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El anuncio de la prolongación de la cuarentena generó una sensación de desilusión en muchas familias. La relación de convivencia en el seno familiar se resiente por tanto tiempo de confinamiento y la incapacidad de manejar la frustración y la impotencia. La sicóloga cruceña, Ana Carola Rojo, sugiere atender tres ejes básicos que ayuden a contener las emociones.

La cuarentena se presentó de manera imprevista. Las medidas de confinamiento se sucedieron paulatinamente en la mayoría de los países. Las puertas del hogar se convirtieron en una frontera, física y mental, que ofrecía seguridad ante la amenaza. La prolongación en el tiempo derivó en una sensación de encierro, de pérdida de libertad.

“Una parte nuestra reconoce la necesidad de cuidarse” destacó Rojo en el programa radial ¡Qué semana! que se emite cada sábado por la frecuencia de EL DEBER Radio. “Es una situación de confinamiento por encima de mi elección; una situación que provoca impotencia porque no tengo la posibilidad de elegir”, subraya la experta en terapia familiar.

Ana Carola Rojo acumula muchas vivencias en su consultorio. Desde el 2003 direccionó su trabajo a las terapias de familia y de pareja, a recuperar la armonía en las relaciones de adultos con adolescentes y niños, entre padre e hijos. Antes, se destacó como orientadora escolar para la integración de niños con necesidades educativas especiales. Hoy, disfruta los días de cuarentena junto a sus tres hijos, mientras comparte sus pasiones con ellos: el cine, la fotografía y la literatura.

La sicóloga, formada en la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina, insiste para que se vea “una oportunidad de encuentro que debemos vivir lo mejor que podamos”. Es una invitación al optimismo. La cuarentena ha supuesto un freno al ritmo vertiginoso en que se había convertido la vida. Más que una alerta, Rojo plantea que estos días “nos impulsan a un retiro forzoso, es como estar en un monasterio repensándose a uno mismo”, una oportunidad para mirarse internamente y ordenar la cabeza, remarca la especialista.

Los más de 40 días en confinamiento permiten un aprendizaje personal. “Nos hemos dado cuenta de que podemos vivir con menos, ser más esenciales, consumir menos y generar menos basura”, matiza Ana Carola Rojo. “No volveremos a ser como antes, tenemos que ser mejores”.

La prolongada cuarentena plantea amenazas y riesgos en la convivencia familiar. El miedo hacia lo que vendrá después provoca reacciones de impotencia y frustración. La incertidumbre se percibe como amenaza y, por tanto, activa “las reacciones primitivas de sobrevivencia” explica la sicóloga. Por un lado, se detecta el riesgo de respuestas agresivas que recalan en el seno de la familia, deteriorando la convivencia con actitudes de intolerancia. Según comenta Rojo, “ante la imposibilidad de huir, las personas pueden caer en cuadros de parálisis, una forma distinta de huir de la realidad que se manifiesta en la imposibilidad de actuar”.

El control de las emociones ayuda a templar las angustias que se acumulan en estos días de encierro. En conversación con ¡Qué Semana!, Rojo remarca la “importancia de definir cómo elegimos vivir las cosas”. “Un pensamiento bien imaginado provoca lo mismo, a nivel físico y emocional, que la vivencia de las situaciones” y se convierte en una forma de escape a los sentimientos de frustración.

Rojo propone tres factores que se deben atender y cultivar durante el confinamiento.

En primer lugar, “cuidar las funciones básicas como el sueño, la alimentación y el movimiento”. La especialista en atención familiar destaca que “la gente confunde el hacer actividad física con cuidar el cuerpo” y esculpir una figura de gimnasio. “No se trata de un tema estético- insiste-, el poder estar en movimiento es dar le la chance a mover la emoción”. El movimiento, la actividad física se debe adaptar a las preferencias de cada persona. Rojo recomienda incluir la meditación con la reflexión entre las prácticas que mueven las emociones puesto que “ayuda a poner la neuroquímica en orden”.

Un segundo foco de atención para sostener el equilibrio personal en el marco de la convivencia familiar consiste en las autotareas. “Los días nos tienen que rendir bien”, afirma. “Quizás, el rendimiento es distinto al ritmo anterior, pero cada día tiene que rendir”. La terapeuta recomienda dividir el día en tres etapas con asignaciones determinadas. Por la mañana es tiempo para el trabajo, la limpieza del hogar y acciones de índole física. En la tarde “es bueno considerar espacios para la relajación y el entretenimiento, para disfrutar de la puesta del sol”, señala. Y el tiempo de la noche “es para meditar, es la honra de nuestra parte sagrada, que debería estar presente todos los días. No solo por la pandemia”.

A pesar del aislamiento, Ana Carola Rojo insiste en que “debemos sostener el contacto afectivo mediante llamadas, charlas por chat, con esa gente cercana. Hay que promover estos encuentros” ante la amenaza de la soledad.

Un fragmento de la entrevista la puedes ver aquí:

http://www.facebook.com/eldeberradio/videos/806863863053393/?sfnsn=mo&d=n&vh=e​



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