lo había empujado al abismo e hizo que se debata entre la vida y la muerte. Estuvo postrado durante 54 días con una lesión cerebral muy severa que se convertía en el dolor más grande de Tatiana Limpias. Cada vez que observaba a su hijo, el sufrimiento taladraba su corazón, pero no desmayó. 
Parecía que no había ninguna señal de vida. En su momento muchos no creyeron que Juan Guillermo se recuperaría, pero ‘Tati’ perseveró y jamás pensó en desconectar a su pequeño. Hoy él ya terminó los estudios académicos y tiene una maestría en Administración de Empresas.
Hace seis años Juan Ricardo, el otro gemelo, se cayó del escenario del extinto Palladium y se golpeó la cabeza. Se aferró a la vida. Y se quedó en la Tierra. Ambos tienen 27 años y con Nicolás, de 21, son los tres orgullos de Tatiana. Ella es otra guerrera del amor.

Nágera Nacif 
En junio se cumplen 10 años de aquella desgracia. Zahira se sintió mal. Una diabetes insípida abordó su cuerpo. Ni su mamá, Nágera Nacif, ni la pequeña habían escuchado esa enfermedad. 
Le comenzaron a hacer resonancia magnética en Brasil, pero Nágera vio que su hija no crecía. Pronto la hizo ver. Le pusieron la hormona del crecimiento durante tres meses. Se extendió 10 cm más. Sin embargo, seguían los males. Vomitaba. Estaba hinchada. El doctor le dijo que le faltaban dos hormonas más, la de tiroides y la de corticoides. Tomaron un avión y llegaron a Brasil. Allí le confirmaron lo peor: un tumor maligno en el cerebro.

Nágera quedó estupefacta. Respiró hondo y empezó el caos. Nágera nunca aceptó que su hija tuviera cáncer. Su niña, de 10 años, no entendía qué pasaba. En el país vecino no le pudieron sacar el quiste por la nariz y le tuvieron que abrir el cerebro. Zahira salió victoriosa del quirófano. 
La pequeña hizo la quimioterapia y después de un largo proceso no le volvieron a detectar células cancerígenas. Se sanó. La mayor fortaleza de ambas fue Dios. Nágera jamás se dejó vencer. Y es otra guerrera del amor. 

Mónica Arzabe
Era el 11 de julio de 2016. Ángela se fue a San Pablo, pero sucumbió a un accidente de bus. Su mamá, Mónica Arzabe, y su hermana, Flavia, tomaron el primer avión a Brasil y fueron a verla. La encontraron ‘invadida’ de tubos. Y esa imagen, Mónica no pudo quitársela de encima. Se desesperó. Lloró y sigue llorando. Pero no perdió la fe. Fueron momentos duros, durísimos. 
Solo podía verla dos veces al día. Y se aferró a Dios. Mucho. Ángela tuvo “muchas” cirugías y el proceso de recuperación fue largo. Todos los diagnósticos que le decían de su hija eran “terribles”. Así lo recuerda Mónica. Pero sigue firme. Repasa el Salmo 91 todo el tiempo. Ahora dejó de trabajar y solo se dedica a Angelita. Es un trabajo difícil, pero cree que solo el amor y la esperanza pueden vencer la batalla. Es una gran guerrera del amor.

Yuly Martínez
En octubre de 2015 Yuliana tenía ocho años. Le diagnosticaron cáncer de hueso. Fue un golpe para Yuly Martínez, su madre. Un mes después comenzó el tratamiento de 19 quimioterapias. Entre 2016 y 2017 la operaron unas 10 veces. No aguantó. Falleció en enero de 2018. Yuly no perdió la esperanza. Cree que todo tiene un porqué. Luchó a su lado por dos años. Piensa que algún día volverá a ver a su hija. Es otra guerrera.

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