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El síndrome de la cabaña, en inglés se denomina ‘cabin fever’, se relaciona con la permanencia prolongada en un mismo recinto y el temor para afrontar la realidad exterior. El aislamiento en el hogar genera emociones chocantes. Por un lado, la sensación de encierro provoca una asfixia o agobio. Por otra, despierta una sensación de seguridad ante las amenazas que se viven en el exterior.

Un estudio realizado a principios del siglo XX por el doctor Rosenblatt analizó a un grupo de montañeses del área rural en Minnesota. Los inviernos extremos de la región obligaba a las personas a permanecer temporadas largas recluidos en sus casas. Los resultados de la investigación no poseen valor necesario para considerar sus conclusiones como resultado universal. Por ello, las asociaciones de psicología no lo incluyen como un trastorno. Ante las circunstancias de un aislamiento masivo, el síndrome de la cabaña ha retornado a las discusiones entre especialistas.

Los síntomas comunes que revela el Dr. Rosenblatt refieren una sensación dominante de desasosiego que se suma a un cuadro depresivo, irritable y de frustración. La angustia por la soledad y el aburrimiento también son manifestaciones frecuentes. El síndrome de la cabaña provoca un desgaste mental que hunde a la persona en los miedos incontrolados.

Los ancianos y las personas con autoestima dañada son las más propicias a sentir este temor. Muestran una reacción discordante ante la posibilidad de salir de nuevo a la calle. Presentan actitudes cargadas de inseguridad, tristeza o apatía para prepararse ante el cambio.

La especialista española en neuropsiquiatría, Natalia Martín, recomienda tomar las cosas con calma e interpretar el “abanico de emociones y sentimientos contradictorios”. La nueva situación requiere tiempo para asumirla de manera adecuada. Martín recalca la atención al diálogo interior. “Si solo vemos el miedo, entraremos en pánico; si nos trasladamos mensajes de comprensión sostendremos un buen ánimo”.

La especialista sugiere mantener rutinas y establecer objetivos a corto plazo que motiven la actividad constate. Ante todo, destaca, evitar la sensación de dejarse vencer, de ser derrotado. El contacto con los seres queridos, aunque sea mediado por la tecnología, los hábitos saludables en la comida y la consistencia en el ejercicio facilitan el control de la mente.

Por último, la palabra adaptación deberá ser la más recurrente en el diccionario durante el aislamiento. “El ser humano es capaz de adaptarse, presentar resiliencia y afrontar los problemas, por ello, cada uno de nosotros debemos confiar en nuestra capacidad, buscar recursos y superar del mejor modo esta situación. Es un trabajo personal y muy enriquecedor” complementa Natalia Martín.