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El teléfono y la computadora forman parte de la rutina de los niños. Ya sea para participar de las clases virtuales o para distraerse durante el día, parece normal que tengan un dispositivo a mano. Además, recurren también a las pantallas para contactarse con familiares que viven en otros lugares y a los que no pueden visitar. Durante la cuarentena, los niños han acumulado muchas horas frente a las pantallas, una situación que plantea interrogantes.

La sicóloga española Gabriela Paoli, comenta para el suplemento dominical XL Semanal que “debemos tener en cuenta que muchos padres se han encontrado en situaciones límite y los dispositivos se han utilizado en modo supervivencia durante el confinamiento”. Paoli, experta en adicciones tecnológicas valora como “muy poco probable que un niño menor de 10 años pueda desarrollar una adicción en uno o dos meses”, pero advierte que “debemos atender ciertos signos de dependencia”.

Las reacciones del menor serán claves para identificar el grado de dependencia hacia la pantalla que hayan podido desarrollar. Reacciones de ira cuando los padres le quitan el celular, la negativa para realizar diversos juegos, sobre todo al aire libre, o el desinterés ante una posible actividad que una a la familia, servirán como alerta.

Las respuestas agresivas no son la única evidencia de un cambio de conducta. La dificultad para dormir y la falta de sueño también aparecen vinculadas a la excesiva exposición ante la pantalla.

Un estudio científico realizado en Canadá por la sicóloga Sheri Madigan concluye en resaltar cuatro dominios del desarrollo infantil que se ven afectados en los menores: la comunicación, la destreza motora, la capacidad para resolver problemas y las habilidades sociales. Para la investigadora “los padres pueden pensar en las pantallas como si les dieran comida basura a sus hijos; en pequeñas dosis no es tan malo, pero con excesos tiene consecuencias”.

Es difícil argumentar con un niño sobre la necesidad de establecer un horario para el uso de equipos tecnológicos. Paoli recomiendo el diálogo, sobre todo con los mayores de 6 años, para establecer normas de uso consensuadas. A partir de la situación excepcional que se vive y de las restricciones que impiden salir a la calle a jugar, es aconsejable pautar normas claras y ponerlas por escrito.

Los padres tendrán la necesidad de generar actividades paralelas para que los menores realicen durante la cuarentena y que les permita alejarse de las pantallas. Desde rutinas compartidas de ejercicios hasta la preparación del almuerzo en equipo funcionan como elementos de diversión para los menores. Ellos se reflejarán en los padres para imitar el comportamiento y despertar sus inquietudes. Así que también los padres tendrán que apartarse de las pantallas y restar atención a los hijos.

Los dispositivos tecnológicos forman parte de la vida de los niños de manera casi omnipresente. Sobre todo, en estos días que recurren a las pantallas para mantener un contacto con el profesor y los demás compañeros de clase. Las advertencias que lanza la Asociación de Médicos Pediatras de Estados unidos remarcan la incidencia negativa en el desarrollo cognitivo y del habla, efectos que se agregan a los ya mencionados por Madigan.

Los aspectos positivos de la tecnología obligan a padres y niños a mantenerse activos. No se trata de privar a los menores del uso de teléfonos o computadoras, sino más bien “darles unos más útiles” sobre todo durante esta temporada de aislamiento.

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