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Mide 1.60 m., pero su look, impecable de pies a cabeza, hace que jamás pase desapercibida. En su cartera nunca faltan un perfume, un lápiz labial, rímel y brochas, por si surge alguna eventualidad. Su trabajo así lo amerita, aunque ella afirma que lucir bien no es una cuestión de vanidad, sino un reflejo de la personalidad.

Ella es Lisseth Majluf, la asesora de imagen y personal shopper que se ha convertido en el hada madrina de mujeres y varones que buscan verse y sentirse bien. Empresarias, reinas de belleza y hasta amas de casa son sus mejores clientes. Con todas ellas empieza desde lo más básico: elevar la autoestima a su máxima expresión.

El principio de su obsesión

Tiene 36 años y por sus venas corre sangre beniana. Su padre es de San Borja y su madre de Santa Rosa, aunque migraron a Santa Cruz cuando ella tenía tres años.

Recuerda que a esa edad protestaba cuando su madre le ponía vestidos pomposos, pues no toleraba el tul ni el cancán.

“Mi madre me decía que tenía que estar linda aunque sea para ir a la venta, porque uno no sabe a quién se va encontrar y que lo que cuenta siempre es la primera impresión. Esas palabras calaron en mi mente, hasta que se convirtieron en un hábito”, asegura.

Así, a los 13 años ya aconsejaba a sus amigas cómo ir vestidas a los festivales del colegio. Y tras salir bachiller estudió Marketing y Publicidad en la Utepsa, en Santa Cruz, y Asesoría de Imagen y Personal Shopper, en la Ecole Francaise de Mode et Relooking, en París (Francia).

Hace tres años se animó a poner en práctica lo aprendido en Santa Cruz de la Sierra, a pesar de ser un rubro poco explorado en el medio, y en este corto tiempo llegó a crear un buen portafolio de clientes particulares y de marcas relacionadas a la belleza. Además, es docente del diplomado de Asesoramiento de Imagen y Personal Shopper, en la NUR.

Y su buen gusto se metió hasta en el Carnaval cruceño, pues por segundo año consecutivo fue contratada por los coronadores para asesorar la imagen de los comparseros y de la reina.

Su armario

No sabe cuántos pares de zapatos tiene, ni cuánta ropa hay en su armario, pero tiene claro que solo compra “ lo necesario”.

Jeans, camisas, vestidos cortos y faldas debajo de la rodilla son sus favoritos en cuestión de vestuario; mientras que en calzados adora las anabelas y los infalibles stilettos.

No tiene una marca favorita, compra lo que le gusta, sin importar si es industria nacional o extranjera. Sin embargo, admira las creaciones de Alicia Porras, Papingo Maminga, Úrsula Cabrera y Carla Quiroga.

Verse y sentirse bien

Nada la reconforta tanto como ver que sus clientes puedan encontrarse a sí mismos. “Muchos piensan que lucir bien es solo una cuestión de vanidad y eso no es así. Se trata de reflejar tu alma y encontrar la seguridad emocional que uno busca frente al espejo”, expresa.

Para alcanzar su objetivo, brinda a cada cliente un asesoramiento integral que se inicia con consejos de autoestima.

Un diagnóstico morfológico, días de shopping, cursos de maquillaje y de colorimetría y asesoramiento estético, organización de un clóset, entre otros, completan sus tareas con cada persona. Y le encanta.

“Jamás imaginé que podría triunfar y más aún generar ingresos por hacer lo que tanto me gusta”, finaliza.