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Cuando vivió en Brasil, con su padre, aprendió maquillaje con un profesional. Eso le sirvió para modificar su apariencia y también para conseguir varios trabajos en prestigiosos centros de belleza al retornar a Bolivia, pero su carrera de Arquitectura en una universidad privada cruceña hoy es su prioridad y se concentra en ella.

A sus casi 22 primaveras está en último semestre, solo le quedarán pendientes la pasantía y la tesis. Marco Antonio Áñez Masaí, o Lea Capelli (nombre artístico), es una ella atrapada en un cuerpo de él. Supo desde niña (se refiere a sí misma en femenino) que quería ser una mujer y está en ese proceso de transexualidad que la hace visualizarse en el modelaje y que la hará registrarse como Camila Áñez Masaí. Recién está tranquila, “pero no feliz”, aclara.

A la hija única le falta el total apoyo de su familia, que si bien la respalda económicamente, aún no está preparada para verla vestida de chica. Vive sola, tuvo que salir del hogar para no incomodar a nadie. Su madre radica en Italia, por ella conserva su cuenta de varón en Facebook; aún no tiene permiso para mostrarse como Lea. Dice que la entiende. Desde el año pasado no habla con su padre, que vive en Brasil. Extrañó su llamada en su cumpleaños y en Navidad.

¿Quién es Lea?
Una persona normal, mujer, solo que estoy adaptando mi cuerpo a mi mentalidad. No me he cambiado el nombre porque no he tenido tiempo y quiero y necesito hacerlo, especialmente antes de salir profesional por mis papeles. Me siento sola en esto. Tengo apoyo de amigos bien cercanos, pero desearía que venga de mi familia.    

¿Te gusta el modelaje?
La verdad es que sí, posé dos veces para Sergio Chuquimia, me gusta el modelaje fotográfico, también la pasarela, pero estuve metida en mi carrera y es muy pesada. Tengo amigas que tuvieron que abandonar el modelaje para priorizar sus estudios, y para mí también son primero.

¿El maquillaje te da plata?
Ganaba bien, tuve buenas propuestas, pero me perjudicaba en la U. 

¿Cuándo te sentiste chica?
Siempre quise ser chica, nunca me sentí identificada con el rol masculino, pero me lo guardé. Mi familia pensaba que era homosexual, en algún momento yo también lo pensé, pero me di cuenta de que no, porque un homosexual es un hombre al que le gustan otros hombres, y yo siempre quise ser mujer.

¿Nunca lo escondiste?
Les fui contando poco a poco porque hubo un tiempo en que me deprimía mucho, me encerré en mi mundo, se me acumularon anorexia, bulimia y migraña por no poder realizarme. Vi que muchas de estas cosas estaban afectándome y a la larga me afectarían más. Fui sincera con mi familia y le conté todo.

¿A qué edad llegó la depresión?
Comenzó a los 13, en la etapa más difícil, y fue hasta el año pasado. Siempre supe quién era, pero me reprimía pensando que mi familia me rechazaría. Quería empezar el proceso de transición temprano porque los resultados son más satisfactorios y me frustraba no hacerlo.

¿Pensaste en llegar a un final trágico?
En algún momento sí, no me atreví porque sería la peor estupidez dejar mi vida por otros. Dios siempre ha estado conmigo, tengo una buena vida.

¿Cómo es la relación con tu familia?
La visito, pero no de mujer, sino como hombre. Voy por mi abuelo, trato de pasar tiempo con él, de disfrutarlo, porque siempre me llama, se preocupa por mí. Siempre me ha querido, siempre supo quién soy; cuando estudié Moda, mi familia se quiso morir y él me decía: “mostrame tus diseños, me gustan”. Tengo cariño por todos, sé que me quieren, pero hay algo que les choca y tiene que ver con la religión.

¿Te molesta no ir de mujer a casa?
Por ejemplo, se acerca la boda de mi prima y no pensaba ir de terno. Tomé la decisión de no ir para no crear un momento tenso en el matrimonio de ella. 

Una vez salí vestida de chica cuando estaba en casa de mi tía y ella se quería morir; se sintió ofendida. Es una persona increíble, pero tiene otro pensamiento y lo tomó como una falta de respeto a su casa; puedo entenderla, es difícil. Me dijo “en mi casa es bienvenido mi sobrino”. No es que me sienta rechazada, estoy siendo rechazada.

