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Su complicidad grita. Cuando se encuentran, sus miradas y sus manos se acarician. Es indudable. Están enamoradísimos. Y, por primera vez, hablan de su romance.Yuvinka Áñez Vaca y Roland Keller Vargas, la pareja del momento, desnudaron sus sentimientos –y algo más- en una exclusiva con EL DEBER.

Ella, antes de él

Yuvinka nació en Santa Cruz de la Sierra hace 23 años. Su segundo ‘nacimiento’ se dio en 2014, cuando ingresó a un reality televisivo que hizo estallar su popularidad. Estuvo como competidora durante un año y como coconductora hasta 2017.

Se mantuvo alejada de la pantalla chica para dedicarse a sus clases de Comunicación Social y al modelaje, pero hace tres meses volvió. Ahora conduce una revista matutina. Es amante de cuidar su figura. Practica CrossFit y calistenia. Fue gracias a esta última que conoció a su gran amor.

De los deportes y el corazón

Roland Keller llegó al mundo hace 29 años. La caliente capital cruceña lo vio nacer. A sus 12 años agarró una raqueta por primera vez y el deporte se convirtió en su primer amor. Ahora su corazón está compartido.

Es parte de la selección nacional de ráquetbol. Se ‘bañó’ con varias medallas de oro. Las últimas preseas fueron obtenidas en los Juegos Suramericanos Cochabamba 2018 y en los Juegos Panamericanos Lima 2019.

El atlético joven, de 1.82 m, siempre busca cómo mantener su estado físico. Para tener músculos practica CrossFit y calistenia. En su primer entrenamiento conoció a Yuvinka. Eso sucedió hace 11 meses, pero parece más.

Uno y uno ya no son dos

Se buscaron hace mucho a través de las redes sociales. Él comentaba algunas fotos que ella subía a su Instagram. Le parecía “linda”.

Yuvinka lo vio en un evento y su cara se le quedó grabada. Para siempre. También ‘stalkeó’ los perfiles del deportista. Pero, ahí quedó todo hasta septiembre de 2018. El instructor de la sexi modelo le pidió que invitara a sus amigos para hacer calistenia.

Ella compartió un video en el que saltaba unas cajas. Eso para atraer a sus contactos. Ahí apareció Roland en escena; reaccionó inmediatamente y le escribió. Aprovechando el interés, Yuvinka lo invitó a entrenar a su lado.

Al día siguiente, él empezó. “Cuando llegó al lugar y me vio, se tropezó. Fue por los nervios”, cuenta ella y deja escapar una risita. Desde que se conocieron todo transcurrió “sin que lo busquen, pero sin que sea demasiado rápido”, coinciden. Y mucho.

Salieron en varias ocasiones, eso sí solo en son de amistad hasta ese 11 de noviembre de 2018. Aquel día formalizaron su idilio. “Como ella juega fútbol, pensé que era una excelente idea invitarla a ver la final de la Copa Libertadores de América. Supuse que los ‘astros se alinearon para tener la razón perfecta de encontrarnos’. Resultó que no le gustaba, pero igual me acompañó. Reímos mucho esa tarde”, recuerda él. Y demuestra que está bien flechado.

Después de varias horas, las cosas se dieron naturalmente. No hubo palabras ni declaraciones románticas. Se gustaban. Y punto. Sus ojos hicieron lo demás. Se fundieron en un apasionado beso que selló el gran momento.

Dos meses fueron suficientes para que tomaran la decisión de vivir juntos en casa del raquetbolista. No hubo contratos de por medio ni presiones. Todo fluyó naturalmente y, sin darse cuenta, los vestidos de Yuvinka ocuparon el clóset de Roland.

Ella se jacta de haber influido en los gustos de su pareja, que antes ‘detestaba’ las series de televisión por considerarlas una pérdida de tiempo, hasta que le ‘presentó’ al fenómeno del año Juego de tronos. Ahora ya no ‘sueltan’ ni HBO ni Netflix, pero solo en sus horas libres, según ellos.

Ambos aman la actividad física. Entrenan juntos, son competitivos, no son fiesteros y no les simpatiza el alcohol. Prefieren la diversión mezclada con competencia. Tuvieron la oportunidad de viajar a Argentina y a otros destinos dentro de Bolivia, pero sueñan con ir a EEUU. Roland quiere mostrarle todos los lugares que conoció hasta el momento.

No todo es color de rosa

“Aprendemos todos los días el uno del otro. Entramos en nuestros mundos de golpe, pero poco a poco entiendo más de su trabajo y ella del deporte”, relata él.

En estos meses enfrentaron a los ‘haters’ en las redes sociales. La presentadora ya está acostumbrada y a él le costó un poco más.

“Por mi trabajo recibimos muchas críticas, pero eso es en el ámbito deportivo. Nunca sentí que me atacaran personalmente hasta ahora, claro que también hay personas que nos apoyan, como familiares y amigos”, interviene Roland de nuevo.

Es la primera vez que él tiene una relación tan seria y no está acostumbrado a mostrarse abiertamente en el ciberespacio, pero por ella, busca un equilibrio. “Solo pongo fotos de momentos especiales y en alguna ocasión comparto una imagen espontánea. Me gusta la privacidad”, afirma.

La curvilínea es fanática de compartir instantes en las redes. Se saca hasta 70 fotos para subir una en la que salga perfecta. Parece una exageración, pero no lo es.

Otro ‘obstáculo’ que enfrentan es la nostalgia. El campeón nacional viaja por lo menos una vez al mes para participar en algún torneo internacional o nacional y pasa hasta un par de semanas fuera de casa. “Intentamos ver las cosas positivamente. Extrañarnos es la muestra de que nos queremos más que antes, pero a veces es complicado y discutimos”, dicen casi al unísono.

Ella es orgullosa. Él es más tranquilo. “Cuando me enojo me entra el... y me desconozco, pero no soy rencorosa ni resentida. Es muy rara la vez que nos peleamos”, confiesa la también reina de la comparsa Piltrafas.

Ambos son detallistas y se deshacen en cumplidos. A la muchacha le nace hacerle tiernas tarjetas de amor, mientras que él es más práctico. “Le regalo algo que necesite. Me gusta escucharla y buscar algo que realmente le vaya a servir, por eso solo una vez le entregué unas flores”, revela.

Además de los obsequios, a Yuvinka la enamoran la nobleza, la humildad y la bondad de ‘Coco’ (como lo llama), mientras que a Roland lo conquistan la sonrisa, la sencillez y la buena energía de su amor. “Sé que cuando la vea, me pondré feliz, porque ella me va a contagiar”, suelta él, sin querer.

¿Matrimonio?

Sí. Quieren casarse, pero lo harán “más adelante”. Consideran que aún les falta madurar emocionalmente y “económicamente”. “No se vive solo de amor y hay detalles en los que tenemos que mejorar, como por ejemplo pulir nuestro carácter”, comparte él.

Si llegan al altar, les gustaría hacerlo con una sencilla ceremonia al lado de su familia y sus íntimos.

Sueños por cumplir

Roland es ingeniero industrial y trabaja en la Gobernación cruceña como coordinador de la Villa Olímpica. Le gustaría un puesto que tenga que ver con su carrera. Ella sueña con ser una reconocida presentadora de noticias.

Comparten el dolor. A él se le murió su mamá y a ella, su papá. Ambos están convencidos de que pueden ‘crecer’, pero solo si lo hacen de la mano. Ahora deben seguir con las fotos, pero antes llegará un beso eterno.




¡Fuego! La pareja se  animó a mostrar piel en la sesión de fotos