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Disciplina y fortaleza. Esos son los principales valores que le inculcó Aida Balcázar a su hija, Aida Justiniano, quien heredó el espíritu emprendedor de su progenitora, y que ahora maneja su propia marca de empoderamiento femenino. “Aprendí de ella, que tiene una empresa de limpieza. Es estricta. Una mamá a la antigua. Nunca la he visto derrotada ni con mala actitud, menos derramando una lágrima”, afirma.

Son madre e hija, Y cómplices. Con muchas anécdotas para contar. “Cuando tenía 16 años me castigó y me prohibió salir. Le dije que tenía clases de confirmación y me fui a un campeonato deportivo. Cuando llegué a casa me olvidé sacar mi ropa sucia de la mochila. Me encontró la mentira y me dio con el cinturón”, cuenta.

Ahora Aida entiende que todas las cosas que su mamá le dijo cuando era pequeña son ciertas, como cuando tuvo su primera ruptura sentimental y ella le aseguró que un día se reiría de haber llorado por esos temas. Y fue así, entonces ambas recuerdan y sonríen.

“Mi mamá es muy ordenada. A veces dejo las cosas por todas partes. En una ocasión botó el cargador de un teléfono que acababa de comprar. Ahora intento no dejar nada fuera de su sitio si quiero encontrarlo después”, asegura.

Lo que más ama Aida de su madre son los mimos, los consejos y las comidas. Considera que siempre tiene las palabras justas para levantar el ánimo de ella y de su hermano, Luis Justiniano, sobre todo cuando se sientan juntos a compartir un mate. “Mi madre es de Camiri y, aunque siempre vivió en Santa Cruz, conserva esas costumbres que unen a la familia”, culmina.

Foto:

Aida Balcázar - Madre

Aida Justiniano - Hija