Escucha esta nota aquí

La peste

El silencio devoró el coliseo romano. Al David de Miguel Ángel no lo admira nadie en Florencia. Milán dejó de respirar moda. Y en Venecia las máscaras se escondieron. Ahí, en el país de la bota, los nubarrones cerraron el cielo y un monstruo llamado coronavirus cesó las respiraciones de miles de humanos. Ahí, hasta no hace mucho, estaba Melissa Pini, una maniquí de orígenes bolivianos que, abruptamente, tuvo que detener la construcción de su castillo de cristal. Eso, sin pensarlo.

La pasta

Melissa Pini nació hace 29 años en la tierra de Leonardo da Vinci. Se convirtió en el tesoro más valioso de sus padres, una mujer cruceña y un hombre italiano. Dejó Florencia. Y sus ojos vieron una llanura espesa: era Santa Cruz de la Sierra. Era Bolivia.

Aprendió las matemáticas y las ciencias en el colegio Berea, pero el destino la movió de nuevo. Retornó al país del Renacimiento y estudió Economía; no concluyó la carrera. En su casa se miraba al espejo y sabía que dentro de ella había una modelo. Tenía pasta para serlo y llegar lejos.

Su estampa de maniquí. Sus facciones italianas. Su aire de mujer europea. Su belleza boliviana. Todo eso sumó para que grandes marcas la ficharan como ‘su chica’ para extraerle su encanto y plasmarlo en las publicidades.

Se instaló en Florencia. Eso en 2008. Ha tenido mucho trabajo. Su figura estuvo en desfiles, catálogos, sesiones fotográficas, showrooms y en eventos exclusivos y privados, llamados trunk show.

Su imagen comenzó a multiplicarse poco a poco, gracias a las fotografías que le tomaron para varias campañas de marcas de renombre. Apareció como maniquí de la gran casa Michael Kors y de Salvatore Ferragamo. Y su figura también promocionó el hotel Sheraton (una de las grandes cadenas mundiales) y Guess, otro sello prestigioso, entre otras.

Aprendió a mostrarse. Encontró esa conexión con la cámara y conquistó a los productores italianos. “Mi trabajo es hermoso. Me llena muchísimo el hecho de conocer personas y lugares fantásticos, pero, a veces, uno quiere tirar la toalla. No miento. No descarto nada. En la vida todo cambia y muchas cosas cansan...”, encierra. Pero, no se deja caer.

Vive del modelaje. Revela que hay temporadas bajas en las que ha tenido que buscar trabajos alternos. Sabe moverse. Doce años bastaron para que aprendiera a respirar en el país bañado por el mar Adriático. En un momento también vivió en Sídney, una metrópoli de Australia. Se asentó ahí un año. El destino no la dejó tranquila y la devolvió a Milán.

Las otras ‘Melissas’

No se quedó quieta. Respiró. Se alistó el vestido y se animó. Se lanzó a la conquista de los concursos de belleza. Era 2010. Una banda colgaba de su cuerpo y decía: miss Wella Professionals Toscana. Seis años después se metió al Miss Mundo Italia y su belleza la ubicó entre las cinco finalistas. “Un logro que nunca imaginé obtener ya que había muchísimas chicas”, señala. Ahora, ese recuerdo, lo guarda muy bien en su interior.

Siempre versátil y siempre dispuesta a tomar nuevos retos, se lanzó al mundo del teatro. Desde hace dos años forma parte de Grock, una escuela ubicada en Milán, donde vive actualmente. Ese otro talento artístico escondido ya salió a la luz de la sala en una puesta teatral. Le gusta.

Ahora suma más experiencias a su vida: es modelo publicitaria, maniquí de desfiles y actriz. Colabora con la agencia Caremoli Ruggeri y Be Different Management. ambas en Milán, pero también tiene alcance hasta Roma, porque la agencia Black & White Management sabe de su embrujo.

En sus inicios, cuando tenía 13 años y desfilaba para la desaparecida Supermodel, ella sabía lo que quería. Al otro lado del mar tiene una vida y ha conocido a chicas latinas, que también buscan construir un futuro como ella.

Revela que cuesta abrirse un espacio en un mundo ‘avanzado’. “No todo lo que brilla es oro. Y todo cuesta. No es fácil ya que hay mucha competencia”, añade. No descarta volver a Bolivia, porque extraña su tierra. Pero, quiere más. Esta vez intentará ingresar a la televisión. “Me gustaría emprender algo mío”, afirma.

No le huye a la cocina. Sabe preparar pastas y, dice, que le salen deliciosas. Pero, se detiene. Evita esas tentaciones, porque es vegana. Lo es hace cinco años. No tiene novio hace dos primaveras.

Llegó a la capital cruceña, pero quedó atrapada. Ni bien dejó Europa, el coronavirus ingresó ahí y comenzó a llevarse vidas. Para ella, Italia vive una situación surrealista... “una película de terror”. Ahí su hermana es médica y sus amigos conversan con ella regularmente. “Están muy asustados”, enfoca. Pero ella más que temerle al Covid-19, le asusta la ignorancia y la falta de empatía.

Como miss. De rojo, en el Miss Italia. Su belleza la llevó a ser la quinta finalista

Comentarios