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El mundo que el humano conoce está hecho de tejidos, desde lo más pequeños hasta lo más grande. Todo lo que se ve, se siente, se toca y se respira está compuesto de hilos entrelazados unos con otros, y es esto lo que permite volver al origen.

El origen de todo lo que se conoce viene de la naturaleza, que es la fuente innegable de la belleza y de recursos para todas las creencias. Y el humano es parte de la naturaleza, de esta fuente, y cuando la naturaleza y el humano se conjugan, nace el fenómeno de la cultura. Hoy en día, son pocos y privilegiados los lugares que conservan la mística como en su origen; Santiago de Huari es uno de ellos.

Esta población, ubicada en el departamento de Oruro y con unos 14 mil habitantes, mantiene una armonía entre la naturaleza y la comunidad como pocos lugares en Bolivia. En este remoto y mágico lugar, 42 señoras dedican su tiempo a tejer sus sueños y esperanzas, plasmados en telares, ponchos, pulseras, mantas, accesorios… todo con técnicas atávicas que entretejen la materia prima: un hilo fértil y fino que se obtiene de las llamas o de las ovejas del lugar.

“El proceso del tejido se inicia con la esquila. Así empieza esto. De ahí se obtiene la lana, que puede ser de oveja o de llama. Si es de oveja, sirve para el teñido. En cambio, si es de llama, se usa con sus colores naturales. Me gusta tejer figuras de animales; me inspiro en el campo, que es el lugar donde vivo. Aprendí a tejer gracias a que me enseñaron mis antepasados y esta tradición fue pasando de generación en generación. El tejido que hizo mi abuela es el mayor tesoro de la familia. Agradecer grandemente a Huari por la labor que están haciendo con nosotros”, afirmó una joven tejedora de la comunidad.


Huari, la marca premium de Cervecería Boliviana Nacional (CBN), presentó “Huari Causa”, una campaña que destinará sus esfuerzos a revitalizar los oficios de origen, como los tejidos ancestrales. Desde hace más de cuatro años viene implementando acciones que han colaborado al desarrollo de las tejedoras. En ese periodo, las artesanas han pasado de cuatro a 42.

Evarista, una de las tejedoras de Huari, señaló que su pasión es tejer y que arrastra ese oficio desde los ocho años, cuando vivía con su abuela, de quien aprendió este ancestral oficio. “Así como mi abuela me enseñó a tejer, yo lo hago con otras mujeres. “Enseñar es una forma de mantener viva nuestra cultura, de mantener viva nuestra esencia, y de mantenernos vivas como mujeres porque vivimos de nuestros tejidos”.

Mientras caminaba por las estrechas calles de la población, la tejedora contó que Huari es su hogar, su familia; todo eso forma parte del origen de sus ancestrales tradiciones e historias. Incluso, un poblador relató la historia de la vertiente que atraviesa la localidad, uno de sus tesoros más preciados.

Los 14.000 habitantes de Santiago de Huari conocen la leyenda de la batalla entre Azanaque y Cora Cora por conquistar a la hermosa Tunupa.


Azanaque tenía una enamorada, Tunupa, a quien cortejaba por ser simpática y bonita. Pero, entre ellos, aparece otro, Cora Cora. Tunupa no sabe con cuál de los dos quedarse y ambos libran una riña, la cual gana Cora Cora”, relata un poblador de Santiago de Huari.

Pese a su derrota, Azanaque, el guardián de Huari, no se doblega y continúa en su lucha por conquistar a Tunupa. “Azanaque no se doblegó con la derrota frente a Cora Cora. No aceptó que estaba derrotado. Los abuelos cuentan que nuestro guardián creó un agua dulce y rica para atraer nuevamente a Tunupa; esa agua sigue corriendo hoy en día, con la esperanza de conquistarla en algún momento; esa agua representa el origen para nosotros”, añadió el poblador.

Santiago de Huari es un pueblo que está en medio de las sierras de Chapallata y el lago Poopó, a ciento cincuenta kilómetros hacia el sur de Oruro y a más de 3700 metros de altura. Durante la época del virreinato fue un paso obligado en el camino comercial desde Cuzco hacia Potosí y hoy en día mantiene la misma disposición que hace 300 años.


La población orureña tiene como principales actividades a la agricultura, la cría de ovejas y llamas y la producción artesanal de tejidos. Elia, una de las 42 tejedoras, cuenta la importancia de escarmenar la lana, que es el proceso que consiste en limpiar profundamente la lana esquilada y así obtener la materia prima de mejor calidad. Añade, además, que una de sus actividades favoritas es reunirse en el taller que Huari construyó para ellas hace unos años.

“Ahora vamos al taller donde todas las tejedoras nos reunimos para apoyarnos y compartir vivencias... A encontrarnos y sentirnos unidas... Es importante para nosotras. Y desde allí luchamos juntas por preservar nuestro modo de vida, nuestros tejidos”, destaca la artesana.

Valentina, que también está en el taller con Elia y otras tejedoras, agarra en sus manos unas semillas que utiliza para el proceso de coloreado de la lana y las divide y ordena en distintos recipientes. “Si no fuera por estos encuentros, la práctica se hubiera perdido. Eran muy pocas las que sabían tejer: Evarista, Hipólita; ellas comenzaron a enseñarnos”, dijo.

El origen del hilo proviene de la mano de la naturaleza que otorga y de la mano de la tejedora que recibe. Pero el conocimiento sobre la técnica del tejido estaba desapareciendo. Una tradición que se conservó durante siglos a través del traspaso generacional. Sin embargo, el esfuerzo de Huari y de las cuatro tejedoras revitalizó esta actividad y hoy buscará convertirse en Patrimonio Nacional.

“La campaña de Huari Causa ha nacido con el objetivo de concientizar y enseñar a la sociedad sobre el valor de los tejidos andinos y de nuestro origen. De esta manera, Huari se consolida como la marca que inspira a descubrir el origen que es parte de nuestra cultura y nuestra gastronomía; queremos volver a nuestros orígenes, y para eso solo debemos seguir el hilo”, finalizó el jefe de marca de Huari, Rodrigo Rocabado.



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