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Una antigua fábrica de tapices del siglo XVII fue el lugar elegido por Bruno Sialelli, de Lanvin, para mostrar una colección de vestidos de seda bordados con pedrería y guantes de piel. Ese fue solo uno de los impresionantes desfiles de la Semana de la Moda de París.

El arte también invadió la ropa, como lo dejó ver Kenzo, en su colección otoñal, con piezas de colores vibrantes, cortes asimétricos y flores gigantes.

Dior, por su parte, se rebeló contra los estereotipos patriarcales en una instalación donde se leían las ideas de la autora feminista italiana Carla Lonzi. Todo fue una explosión de moda, lujo, arte y sofisticación. Aún quedan cuatro jornadas con Balmain, Elie Saab, Valentino, Louis Vuitton, Stella McCartney y Channel.

 

Paco Rabanne. Mezcló la era victoriana con texturas metálicas

 
Dior. Mostró botas, pañuelos y sacos de los 70

 
Kenzo. Propuso looks andróginos y coloridos

Paranoia universal Algunos diseñadores no asistieron por miedo al coronavirus y los invitados usaron barbijos.