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Irreverente, ácido y carismático. Así es desde chico. Su arrolladora personalidad le ha valido que lo tilden de “malcriado” en varias ocasiones, pero si hay algo de lo que se jacta es de ser auténtico. Si no usa ‘malas palabras’ en una charla y en las redes sociales siente que le “falta el aire”. “Si dejo de ser auténtico se jode todo”, dice.

La gente que recién lo conoce puede ‘amarlo’ u ‘odiarlo’ en cuestión de minutos. Es un torbellino. Él es Milko Antelo Gutiérrez (38), hijo de la destacada diseñadora Keny Gutiérrez, un empresario cruceño amiguerísimo, fanático del fútbol y del Carnaval de calle.

No se considera conocido ni famoso y, por primera vez, accede a una nota pública.

Pasión sin fronteras

Su padre, Milko Antelo (+), le inculcó el amor por el fútbol. Juntos veían los partidos del Milan. ‘Sufre’ en cada cotejo y por eso prefiere seguirlos solo en su casa. Le ha pasado de todo por su fanatismo, desde perder vuelos, cambiar reuniones y hasta dejar un velorio.

Hace unos años palpitó en el estadio San Siro (Milan) y en el Olímpico de Roma (Italia). “Lloré todo el partido. Ahora Dios me puede llevar, porque ya lo vi todo”, expresa. Y es en serio.

Su cuarto es un museo dedicado al fútbol. Tiene 140 poleras muy difíciles de conseguir, pero eso no es todo, porque más de 200 muñecos adornan su vitrina.

Otro de sus orgullos es el libro que lanzó el año pasado. El deporte es rey titula su publicación con historia y datos curiosos de diferentes equipos y jugadores.

Sus matices

Es abogado. Lo ejerció temporalmente, pero se dio cuenta de que lo suyo es el comercio. Importa y produce macetas desde 2008.

Recientemente incursionó en bienes y raíces. Es fiel a su estilo y le va bien. “Buen día mie... Estoy vendiendo una casa, ¿quieren que le ponga que está a cinco minutos de El Cristo? ¡No car...! No está cerca”, reza un anuncio en su Facebook. Confiesa que, gracias a su espontaneidad, sobrepasó sus objetivos y lo coronaron como el vendedor del mes.

En sus redes sociales no solo ofrece sus productos, también expresa sus sentimientos. Sus comentarios causan sensación. “Esto es totalitarismo. Si alguien me critica será bloqueado”, expresa.

Su felicidad radica en la sencillez. “Amo pasar un rato en la plaza, saludar a mis amigos, algunos mayores que yo y visitar a mis parientes, pero sobre todo ser libre. Por eso, no tengo jefes ni me voy a casar nunca”, afirma.

Adora a sus amistades. Quiere que su velorio se realice en el Tahuichi para que ‘entren todos’. “Antes de ingresar tendrán que tomar un shot de tequila”, bromea.

Su punto débil

Es difícil creer que un hombre tan entretenido se quiebre al hablar de su familia. Pero sucede. Su hermana, su abuela, su tía y su madre son su gran debilidad. En muchas ocasiones él las ‘infarta’ con sus ocurrencias, como se ve en un video de las redes sociales. Y ellas lo perdonan.

A pesar de haber crecido entre telas y agujas, no le interesa la moda. Si le dan a elegir, prefiere pasar el día con short y chinelas. Lo suyo es la irreverencia. Eso lo hace ‘único en su especie’.