¿Es fácil tener amigos?
En el transcurso de mi transición mis amistades han cambiado harto. Con los que me relacionaba más, he mantenido cierto tipo de distancia, imagino que por todo esto, nunca les he preguntado, pero tengo amistades que se han mantenido conmigo, independientemente de mi sexualidad. 

¿Te afecta?
Puedo entender que hay gente a la que le importa lo que digan los demás y lo respeto.

¿Tenés amigos gays que no lo asumen públicamente?
Mitad y mitad, son bastantes.

¿Por qué ocultarlo?
Vivimos en una sociedad machista, con dos caras. Si hay prostitución, y harta, es porque hay demanda y son más las personas casadas y con hijos. Me ha buscado bastante ese tipo de gente y me ha ofrecido plata. Lo hacen como fetiche o morbo.    Por más que me traten bien, siento la distancia; no se trata solo de gritos o insultos, mantener distancia también es una forma de homofobia.

¿Hay prejuicios como el relacionar a los trans con la prostitución?
Es una labor como cualquiera y la respeto. Afortunadamente no hago eso, mi familia paga mis estudios. Mucha gente piensa eso de mí y ya me han preguntado varios “cuánto cobrás” y ni siquiera me preguntan si me dedico a eso. La gente tiene un concepto muy feo de los transexuales debido a la prostitución, pero no todas las personas lo hacen y además es un trabajo duro, con peligros. Tengo amistades que lo hacen y dicen que es una vida difícil porque entre esas mismas personas se maltratan, pero no todos son así.

¿Te han insultado?
No en la calle, pero sí me han mandado mensajes al celular. Una vez estaba en un concierto y bailé con un chico, y no tengo por qué decirle soy transexual, así que después me escribió insultos terribles y me asusté porque hasta me amenazó de muerte. Tuve que advertirle que tomaría medidas legales.          No decir que sos ‘trans’ ¿se puede tomar a mal?
No tengo por qué andar con un letrero que diga soy transexual, es algo personal. Cuando una persona quiere salir y conocerme más, entonces le digo, pero no en un primer contacto.

¿Tenés pareja?
No tengo y me cuesta bastante porque estamos en una sociedad cerrada; las personas con las que salgo dicen que les gustaría salir conmigo, pero el tema es la sociedad, no me muestran.             

¿Saliste con chicas?
Salí con una o dos chicas cuando estaba en el colegio, dije quiero ver; era muy joven. No me gustaban, pero dije por qué no intentar. No podía decir no sin estar en esa situación, y me di cuenta de que era algo que no me gustaba.

¿Qué les dirías a tus padres?
Tengo tantas cosas que decir, que independiente de cualquier cosa sigo siendo la persona de siempre y que los quiero mucho y me gustaría que vean más allá de los temas sociales.

¿A tu papá? 
No me ha ayudado ni me ha llamado hace más de un año, ni para Navidad ni para mi cumpleaños; no estoy molesta con él, no lo odio. Independiente de si no quiere hablar conmigo, me gustaría comentarle lo que estoy haciendo con mi vida.     La familia de tu papá es evangélica...
Me encantaba ir a la iglesia con mi familia porque hablaban de ayudar a los demás, de las relaciones. Mi tía una vez me dijo que yo fui castigo para mi papá porque es bien machista y escuché que maltrataba a los homosexuales, que alguna vez les pegó. Yo le respondí que no soy el castigo de nadie. Mi vida es independiente de los actos de mi papá. Ese comentario me ofendió, me hizo sentir como un error y yo no soy un error de nadie. 

¿Creés en Dios?
Creo.

¿Cómo es tu Dios?
No soy religiosa, es entre él y yo. En algún momento culpaba a Dios por lo que soy, pero me di cuenta de que no tengo por qué culparlo, sino darle gracias por dejarme estar en este mundo. No puedo tener rencor, amo a Dios. Me gustaría que la gente entienda más, pero respeto lo que piensan.

¿Cómo ves tu futuro?
Me gustaría especializarme en Urbanismo y salir de Bolivia; tengo varias opciones. Una de ellas es irme a Nueva York (EEUU) y un amigo mío me está buscando una beca de la ONU, hay varias para personas como yo.

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