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En 2003, Bolivia era uno de los tantos países del mundo que quedaba fascinados con la canción Tardes negras y, además, con su intérprete, un galán italiano con un marcado acento, Tiziano Ferro. Eso era lo que se veía muy por encima; sin embargo, en medio de toda la fama, el artista, que en ese entonces tenía 23 años, se encontraba sumido en el alcoholismo, su cuerpo era corroído por la bulimia y tenía que mantener escondida su homosexualidad.

En entrevista con una agencia internacional, Ferro expresa que la producción surge "por la urgencia de compartir la verdad". "No por ser un héroe, sino de agarrar mi parte más auténtica y liberarme de este peso". Me encanta la idea de abrazar una cicatriz, de exponerla y convertirla en un superpoder, porque es verdad y real, por aplaudir las ganas de solucionar y no de ocultar el pecado", comparte.

La historia arranca en su adolescencia, cuando era acosado por sus 111 kilos. En ese entonces una compañía captó su talento, pero solo apostó por él cuando el joven Tiziano perdió peso, a costa de la bulimia. Así llegó 'Rosso Relativo' (2001), el primer disco que lo empujó a la cima. El éxito fue tan grande, que luego cantó en español y se popularizó con temas como Perdono y Alucinado. Era, junto con Eros Ramazzotti y Laura Pausini, uno de los artistas italianos en lograr hits mundiales.

"Me convertí en una persona super famosa a los 21 años, pero a esa edad no sabes quién eres, especialmente si llegas desde una ciudad pequeña como la mía, construida por la acción de Mussolini y en la que nunca había oído hablar de igualdad o de respeto. Crecí sin saber quién era, porque no había personas como yo, que me dijeran que eso estaba bien y que lo importante era ser honesto", menciona.

En el documental, también revela que la productora, sospechando de su sexualidad, se esmeró en esconderla y hasta contrató a un encargado de seleccionar su vestuario para que no se vea "demasiado gay".

"La industria musical hacía lo que hacía y es fácil echar la culpa a los demás, pero prefiero hablar de una concurrencia de culpas. La manipulación mental encuentra espacio si se lo das y yo no estaba listo para reafirmarme. Me entregaba porque me miraba al espejo y pensaba que no estaba bien", revela Ferro que también comparte que la persona que revisaba su vestuario hoy es una de sus mejores amigas.
 
La adicción a la bebida fue de la mano con su carrera musical y llegó a tener el hígado "a punto de la cirrosis", pero no recibió ayuda. "En países como España e Italia el beber es parte de la sociedad y se esconde. Yo creo que a mí muchas personas me vieron en dificultades; acabé en hospitales, accidentes o situaciones límite, pero nunca nadie se atrevió a decirme que igual tenía un problema", recuerda.

El descubrimiento fue personal y la decisión de renacer también. Se rehabilitó y se liberó.

"La verdad te libera de ser bipolar de manera forzosa. Y si te salvas tú, puedes salvar a otras personas. Los artistas que me han cambiado la vida son los que se han entregado hasta la sangre y yo quería ser de esos que han creado controversia pero con su música y sus palabras, sin miedo", afirma.

Como las bases de su recuperación, el famoso menciona "primero, entender que tienes un problema y, segundo, salir del aislamiento, porque en los grupos de ayuda se suele decir que estás más enfermo cuanto mayor sea tu secreto y más pienses que puedes manejarlo".

También hizo terapia para comprender que "lo único que quería era amor y que, para ello, había que entregarse al mundo y pedirlo".

"A los 27 años, en el tope de mi problema, me miraba al espejo y me daba cuenta de que nunca había experimentado el amor de verdad por falta de autoestima y por negación", resalta.

Y así, en 2010, inspirado por Ricky Martin, el cantante habló abiertamente de su homosexualidad. Y en 2019 se casó con el amor de su vida, Víctor Allen, tras tres años de noviazgo.

"Si no tenemos ejemplos, no tenemos espejos para no sentirnos solos. Vivimos en un mundo en el que no se valora lo suficiente el peso de los derechos civiles, pero espero que mi generación sea la última que haya vivido la dureza de un régimen excesivamente homófobo", finaliza.