Escucha esta nota aquí



Orgullosa. Nacida en San Ignacio de Velasco, Pamela no pierde el acento ni los modismos cruceños.


La música de banda retumba cada tanto en su corazón. Pamela Justiniano Saucedo (33) dice que el Carnaval en el que reinó, en 2017, fue la mejor época de su vida. “Bailaba todos los días y recibía el cariño de la gente”, recuerda con nostalgia esa etapa que así como le trajo alegría, llegó con cansancio, críticas y otros problemas personales.

Acaba de llegar a Santa Cruz de la Sierra, pero solo de visita, como aclara. Vive en Cali (Colombia)desde hace cuatro años y asegura que, aunque ama su tierra, allá encontró el amor y también la paz y la felicidad.

Después su reinado quiso cambiar de aires y para ello viajó a Colombia, con planes de visitar y hacer negocios con un amigo empresario, Mario Alejandro Andrade, pero el destino le tenía una sorpresa.

Hoy Pamela y Mario Alejandro están juntos, son padres de Martina, de un año y medio, y solo la pandemia ha retrasado su boda, reprogramada para este año.

Cuenta que le gustan las familias grandes y ella quiere una de al menos tres hijos. Le falta un varoncito, y dice que ya lo están buscando.

Cambio total

Pamela cuenta que en Cali la recibieron muy bien, hizo un montón de amigas caleñas, que, como las cruceñas, son alegres y fiesteras. Como en toda ciudad grande, dice que las personas deben andar con cuidado, pero derriba la creencia de que Colombia es un país extremadamente peligroso.

Sin embargo, reconoce que no fue fácil acostumbrarse e integrarse a la sociedad, a pesar de que muchos creían que era colombiana por su piel morena. “Recién cuando escuchan mi acento me preguntan de dónde soy. Digo con orgullo que de Santa Cruz, Bolivia, y luego tengo que explicarles la diversidad que existe en el país”, expresa.

Y lo de su orgullo es tan cierto que asegura que su pareja, sus trabajadores y hasta sus amigos tuvieron que aprender algunos modismos para entenderla y que los entienda. “Dicen: ‘elay, puej, vaya che, ahorita, rapidingo’”, comenta entre risas.

De igual manera, ella aprendió a cocinar todos los platos cambas para saciar sus antojos y sentirse cerca de su tierra. “Una vez preparé charque, salé la carne y la puse al sol. Cuando llegó mi pareja quedó espantado, pero al probarlo en un majao le encantó”, recuerda.

A quienes sí extraña, y por los que aún llora, es por sus padres, a pesar de que viajaron a visitarla en varias oportunidades. Aunque la tecnología les permite comunicarse todos los días, siente que le hace falta el calor de sus abrazos.

“Tuve que adaptarme a todo, desde el clima hasta el tráfico”, indica sobre la tercera ciudad más poblada de Colombia, con 2,5 millones de habitantes concentrados en el equivalente a casi un tercio de la extensión de Santa Cruz de la Sierra.

Nueva fase

En este tiempo, sus visitas a Santa Cruz han sido frecuentes, una vez al año se da una escapada.

Pamela se ve radiante, igual de linda que cuando era reina, aunque según ella tiene 10 kilos de más. Cuenta que su época de modelo ya pasó, que disfrutó posar frente a las cámaras y desfilar, pero que ya no haría, pues cambió de rubro: hoy se confiesa una madre y esposa enamorada y abnegada.


Comentarios