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Sopocachi. El viento gélido silba y golpea su pequeño mandil blanco plisado. Camina rápido, porque está atrasada. Sus pies la llevan hasta la calle José Reseguín y Aspiazu. Ahí vive. Almuerza, se cambia de ropa y corre al Conservatorio Nacional de Música. Hay días en los que su madre tiene que llevarla de las orejas hasta las clases porque a Mayra Gonzales no le gusta del todo. Apenas tiene 10 años y eso de aprender armonía, solfeo, rítmica y melodía aún le parece extraño. Ahora, a sus 32, no puede vivir sin ellas.

El cambio

Esas fastidiosas espinillas brotaban de su piel; las odiaba. Siempre las tuvo y no pudo con ellas. En Santa Cruz encontró la salida. Se sometió a un tratamiento de siete meses y logró vencerlas. Hoy el gran aliado de la cantante es el spa. El clima ‘caliente’ le suavizó la piel y hasta le ayudó en sus problemas de personalidad. Pronto esa oruga tímida, que sufría de baja autoestima, se transformó en una mariposa fabulosa.

A la jurado de Factor X le encanta la ciudad. Fue un cambio drástico, pero ha logrado sobrellevarlo. En la noche puede pasear ‘liberada’ de las chompas y su figura, de 1,65 m, también disfruta del verde de los parques.

Siempre fue de constitución delgada, pero le gusta comer. Nunca hizo dieta, pero es pesco-vegetariana. Tampoco se priva. Cuando está en La Paz sopla la sopa de maní o se deleita con un queso humacha y si tiene que probar un churrasco cruceño lo hace, pero sin chorizo. No es muy buena para cocinar. Cuando está entre medio de las ollas solo prepara comida saludable.

Lo de “bella, sensual y talentosa” -como le dicen sus fans en Santa Cruz- se lo ha tomado con calma. Nunca la piropearon tanto como en la capital oriental. Y por eso está enormemente agradecida. Esos halagos también ayudaron para que pueda desplegar sus alas. “Santa Cruz de por sí te cambia”, añade.

De niña usaba frenillos. Los llevó tres años. Ahora tiene un diente chueco y “tal vez” hacerse unos cambios en la dentadura no le vendría del todo mal. No lo ha decidido y por el momento solo se hizo blanqueamiento dental.

Eso de vestirse “adecuadamente” lo ha ido aprendiendo poco a poco gracias a la televisión. “He observado cómo viste y se desenvuelve Ximena Zalzer. Y eso me ha ayudado”, sostiene.

Nunca se vio como una maniquí. Solo le gusta ser ella. Tiene cuentas en Spotify, Youtube, Facebook, Twitter e Instagram. Pero no sucede lo mismo con su novio, Andrés Jordán. Él no aparece para nada en las redes sociales. Enamoran desde hace cuatro años; es diseñador y DJ.

No han descartado casarse. Pero para Mayra eso es algo serio. No “siente” que deba ser madre y adoptar podría ser una buena opción. Ahora la artista de la voz sensual se prepara para lanzar su tercer álbum de estudio. Antes envía un saludo a ‘su’ La Paz, por su día. Añora el teleférico y el bus PumaKatari. Ella definitivamente es otra.

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