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La tributación es la fuente principal de ingresos que tiene el Estado para captar recursos y dar cumplimiento a las funciones que realiza. La herramienta más importante que debe aplicar el Gobierno al respecto, es el fomento de la cultura tributaria que consolide una conciencia tributaria en los ciudadanos y fundamentalmente en las autoridades, pues esto aumentaría significativamente el desarrollo del país, al hablar de cultura tributaria debemos entenderla como “el conjunto de valores, creencias y actitudes compartidas por una sociedad respecto a la tributación y a las leyes que la rigen, esto se traduce en una conducta que se manifiesta en el cumplimiento permanente de los deberes tributarios, con base en la razón, la confianza y la afirmación de los valores de ética personal, respeto a la ley, responsabilidad ciudadana y solidaridad social de los contribuyentes”.

La relación entre el nivel de cultura tributaria y el pago del impuesto es directa. El Servicio de Impuestos Nacionales (SIN), se ha propuesto contribuir con la formación de una nueva ciudadanía basada en la práctica activa de sus obligaciones y en la adopción de un mínimo de principios éticos, ofreciendo a los contribuyentes capacitaciones sobre temas tributarios, que todavía son escasos. Aún persiste la informalidad y la evasión en la sociedad. Otro problema identificado, es la falta de información y conocimiento de la normativa contable y tributaria en muchos contribuyentes, aspectos que también deberían ser analizados por la Administración Tributaria.

Sin embargo, pese a lo anteriormente citado de acuerdo a criterios del SIN, todos los ciudadanos debemos estar capacitados en el ámbito tributario; saber dónde comienza y termina nuestra responsabilidad como contribuyentes. Lograr que los contribuyentes asuman de manera voluntaria y responsable su participación en los diferentes tributos, haría que la administración cuente con los recursos necesarios que le permitan elaborar programas de inversión, que contribuyan al desarrollo. Los recursos que se obtengan pertenecen al pueblo y el Estado los debe devolver en bienes y servicios públicos.

Existen factores ajenos a la gestión del gobernante como la contracción y desaceleración de la economía, ahora con mucha más razón por la pandemia. Estos factores pueden conducir a la disminución en la recaudación de los tributos. Sin embargo, también se presentan otros factores que pueden gestionar los administradores públicos, con la finalidad de contribuir a la disminución de los ingresos por concepto de impuestos, como la “evasión”, considerada como el conjunto de actos ilícitos desarrollados por el contribuyente para evitar el pago del impuesto; o pagando lo mínimo, generando un alto grado de inequidad en la carga impositiva. De la mano de la “evasión” camina la corrupción, cuyo efecto impide abandonar el círculo vicioso antes citado. En materia de gestión pública, mientras perduren las condiciones actuales, la corrupción acabará inexorablemente con una buena cultura tributaria en la sociedad y en los contribuyentes.

La construcción de la cultura tributaria está ligada a la promoción de una ciudadanía responsable que ejerza sus derechos ciudadanos y cumpla con sus obligaciones tributarias, así los individuos de una sociedad construyen una imagen de los impuestos a partir de una combinación de información y experiencia sobre la acción y desempeño del Estado.

Para poder incrementar la tributación, un Estado no solamente puede recurrir a los impuestos de las personas más ricas del país. Por ejemplo, el Impuesto a las Grandes Fortunas (IGF) de reciente creación, a pesar de tener potencial para lograr sistemas tributarios más progresivos, no es la única solución para reducir el problema de la desigualdad e incrementar la recaudación. La forma más efectiva en el corto plazo de volver los sistemas tributarios más justos y equitativos es fortaleciendo las administraciones tributarias, para que puedan reducir los altos niveles de evasión.

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